El diván de Pepe Mel

El técnico aprovecha la concentración de Vilalba para reunirse con algunos jugadores del Dépor a título particular, y para mantener encuentros por líneas

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a coruña / la voz

Llegó al Deportivo en una situación complicada, con la imperiosa necesidad de sumar puntos más allá de otras cuestiones. Por eso, se anudó fuerte las botas y no dejó lugar a otra cosa que no fuera el siguiente encuentro.

Ahora, con una temporada que inicia de cero, Pepe Mel insiste una y otra vez en la importancia de crear grupo, del diálogo, del compañerismo y, en definitiva, de la comunicación. Y así está haciendo en Vilalba. El entrenador está fiando esta concentración en la capital da Terra Chá a la terapia individual y de grupo. En el Attica 21 ha establecido su particular diván por el que van pasando sus jugadores: unos de forma individual, otros grupal.

No es que con anterioridad no hubiera hablado con sus futbolistas. Es frecuente ver al madrileño conversando uno a uno con sus hombres cada día camino del vestuario. Pero, dentro de esa estrategia de estrechar lazos, en Vilalba está haciendo especial hincapié en esta labor de preocuparse por el ambiente, de ver qué sensaciones tienen sus discípulos y de transmitirles lo que espera de cada uno de cara a la temporada que comenzará el día 20 frente al Real Madrid.

De esta forma, está reuniendo línea por línea a los jugadores en torno a un sesión de vídeo en la que destacar acciones bien y mal hechas: «Por ejemplo, con la defensa. Les he puesto vídeos de acciones realizadas por un equipo la pasada temporada en las que la misma situación se desarrollaba con acierto y en esta pretemporada se hacía de forma errónea. Cómo hay que estar encima a un jugador antes de centrar o cómo es mejor esperarlo en algunas ocasiones... No soy partidario de largas sesiones de vídeo porque sí, pero de manera seleccionada y con un fín sí que creo que puede ser positivo», destaca el entrenador deportivista.

También estos enfoques los aprovecha para los contextos individuales. «Creo mucho en el refuerzo positivo. Un ejemplo, si a Çolak le pido una actitud sin balón y que haga determinados movimientos y veo que en un partido los ha realizado, qué mejor manera de estimularlo que hablando con él y enseñándole lo que ha hecho y haciéndole ver que lo puede hacer perfectamente. Si tenemos eso, qué mejor que enseñárselo y no ponerle vídeos de veces que lo hace mal», subraya con entusiasmo.

Pero esas reuniones individuales van más allá de aspectos puramente futbolísticos. Es el caso de Pedro Mosquera, del que quiere que sea su extensión en el campo. La adjudicación de la capitanía al coruñés va más allá de una decisión de grupo. Mel lo ve como ese hombre que puede aglutinar el sentimiento y parecer de la plantilla, cuerpo técnico y afición. Mel quiere un capitán con galones. Fuerte. Y así se lo ha hecho ver al propio jugador.

En la cabeza está parte del éxito. La cabeza y la unión. De ahí que el técnico quiera fomentar las reuniones de grupo: comidas, cenas, alguna salida nocturna... Y de ahí que haya recurrido a la reputada psicóloga, Patricia Ramírez, para que realice un par de sesiones (la primera tuvo lugar el martes) en Vilalba. Esta especialista en trato con deportistas de élite se ha integrado en la concentración como uno más. Comparte horas de asueto con los jugadores y les está transmitiendo ese espíritu de grupo, de familia, que Mel observa en otros clubes y que quiere instaurar en su Dépor.

Y entre charla y charla se va consumiendo una concentración en Vilalba con un diván, el de Pepe Mel, como gran protagonista.

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