La revolución de los toxos empezó en A Cañiza

Ramón Lourido fue el primer empresario gallego que, hace casi 25 años, comenzó a transformar la popular planta en abono, un negocio del que aún vive hoy en día

Ramón Lourido subido en un montículo de abono
Ramón Lourido subido en un montículo de abono

Santiago de Compostela

Dentro de un par de años, será el 25 aniversario de un acontecimiento que pasó desapercibido y que podría bautizarse como la revolución de los toxos. Un episodio desconocido para muchos gallegos y que tuvo lugar en los montes de la parroquia pontevedresa de Rebordechán, en A Cañiza. A Ramón Lourido, un ganadero que tenía una explotación de 600 cabras con dos socios, se le ocurrió un buen día una idea. Una idea que nacía precisamente de su conocimiento de la naturaleza después de años observándola a diario. El toxo era un fertilizante natural, y se encontraba infrautilizado. Entonces pensó que podía transformarse la planta en abono con un objetivo comercial. Una iniciativa con la que, al mismo tiempo, se limpiaba de forma selectiva el monte y se disminuía el riesgo de incendios. Un modo de lograr un beneficio mutuo: los vecinos veían sus parcelas libres de maleza y, al mismo tiempo, él se aprovisionaba gratis de materia prima. Esto ocurrió a mitad de la década de los noventa. Así fue cómo Ramón se convirtió en el primer empresario gallego que logró transformar los toxos en fertilizantes. Y así nació el proyecto, la empresa de la que vive aún hoy en día: Abonos Lourido. «Nós chegamos a ser cinco traballadores, hoxe me da para pagar a cuota mensual da Seguridade Social, de 600 euros, e para obter uns bos ingresos ao mes», explica Ramón.

Su negocio tiene una página web, en cuya portada puede leerse: «En Abonos Lourido tratamos al tojo como un tesoro; mimándolo en un largo proceso de fermentación y compostaje, lo que nos permite elaborar substratos, con los que transmitir a frutos, legumbres y planta toda la magia característica y sabores que el monte encierra». El proceso arranca con la recogida del toxo en los montes; luego se traslada a una planta de compostaje, que al principio eran máquinas de envasado caseras. Después, la planta se mezcla con abonos orgánicos de oveja, conejo o cabra, y se deja fermentar de manera natural durante ocho meses hasta que esté lista. A Ramón Lourido le gusta viajar al pasado para entender el presente. «Nos fixemos un libro e na publicación aparecía un dato moi curioso: no 1753, nos tempos do Marqués da Ensenada, un carro de toxo tiña o mesmo prezo que un carro de madeira de castaño», recuerda. Este empresario que vive del monte quiere concienciar a la sociedad de algo ovlidado: que el toxo ha sido siempre un fertilizante natural, y que sin su existencia no habría aldeas. «Tanto no Condado como no Ribeiro utilizábase para fertilizar as terras en verde do viñedo», explica.

 Este negocio pudo salir gracias al «sentido común», que es lo que a Lourido le sirvió para arrancar, una especie de I+D casero. Sin dinero para invertir en instalaciones y maquinaria, Ramón Lourido tiró de la imaginación. Para recoger el tojo, adaptó un tractor que tenía, al que le añadió una desbrozadora forestal y un remolque. También ideó unas máquinas de envasado caseras. La alternativa habría sido invertir 100.000 euros, lo que habría hecho inviable el negocio en términos económicos. La empresa tardó en arrancar porque los ensayos con los abonos no ofrecían resultados al mes siguiente. Había que esperar un año. Pero al final, salieron adelante.

Hoy, casi un cuarto de siglo después, la empresa sigue existiendo. Pero quizá no ha crecido como debiera. Nunca tuvo ningún tipo de ayuda pública, y Ramón Lourido lamenta que, en todo este tiempo, ningún representante de la Administración autonómica se haya interesado por este proyecto empresarial. Él está convencido de una cosa: es un negocio exportable a muchas comarcas de Galicia. «O bosque ten unha enorme potencialidade, pero fai falta unha vontade política para poder sacarlle rendemento». Este es el lema que defiende y que encabeza la presentación de su empresa. «Coidando o monte, facemos terra». 

Galicia ya apuesta por los abonos ecológicos

M. Alfonso

La nueva norma de la Unión Europea favorece los fertilizantes orgánicos, como los que desde el 2003 elabora la empresa Ecocelta a través del compostaje y del vermicompostaje

La Unión Europea acaba de publicar una nueva normativa sobre la introducción de productos fertilizantes en el mercado común. Se basa esta en potenciar la economía circular y en reducir los contaminantes, dos aspectos en los que la empresa gallega Ecocelta lleva más de una década trabajando. Esta firma nació en el año 2003, precisamente, con el objetivo de elaborar fertilizantes a base del vermicompostaje y, desde entonces, se ha especializado en abonos orgánicos y ecológicos. Sus productos se confeccionan utilizando residuos nobles que se generan en un radio de cincuenta kilómetros y son completamente naturales. Explican que, al principio, eran pocos los que apostaban por este tipo de fertilizantes. Hoy, son muchos los consumidores que recurren a ellos buscando sus abonos orgánicos y ecológicos. «Es un mercado muy exigente, con consumidores que demandan mucha calidad», explica Sergio Quiroga, director de la empresa.

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