Montó su primer negocio con 24 años, se arruinó y resurgió como especialista en estrategia digital. «Deberíamos invertir nuestro tiempo en lo que mejor se nos da»
11 ene 2026 . Actualizado a las 00:16 h.Hace unos días, Iria Álvarez (Vigo, 1980) propuso a su hija Alma deshacerse de juguetes para hacer hueco a las entregas de los Reyes Magos. La niña dio una lección a la madre cuando sugirió montar un mercadillo. «Algo habrá aprendido de mí», sonríe la consultora que ha formado a más de 5.000 personas y trabajado para más de cien firmas a nivel nacional e internacional. Hace diez años que esta experta en estrategia digital empezó a interesarse por los bots, esos programas de entonces que llevaban a cabo tareas repetitivas. Hoy, su agenda, su watsap y buena parte de sus correos están automatizados. «Si no fuera así, tardaría dos horas cada día en responderlos». Las herramientas ya permiten crear avatares en redes.
Si el 2025 fue el año en que la Inteligencia Artificial se generalizó entre la población casi como un enredo, hoy es ya un imprescindible en la gestión de las firmas. No es lo mismo una gran empresa dedicada a la fabricación que un comercio de barrio, pero hay algo común: pensar en digital en todos los procesos. «La IA en una empresa sin desarrollo digital es como un coche sin ruedas. La IA tiene que estar ya en todas las empresas, porque es probable que tu competidor la tenga implementada. Te va a sacar ventaja y eso puede hacer que estés fuera del mercado», sentencia. Esta mente empresarial se fraguó durante años. Tras una experiencia fallida en el sector audiovisual que casi le cuesta la salud, también la financiera, y tras reponerse de una deuda de más de medio millón de euros, esta viguesa se reinventó en el márketing.
En el 2018 empezó a formarse en el entorno digital de las firmas. Hoy, la digitalización va más allá, es automatizar procesos y tomar decisiones en base a datos objetivos. «Antes se hablaba de estrategia offline y online, ahora van juntos. Hoy el merchan (mercancía), el branding (identidad de marca-), y la comunicación tienen que ser perfectas. Hay que fijar un objetivo y hacer mapas con acciones, hitos, KPIs (indicadores de rendimiento)... Sin estrategia podrías tardar tres años en hacer lo que harías en seis meses si tienes un plan», aconseja.
El pasado año juntó a su equipo para cambiar el paradigma. Ya no sería necesario que se dedicasen a labores de community manager o gestión de redes, los procesos ya son cosa de la tecnología programada, el perfil es ya creativo. «La pregunta ya no es qué podemos automatizar, sino qué no podemos automatizar. Lo que siguen teniendo que hacer las personas son desarrollos a medida o supervisión, pero yo ya no estoy respondiendo publicaciones de redes, ya hay herramientas para eso y para generar contenido». Entre las firmas con las que trabaja están Administraciones públicas, colectivos de empresarios o inmobiliarias y firmas nacionales internacionales en el ámbito de consumo y de la educación.
Una deuda de medio millón
De pequeña quería ser fotógrafa. Cuando hizo la comunión pidió una cámara réflex de regalo y con 18 años ya estaba haciendo sus primeras fotografías de moda. Empezó a trabajar en una agencia de Vigo incluso antes de estudiar Imagen y Sonido y formarse luego en Comunicación Audiovisual. Trabajó en la TVG o Canal Plus hasta que en el año 2004 montó su productora. Empezó haciendo vídeos para Coca-Cola y de ahí al márketing experiencial. Con el despliegue de las redes sociales, la firma se introdujo en la emisión de eventos en directo. Empezaron a surgir proyectos en el noroeste de España, sumando cada vez más clientes y empleados. Iria tenía 24 años. «Éramos 15 en plantilla pero había eventos o fines de semana que estábamos 600 personas», explica. Entre los clientes había constructoras o inmobiliarias que fueron las primeras en acusar la crisis económica.
Los impagos llegaron en cascada y se arruinó. Los pagarés ya no tenían valor y la deuda creció exponencialmente. Un día descubrió que debía más de medio millón de euros. «He ganado juicios que me reconocían víctima de una deuda, pero que no había de dónde rascar y que nunca la iba a cobrar», se lamenta. Durante años tuvo tres trabajos a la vez para poder pagar, sin dejar el márketing. «Hoy digo a mis clientes que es básico tener un buen asesor, un buen contable y un buen abogado. Y poner las condiciones de cobro. Ahora solo trabajo con mis condiciones», zanja.
En un océano de consultores, tiene la experiencia del fracaso y del éxito. «Nos educan para ser funcionario o tener un empleo para toda tu vida. En el colegio nos obligan a reforzar lo que se nos da peor, cuando deberíamos invertir el tiempo en lo que mejor se nos da», reivindica. No llegó a organizar el mercadillo de juguetes pero está feliz de haber oído en casa, de su niña, una propuesta que se parece mucho a lo que les recomienda a los emprendedores. «Dedícate a lo que te guste, ahorra y piensa en qué invertir ese dinero. Hacerlo te dará la libertad financiera. El dinero no lo es todo, pero da libertad y tranquilidad».
Su canción favorita
«Bitter Sweet Symphony», de The Verve. «Es de la película Crueles Intenciones, basada en la novela «Las amistades peligrosas». Marcó mi adolescencia. Siempre me han dicho que debería decir las cosas de otra forma o no decirlas. Creo que los que te aman te enseñan, pero también aprendes de las críticas y los haters».