No hubo color. La calidad del Valladolid se impuso a la ilusión del Octavio. La baza de los vigueses pasaba porque los castellanos jugasen por debajo de su intensidad habitual, pero su técnico, Juan Carlos Pastor, les mentalizó para que se tomasen en serio el encuentro.
Aún encima, el Octavio padeció la baja de última hora del lateral checo Pavol Polakovic, que se unió a la de Cerillo, por lo que Quique Domínguez no pudo contar con sus dos máximos goleadores de la temporada. Era demasiada ventaja para un equipo superior.
Los pucelanos salieron tan concentrados que arrancaron con un 0-5 que dejaba bien clara su declaración de intenciones: no iban a dejar crecerse en ningún momento a los vigueses.
El primer gol del Octavio llegó a los siete minutos de juego. Los errores en ataque y el espectacular porcentaje de paradas de Sierra (54 por ciento en el primer tiempo), impidieron que los gallegos en ningún momento tuviesen opciones de meterse en el partido.
Juanjo Ruesga tuvo un porcentaje de un acierto de cinco lanzamientos antes del descanso. Más acertado estuvo Cacheda, con un cien por ciento de acierto en sus lanzamientos, mostrando sus credenciales como mejor promesa del balonmano masculino gallego en un escenario al que estaban atentos los mejores equipos españoles.
Pero los que no fallaron fueron los primeros espadas del Valladolid, entre los que destacó el internacional español Eduardo Gurbindo (cinco goles en la primera parte), hicieron el resto.
La máxima de ocho goles para el Valladolid se redujo a cinco después de dos buenos lanzamientos de nueve metros de Rubén Montávez, pero no fue más que una leve esperanza de que las cosas podrían cambiar, cosa que finalmente no ocurriría.
Solo quedaba esperar que llegase un momento de relajación de los visitantes, y el Octavio no estaba dispuesto a tirar el partido hasta el final, pero los de Pastor no bajaron el pistón en ningún momento y fueron incrementando su ventaja a lo largo de la segunda mitad hasta una máxima de once goles en diferentes momentos y con la que acabó el encuentro.
Minutos para todos
Quique Domínguez le dio minutos a todos los jugadores de la plantilla. Algunos que han tenido muy poco protagonismo a lo largo de la temporada ayer disfrutaron de muchos minutos, como es el caso de Nando Martínez, único lateral izquierdo con la ausencia de Cerillo. Otro canterano del Octavio que demostró que puede competir en Asobal.
Precisamente el ascenso a la máxima categoría es en lo que le queda centrarse al equipo vigués, al que le quedan cinco jornadas de liga en las que tendrá que certificar la primera posición del campeonato, algo que parece muy asequible ya que los académicos tienen un margen de error incluso de dos derrotas. El sueño se la Copa se ha esfumado. Era lo que se esperaba. Pero se disfrutó.
Parciales: 0-4, 1-7, 3-11, 5-13, 9-14, 11-17 (descanso); 14-20, 15-23, 17-27, 19-29, 22-33 y 23-34.
Árbitros: Ríos Martín y García Mosquera. Excluyeron a Ávila (3), por loo que fue expulsaso en el minuto 52, Krivokapic y Cerqueira.
Incidencias: Unos tres mil aficionados en las gradas del pabellón de As Travesas.
Díaz, Mikalauskas (1), Nando (4), Montávez (4), Macías, Cerqueira (2), Fran González (1); Maciel, Moledo, Abramovich (1), Ruesga (3), Cacheda (3), Barisic (2) y Frade (2).
Sierra, Asier Antonio (2), Alonso (1), Tvedten (3), Krivokapic (1), Gurbindo (6), Cutura (2); Rambo (5), Ávila (2), Perales (4), Alexis (9) y Bilbija.