Torrecedeira solicita a la Xunta constituirse en el centro comercial abierto Zona Vertical

Los empresarios quieren frenar los cierres y aprovechar los cambios en la movilidad del entorno


vigo / la voz

Los ascensores y escaleras mecánicas han cambiado la forma de moverse de la ciudad, integrando calles y edificios que antes estaban separados por un abismo.

La zona de Torrecedeira y sus calles adyacentes constituyen un ejemplo notable de esta dinámica nueva que se ha creado en Vigo en cuanto a movilidad y que supera obstáculos que antes parecían insalvables, reduciendo a pocos minutos un desplazamiento que podía llevar media hora. El barrio ha resultado especialmente castigado por la crisis e intenta ahora recuperarse con nuevas fórmulas. Al amparo de esta nueva forma de entender la movilidad, con un comercio de proximidad, la asociación de comerciantes y empresarios de Torrecedeira, Acemto, de la que forman parte 91 empresas, ha solicitado a la Xunta la creación de un centro comercial abierto que se va a llamar Zona Vertical.

La asociación nació en la calle Torrecedeira y ha ido creciendo hacia Menéndez Pelayo, Pi y Margall y Camelias. Pero la idea, según expone su presidente Carlos Fernández Acuña, es ir ampliando el ámbito más allá, hacia las calles Tomás Alonso, Romil y llegar incluso hasta Venezuela.

Fernández, empresario de artes gráficas, señala: «Hemos dado un giro a la asociación y queremos seguir creciendo». Con este objetivo han presentado ya la documentación a la Dirección Xeral de Comercio de la Xunta de Galicia. «Esperamos que esté autorizado y en marcha antes de Navidades», señalan los directivos de la entidad comercial, cuya gerente es Cristina Fernández y que tiene como secretaria Mara Grau.

De este modo, la asociación pretende transformarse en una organización que realiza una oferta plural a través de una plataforma de servicios con el fin de dinamizar la empresa. Los dirigentes del colectivo quieren darle la vuelta la tortilla y, en lugar de que se produzcan cierres de negocios, que sigan abriendo nuevas empresas en un barrio céntrico y cuyos alquileres son más asequibles que en otros lugares de Vigo. En estos momentos son visibles muchos carteles de «se alquila» o «se vende» en todo el tramo principal de la calle, que va desde Santa Marta hasta Industriales.

Uno de los puntos fuertes de la organización es que trabajan en red, es decir, que los empresarios que forman parte de la asociación se prestan ayuda mutua, de manera que unos se convierten en proveedores de otros en lugar de gastar el dinero fuera de Vigo. Así, Acemto ha desarrollado una aplicación de móvil que ayuda a los comerciantes a comunicarse entre sí y a facilitarse los servicios disponibles unos a otros.

Pero para que la gente pueda moverse fácilmente no hacen falta solo escaleras mecánicas, sino también lugares de aparcamiento y de carga y descarga, y estos resultan insuficientes. El vicepresidente, Carlos Filgueira, señala que no hay espacio suficiente para aparcar. «Esto supone matar al comercio», apostilla el presidente, Carlos Fernández, porque si el comprador no tiene facilidades acude a un centro comercial cerrado donde tiene más posibilidades de estacionar y cargar la mercancía. Para paliar este déficit, los comerciantes han solicitado, sin éxito por ahora, 40 plazas de aparcamiento en el auditorio Mar de Vigo, cuyo párking normalmente está casi vacío. La pandemia y las obras de acondicionamiento de la calle Jacinto Benavente han provocado el cierre de este subterráneo, por lo cual no hay alternativas para visitantes de la zona que residan lejos. «Nosotros queríamos tener tiques a disposición de nuestros clientes para facilitarles las compras», señalan desde la asociación.

El barrio de Torrecedeira, con todo su entorno, tiene ante sí una gran oportunidad para revalorizarse. Primero, con el proyecto del Barrio do Cura, que prevé una conexión directa entre la calle y el paseo de Alfonso XII, y también con la transformación de Beiramar, que ha comenzado por el derribo de la vieja nave de Cordelerías Mar para construir un edificio residencial de diez alturas del grupo Inveravante, de la familia Jove. Los cambios del parque Camilo José Cela, con la instalación de un nuevo elevador a Pi y Margall, contribuyen a ello.

El barrio está en estos momentos mucho más tranquilo que hace dos años gracias a la labor que ha efectuado la Policía contra la delincuencia. En junio del 2018, los vecinos y comerciantes dijeron basta, hartos de la inseguridad, y salieron a la calle para protestar y exigir una solución. El Concello comprometió vigilancia policial y, poco a poco, se han ido notando los cambios y se han reducido las cifras de robos, trapicheo y peleas que granjean una mala imagen a esta zona de la ciudad.

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