Los furanchos se llenan y rejuvenecen

b.r. sotelino VIGO / LA VOZ

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Un grupo de jóvenes en el furancho Adiós Vida.
Un grupo de jóvenes en el furancho Adiós Vida. M.MORALEJO

Los responsables de la Guía Furanchín actualizan las aperturas a diario

08 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Aunque el calendario oficial les permite abrir desde el 1 de diciembre, los furanchos no despiertan de verdad hasta que llega la primavera. Es entonces cuando brotan al calor del buen tiempo y las ganas de salir. Este año no ha sido una excepción. La Semana Santa ha marcado el arranque de una temporada que se presenta especialmente movida. «Ha habido muchísima actividad», resume Juan Vidal, que junto a Lorena Cancelas está al frente de la Guía Furanchín, una de las principales referencias para seguir la pista a estos locales.

El aumento de la demanda se nota también sobre el terreno. Donde antes se entraba sin problema, ahora no siempre hay sitio. No es raro encontrar furanchos llenos hasta arriba o incluso con listas cerradas. En parte, ese cambio tiene que ver con la visibilidad. Cuando ellos empezaron a tomarse en serio la guía, hace unos años, el sector estaba en declive. Hoy ocurre justo lo contrario. Y con una novedad importante: su público se ha rejuvenecido. «Antes no veías gente de 20 o 25 años en un furancho; ahora sí», explica Vidal. Esa nueva generación no solo acude, también empieza a ver en estos negocios una posible continuidad familiar.

Juan Vidal y Lorena Cancela, responsables de la Guía Furanchín, en una furancho en Salceda
Juan Vidal y Lorena Cancela, responsables de la Guía Furanchín, en una furancho en Salceda Mónica Torres

El efecto va más allá. Allí donde abre uno, se genera movimiento. «La gente que llega a una aldea, muchas veces se queda después a tomar algo y dinamiza un entorno rural que, en muchos casos, apenas tiene actividad. En ese sentido, el fenómeno tiene un impacto que trasciende lo gastronómico», opina.

Pero no todo es positivo. El éxito también trae tensiones por la masificación en algunos casos y, sobre todo, las desviaciones del modelo tradicional. Vidal insiste en que no todo lo que se anuncia como furancho lo es. «Hay locales que utilizan el nombre como reclamo turístico y otros que, pese a tener licencia, no cumplen la normativa», advierte sobre un tipo de establecimiento único en el mundo cuya autorización definitiva la otorga el Concello al que pertenece, aunque la normativa general la establece la Xunta de Galicia mediante decreto.

Las reglas son claras: vino propio, procedente del excedente de la cosecha, servido directamente del barril, y un máximo de cinco tapas entre las autorizadas. Nada de cafés, postres o bebidas adicionales. Como mucho, agua. Saltarse eso no solo desvirtúa la experiencia, sino que alimenta el conflicto con la hostelería tradicional. Aun así, el tirón no se traduce en un aumento generalizado de locales. De hecho, ocurre lo contrario: «cierran más de los que abren», reconoce. Entre los recién llegados destaca O Lagar do Barreiro, en Tomiño.

El relevo generacional sigue siendo un reto y muchas zonas han visto reducirse drásticamente el número de furanchos en las últimas décadas. «En Redondela llegó a haber cerca de 130 y hoy no pasan de 40», asegura. Donde sí hay evolución es en el vino. La última cosecha ha sido abundante y, en general, de mejor calidad. Los elaboradores cuidan cada vez más el producto dentro de las exigencias que marca la normativa. Predominan blancos de uva albariña, aunque también hay tintos tradicionales de la zona.

En este contexto, la Guía Furanchín se ha consolidado como una herramienta clave. Nacida casi por casualidad entre amigos, hoy funciona como un mapa vivo que se nutre tanto de sus visitas como de la información que aportan usuarios y propietarios. Una plataforma con web y blog, con cuenta en todas las redes sociales y canales en Telegram y WhatsApp que suman medio millón de seguidores, en el que van anunciando aperturas y horarios, y opinando sobre cada local. Sin proponérselo, han contribuido a reactivar una tradición de las Rías Baixas.