vilagarcía / la voz

Si hay algo que sepan hacer bien los miembros de la asociación BATA es sacar lo mejor de quienes con ellos se cruzan. La entidad acumula años de experiencia en el trabajo con personas que padecen trastornos del espectro autista y con sus familias, gracias a la colaboración de entidades como Fundación "La Caixa" y Caixabank, que en los últimos cinco años han aportado 83.000 euros para los proyectos de la asociación. Con el trabajo conjunto y colaborativo, se ha logrado ir saltando obstáculos en el largo camino de la integración. Una de las últimas conquistas ha sido la creación de un Centro Especial de Empleo, una empresa sin ánimo de lucro que, en estos momentos, da trabajo a catorce usuarios de BATA -antes de la pandemia llegaron a ser 22, una cifra que se espera recuperar-.

«Tu oportunidad de generar oportunidades» es el lema de este proyecto, que se centra en ofrecer servicios de medio ambiente y jardinería. De las manos de unos trabajadores «comprometidos y muy meticulosos», según los describe Nacho Rey, el coordinador de empleo, depende el cuidado de espacios públicos de varios concellos de O Salnés, de las áreas verdes de catorce centros de salud de toda Galicia, e incluso de la isla de Cortegada, una de las joyas menos conocidas del Parque Nacional das Illas Atlánticas.

Este centro especial se puso en marcha hace apenas cuatro años, cuando «detectamos que había un buen número de personas interesadas en hacer trabajos de jardinería y medio ambiente». Llegaban al servicio de empleo de BATA, creado en 1999, cargados de dudas y expectativas, y se encontraban con que a la asociación le resultaba muy complicado encontrarles trabajo en las empresas del sector, «porque suelen ser muy pequeñas, casi familiares». Los orientadores podrían haberse rendido, haberlos invitado a redirigirse a otros trabajos, o simplemente dejarlos irse de vuelta. Pero esas son las únicas opciones que nunca se contemplan en BATA. Aquí la filosofía es, siempre, buscar una alternativa. Y, por audaz que pueda parecer, «probar, a ver qué pasa». Y pasó lo que tenía que pasar: para muchos usuarios de la asociación se abrió una puerta a la independencia.

Daniel Otero y Diego Oubiña son dos de las personas a las que el trabajo les ha cambiado la vida. Y esto es más que una frase hecha.

Daniel llegó a la empresa tras haberse formado en Lourizán, y ya se quedó tras las prácticas. «Ao principio non me chamaba moito, pero agora son afortunado», dice. Y se le nota el orgullo cuando relata el trabajo que hace en Cortegada, descubriendo de maleza el viejo poblado de piedra o retirando plantas invasoras. «É un traballo moi interesante, gústame facelo», señala. Se da buena maña, y su excelente memoria lo ha convertido en el experto en botánica al que todo el mundo recurre cuando tiene una duda.

Diego, que no se sentía nada cómodo rodeado de gente, llego a BATA queriendo ser guardabosques. Un trabajo solitario y tranquilo que, por desgracia, pensó él entonces, no estaba disponible. En la asociación lo reorientaron hacia las brigadas medioambientales. «No tenía experiencia, y ahora maneja la maquinaria como un auténtico experto», dicen de él. En estos momentos, no cambiaría su trabajo por nada, a no ser por «viajar todo el tiempo y conocer gente nueva». Se ha sacado el carné de conducir, se ha comprado un coche y está dispuesto a recorrer todos los caminos que la vida le ponga delante. 

Daniel y Diego forman parte de un equipo de profesionales puntillosos y responsables, a los que las cosas les gustan bien hechas. Un equipo en el que la unión y el respeto se conjugan con un gran interés por sus tareas y por su capacidad de vencer miedos. De eso saben un rato: lo han demostrado durante la crisis del covid. Cuando la pandemia arrasó con nuestra cotidianidad, el centro especial de empleo de BATA tuvo que repensarse. ¿Qué hacer? ¿Un ERTE? Antes de llegar a una decisión tan drástica -y posiblemente tan traumática- decidieron probar otra alternativa, y ofertaron un servicio especializado en desinfección de espacios públicos. «Iban bien preparados, con todas las protecciones, y después de recibir una información muy detallada sobre los riesgos a los que se enfrentaban», aclara Nacho Rey. La plantilla recogió el guante e hizo una magnífica labor que vieron recompensada, ya, en la calle, cuando los pocos transeúntes con los que se cruzaban les daban las gracias por el trabajo que estaban realizando por la seguridad de todos.

Volvamos un momento con Daniel y Diego. Ambos han superado ya muchos obstáculos. Pero la vida, al fin y al cabo, es mucho más interesante cuando tenemos un nuevo reto en la cabeza. Y ellos lo tienen. Ahora comparten un sueño: vivir solos. No son los únicos que consideran que ha llegado la hora de dejar el nido y volar por su cuenta. «Nos lo están demandando, será lo próximo», reconoce Nacho sonriéndoles desde detrás de la mascarilla. Ellos asienten. Ya han tomado una decisión; cumplir su objetivo es solo cuestión de tiempo.

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Diego y Daniel: la revolución del trabajo y de la independencia