Vigo, en la guía de viajes de Laborde de 1812

El escritor, viajero y aventurero francés retrató la provincia de Tui en su «Itinerario Descriptivo de España»


Vigo

Fue el francés Alexandre de Laborde fue un pionero de los libros de viajes. Este escritor, viajero, político, militar y aventurero francés tuvo una vida espectacular, que llegó a fascinar a su compatriota Alejandro Dumas. El autor de Los tres Mosqueteros siempre lo consideró un héroe, que inspiró personajes de sus novelas. Porque Laborde vivió con intensidad una época revolucionaria.

Su padre fue decapitado en la guillotina, se alistó en el ejército austríaco para luchar contra la Revolución, regresó luego a Francia protegido por Talleyrand, y trabó amistad con Napoleón, que lo trajo a Madrid junto a su hermano José por sus grandes conocimientos de España. Fue oficial de la Legión de Honor, editó innumerables libros y se arruinó con ellos. Catalogó todo el patrimonio arqueológico de Francia. Fue masón, amigo del violinista Paganini, ideólogo de colocar el obelisco de Luxor en la plaza de la Concordia… Es de verdad imposible resumir su vida en sólo unos párrafos. Pero, sobre todo, viajó. Sin descanso, por toda Europa y también por el antiguo Egipto. Y dejó constancia de ello en libros de viajes avanzadísimos para su época. En uno de ellos encontramos un retrato de la provincia de Tui datado en 1812, apenas unos años después de la Reconquista de Vigo.

En su «Itinerario descriptivo de España», que tomamos de su versión inglesa Atlas to the View of Spain, recientemente digitalizado por la Biblioteca Nacional, describe Galicia como un país «muy montañoso, forma hermosos valles, vegas muy fértiles, y abunda en centeno, maíz, cebada, buen lino, cáñamo, legumbres, frutas muy deliciosas y también vino en algunos parajes». «Sus deliciosos prados mantienen mucho ganado caballar y vacuno- explica Laborde: «En los montes y país bajo hay muchas y preciosas minas y aguas minerales, y bosques arbolados de encinas, robles y castaños, donde se crían osos, jabalíes, liebres perdices y otros animales». Su población es de más de millón y medio de personas: «Es el reino más poblado de España».

Cuando se aproxima a Vigo queda maravillado con el paisaje: «No es fácil dar una idea de lo agradable y divertido que es el camino desde Santiago a Vigo, por la continua vista de collados cubiertos de viñas y bosques, praderías, arroyos y fértiles campiñas».

De Vigo, anota que es una «villa construida sobre una roca, situada en un pequeño golfo o bahía de las más vastas, profundas y seguras de España, con un puerto excelente pero mal fortificado y concurrido». Recuerda que tiene «tres parroquias, una de las cuales es la colegiata, dos conventos, un hospital y casa consistorial, con 2.500 habitantes».

Ya están instalados los fomentadores catalanes, que «exportan las sardinas y atunes, y dejan vino y otros géneros». Hay fábricas de sombreros, de jabón y de pieles. «Y su terreno abunda de granos, vino, frutas y legumbres de buena calidad. Reside en ella el gobernador de la provincia de Tuy, un estado mayor, capitán del puerto, etc…»

Las infraestructuras ya son un problema hace dos siglos: «De Vigo a Tui hay tres leguas de camino muy montañoso, que sólo se puede andar a caballo. Antes de llegar a esta ciudad se encuentran las lagunas que la rodean y la hacen mal sana, pero luego la campiña es deliciosa por la variedad de producciones frutales, hortalizas y praderías que apacientean mucho ganado vacuno, caballar…».

De Tui elogia su situación «en una campiña fertilísima sobre el rellano de una altura, a cuyas raíces pasa el Miño», pero anota que la catedral es «de poco gusto» aunque los 4.000 tudenses pueden solazarse «en sus frondosas alamedas paseos, tres fuentes hermosas. Merece citarse con elogio la aplicación de las monjas de la Concepción, que fabrican y despachan al año más de 4.000 arrobas de dulce de perada».

De Baiona alaba la fortaleza y dice que es «puerto es cómodo, aunque difícil para los buques mayores por las peñas que hay a su entrada». Se sorprende con la altura de Monte Perro (suponemos que se referirá a Monteferro). Y se maravilla con las Cíes, las «Cisae Insulae, y según la opinión de algunos son las famosas Casitérides». Por último, visita Redondela: «En el fondo del golfo de Vigo, entre la desembocadura de dos pequeños ríos, defendida por un buen castillo aunque pequeño. Desde aquí se ven la península de Cangas y de San Fernando, en donde se cogen los mejores pescados, como ostras, besugos, sardinas, anchoas, etc…».

La guía de viajes va acompañada de mapas, para que el viajero a caballo pueda saber los accidentes geográficos que le esperan en el camino. Laborde publicó docenas de obras de viajes, que incluso lo llevaron a la ruina económica. Pero, también, a una vida muy rica, en la que no olvidaría sus paseos por Galicia y por esa provincia de Tui que describe en 1812.

LA BUJÍA

Por

Eduardo Rolland

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