Un machete, clave para reforzar la versión del acusado del crimen de Coia de que él actuó en defensa propia

E. V. Pita VIGO

VIGO CIUDAD

El acusado hoy durante la segunda sesión del juicio
El acusado hoy durante la segunda sesión del juicio E. V. Pita

Los investigadores contaron en el juicio en Vigo que el implicado culpó del homicidio a un joven de chándal para despistarles pero unas salpicaduras dentro de su vivienda lo delataron. Al ser detenido, confesó que actuó por «miedo».

28 oct 2025 . Actualizado a las 13:24 h.

La segunda sesión del juicio por jurado por el crimen de Coia, en Vigo, giró en torno a la declaración de los policías de la comisaría de Vigo que investigaron la escena e interrogaron al acusado José Luis Maneiro, primero como testigo, en la que varió su versión inicial, y después en calidad de detenido y autor confeso.

La vista se celebra en la quinta sección de la Audiencia de Pontevedra, con sede en Vigo. El crimen fue en la noche del 6 de abril del 2024 a la altura del número 30 de la Rúa de Abaixo, en la zona del Rocío, una calle estrecha que solo tiene un carril y 36 números. El cadáver apareció en medio de la calzada pero un reguero de sangre delataba que alguien lo había movido desde la puerta de la casa del acusado.

El hallazgo por la policía en la escena del crimen de un machete y una barra de hierro cerca del cadáver sirve a la defensa para apuntalar que la víctima llegó armada a casa del acusado para amenazarlo a él y su madre y este le disparó por miedo y en legítima defensa, primero con un aviso con una salva y luego con un tiro en la cara que lo mató.

No obstante, la policía desmontó su primera versión exculpatoria, en la que atribuía el crimen a un desconocido de chándal. Las salpicaduras dentro del marco de su puerta lo implican a él directamente.

El acusado José Luis Maneiro residía con su madre en la rúa de Abaixo, en El Rocío, en Coia. Cuando llegaron las primeras patrullas fingió ser un testigo presencial del crimen. Culpó a un joven con chándal azul oscuro del asesinato de su amigo Francisco Javier Balseiro. Según su versión, escuchó gritos en la calle, vio una persecución y una discusión entre un joven armado con una recortada y un hombre con un machete, cerró la puerta de su casa y oyó dos disparos. Luego, observó cómo el joven arrastraba el cadáver desde la puerta de su vivienda hasta la calzada y luego huía de la escena. 

La historia que contó Maneiro les chirrió a los investigadores porque cayó en muchas contradicciones y variaba continuamente su versión, a medida que los inspectores le hacían preguntas. Ante las sospechas de que el testigo fuese el autor del homicidio retuvieron a Maneiro para que no borrase pruebas ni se escapase. «El acusado estaba en estado de nerviosismo importante, dijo que no conocía al fallecido, que había visto una persecución por la calle», dijo un agente.

Los policías sospecharon que Maneiro mentía porque observaron salpicaduras de sangre en el marco de la puerta de su casa, lo que significaba que el morador estaba en la calle en el momento de los disparos. Un rastro de sangre llevaba desde la puerta de la vivienda hasta el cadáver.

Uno de los disparos había sido una salva, un tiro con sal contra la defensa de un coche aparcado. Al registrar su habitación de Maneiro los agentes hallaron una escopeta de caza y fue detenido. «Los indicios eran clarísimos», dice un policía que investigó los hechos. 

Otra contradicción que lo inculpaba fue que Maneiro contó a la policía que no conocía a la víctima, la cual tenía la cara irreconocible por el disparo, pero los agentes, al ver un tatuaje en el cadáver, dedujeron que se trataba de Francisco Javier Balseiro, amigo del sospechoso y al que vincularon con asuntos de drogas. Por tanto, el testigo les había mentido.

 Finalmente, una vez detenido, Maneiro reconoció los hechos y dijo que la víctima acudió a su casa con un machete y tuvo que defenderse porque tenía miedo por su madre. Desveló dónde ocultaba la escopeta.

Los agentes confirmaron que en la escena hallaron un machete con la inscripción Terror Team, que el tribunal mostró al jurado. También encontraron una barra de hierro recubierta de plástico y un mango de goma, así como una cadena el bolsillo del cadáver. La barra no figura entre las piezas de convicción y no pudo ser mostrada a los miembros del jurado. El abogado del acusado hizo especial hincapié en la existencia del machete y la barra de hierro para probar que el fallecido fue armado a la casa del acusado, con el fin de reforzar su versión exculpatoria de que actuó por miedo insuperable y en defensa propia.

La eximente de miedo insuperable fue usada en otro jurado en Vigo, el del doble crimen de la calle Oporto, por la cual el acusado fue absuelto de asesinato aunque luego el veredicto fue anulado en apelación.

La defensa pide una atenuante por confesión pero los agentes indicaron que solo reconoció los hechos cuando fue detenido y explicó que actuó por miedo.

18 perdigones en la tráquea

En la sesión de tarde, declararon agentes de la Brigada de Homicidios que inspeccionaron la escena. Hallaron un machete de 30 centímetros cerca de la puerta.

Un agente relató que hallaron 18 perdigones o bolas de plomo en la tráquea del fallecido y otro en la boca. En la acera, hallaron un taco de perdigones y una gota de sangre en el marco interior de la puerta o dintel. También encontraron una salpicadura gris que podría corresponderse con química de la munición.

Un inspector de Homicidios indicó que todo apunta a que el cuerpo del fallecido «lo llevó alguien al medio de la calle». Vieron manchas de arrastre desde la puerta de la casa del acusado y un felpudo con sangre, que había sido desplazado. Alrededor de la vivienda hallaron muchas salpicaduras y junto al cadáver había una barra de acero (o un palo de escoba o fregona reforzado) y una cadena de hierro atada al bolsillo. La Fiscalía preguntó si esa cadena podría corresponder a un patinete eléctrico aparcado junto a la puerta pero los agentes lo desconocían.

Otro detalle que observó un agente es que un coche aparcado tenía un agujero. Buscaron perdigones en el suelo pero sin hallar ninguno porque se desintegran con el impacto. En todo caso, la policía hizo un frotis del agujero para verificar si podía corresponder a un disparo. La tesis de la defensa es que, en realidad, el vehículo recibió un impacto de un cartucho de sal como los que usan los cazadores.

El acusado tenía oculta una escopeta bajo un arcón en su habitación, así como una canana con cartuchería del calibre 12, presumiblemente como la usada en el crimen. 

Al lugar también acudió la Policía Científica que usó kits de disparo para adherir restos y manchas en la ropa del acusado y enviarlos y procesarlos en un laboratorio químico.