Aplausos para el cartón

Cada cartulina amarilla al West Bromwich era jaleado por la grada, que presentó poca afluencia

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Desde que Patrick Bateman les dedicara una reflexión memorable en American Psycho, pocas tarjetas habían recibido tanta atención como las que ayer portó Álvarez Izquierdo en Riazor. Cada cartón fue saludado con aplausos desde la grada, que se vino (modestamente) abajo cuando el colegiado cambió el amarillo por el rojo y mandó a paseo al violento Livermore. Para él había sido también la primera amonestación del encuentro, cuando se resistió a guardar la distancia en un lanzamiento de falta. Ahí, en el minuto 12, se empezó a intuir las ganas de jarana de un graderío poco habitado.

Ni siquiera el viento y las nubes que alejaron a muchos coruñeses de las playas consiguieron arrimarlos a Riazor, donde el blanco y azul fue más protagonista que de costumbre gracias a la multitud de asientos vacíos. Al West Brom, décimo clasificado de la pasada edición de la Premier, le pueden faltar glamur, estrellas y tirón, pero no aficionados dispuestos a seguir al equipo incluso para presenciar un amistoso fuera de las populares fronteras inglesas. Una veintena se apiñaron en el gallinero y durante un rato amenazaron con un duelo de gargantas con los más animosos seguidores deportivistas. Fue un amago; tras el primer cuarto de hora se dedicaron a ojear el encuentro sin abrir la boca.

Las cabriolas de Bakkali

Ahí se perdió el pequeño incentivo que podrían tener los hinchas locales, que, a excepción del medio centenar de ultras, secundaron el voto de silencio británico. Mutismo general solo roto para festejar con aplausos alguna de las muchas cabriolas de Bakkali, o las series de taconazos con cambio de sentido de Çolak. También hubo ruido para responder a los escasos remates, y hasta una breve ovación cuando Gama y Valle encontraron la red. Por lo demás, la grada, de veraneo, reservó las palmas para lo importante: los cartones de colores.

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