Vigo recuerda a Laxeiro con una instalación sobre el absurdo del sistema artístico del que el pintor abominaba

Begoña Rodríguez Sotelino
Begoña R. Sotelino VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

M.Moralejo

La pieza del colectivo Nova Escultura Galega en colaboración con Vertixe Sonora se puede ver en la Casa das Artes hasta septiembre como homenaje al autor cuando se cumplen 25 años de su ausencia

23 jul 2021 . Actualizado a las 22:42 h.

Como en un fogonazo en el firmamento han pasado ya 25 años desde la desaparición de José Otero Abeledo, Laxeiro (Lalín, 23 de febrero de 1908-Vigo, 21 de julio de 1996), el pintor gallego cuya proyección universal no se ha parado con su muerte. El autor y su actitud, crítica siempre con el sistema y la parafernalia que rodea al arte hasta convertirlo en un mundo indescifrable de miradas dirigidas hacia donde nos dicen qué mirar y porqué tiene interés o no, es el objeto de la instalación sonora que desde ayer se muestra en la Casa das Artes de Vigo, la ciudad que fue durante tantos años su hogar.

La pieza ha sido bautizada como Recordoleterlorintorel, una palabra sin sentido que hace alusión al currículo que ideó Laxeiro para su exposición en la Galería Torques de Santiago en 1978, precisamente para fustigar el absurdo de la palabra creativa que levanta muros entre el espectador y la obra. La autoría corresponde al Colectivo NEG (Nova Escultura Galega), que propone en colaboración con la formación musical Vertixe Sonora, un acercamiento a la figura de Laxeiro con esa propuesta de sonidos agobiantes y molestos con los que se reivindica la faceta de Laxeiro más irreverente y provocadora, actitud que le definió en toda su trayectoria.

«Lo que pretende la obra es llamar la atención sobre la falta de sintonía que se da con frecuencia entre el mundo de la creación artística y el sistema en el que se inscribe», explican sus autores. Para lograr este efecto desasosegante, las palabras de Laxeiro se van superponiendo hasta conformar una partitura indescifrable, como indescifrable es también el discurso original en el que el propio Laxeiro parodiaba sus méritos como pintor en forma de currículo absurdo como era para él todo el aspecto administrativo que acompaña a los artistas como parte de su trabajo diario para conseguir ser tenidos en cuenta en el ámbito del comisariado, la historiografía del arte y la crítica especializada.