Jorge Lamas: «No hay ningún documento que otorgue a Vigo el título de fiel»

Begoña Rodríguez Sotelino
begoña r. sotelino VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

El periodista e historiador Jorge Lamas, en la Alameda de Vigo.
El periodista e historiador Jorge Lamas, en la Alameda de Vigo. M.MORALEJO

El periodista de La Voz e historiador del Instituto de Estudios Vigueses analiza en un libro la evolución del lema de la ciudad

14 mar 2026 . Actualizado a las 02:36 h.

La historia de Vigo guarda pequeños enigmas que a veces pasan desapercibidos incluso para quienes la cuentan. Uno de ellos está en su propio lema: fiel, leal y valerosa. En su nuevo libro, A fidelidade viguesa, editado por el Instituto de Estudios Vigueses del que forma parte, el periodista de La Voz Jorge Lamas (Vigo, 1962) sigue el rastro de ese adjetivo que parece inseparable de la identidad de la ciudad. La investigación, basada en documentos históricos y archivos oficiales, conduce a una conclusión sorprendente: el término fiel desapareció del título de Vigo en 1810 y no existe ningún documento que justifique su recuperación posterior.

—¿Cuál es la pregunta con la que arranca esta investigación?

—La pregunta es muy sencilla: por qué Vigo tiene el adjetivo fiel en su lema. Revisé lo que habían escrito otros historiadores y vi que muchos lo repetían sin explicar realmente de dónde salía. Así que decidí buscar documentación que lo confirmara.

—¿Qué encontró al rastrear los documentos?

—El 1 de marzo de 1810 el Gobierno concede a Vigo el título de ciudad tras la Reconquista de 1809 y lo hace con los adjetivos fiel y leal. Pero unos meses después aparece otro documento, que encontré en el Archivo Histórico Nacional de Madrid, que cambia la denominación de fiel por valerosa. El motivo es que ese término describía mejor lo ocurrido durante la Reconquista, cuando la población se enfrentó a las tropas francesas. En el documento definitivo de octubre de 1810 ya se fija la fórmula leal y valerosa.

—Entonces, ¿de dónde sale el «fiel» que hoy aparece en el lema? —Ese es el misterio. A partir de la década de 1830 empieza a aparecer en documentos municipales. Primero de forma esporádica en las actas del Ayuntamiento, y con el tiempo cada vez más hasta quedar fijado a mediados del siglo XIX, incluso en sellos oficiales. Pero no existe ningún documento ni prueba definitiva que conceda oficialmente ese adjetivo.

—¿Cuál es su hipótesis?

— Hay que mirar el contexto histórico. En los años 30 del siglo XIX España vive un momento convulso tras la muerte de Fernando VII y la primera guerra carlista. También es cuando se reorganiza el mapa administrativo del país y varias ciudades compiten por ser capital de provincias y Vigo compite con otras ciudades como Tui o Pontevedra. En esa tesitura, recuperar el término fiel podía ser una forma de demostrar fidelidad al poder político y reforzar la posición de Vigo.

—¿Hay pruebas de que ese título nunca se concedió oficialmente?

—Sí. Existen documentos del propio Ayuntamiento en los que los secretarios municipales reconocen que en el archivo de Vigo no hay ningún documento que avale el uso de «fiel». Además, antes del incendio de la Casa Consistorial de 1851 ya se había revisado todo el archivo municipal y tampoco apareció ninguna referencia.

—En el libro también analiza la evolución del escudo de Vigo.

—Sí, porque tampoco siempre fue como lo conocemos hoy. Durante siglos Vigo dependió del arzobispo de Santiago y su escudo incluía una concha de peregrino junto a un castillo. En 1813 la ciudad decidió abandonarlo porque recordaba un período de dependencia y adoptó dos símbolos propios: el castillo, por las fortificaciones, y el olivo, que estaba junto a la antigua colegiata y que acabaría dando a Vigo el sobrenombre de ciudad del olivo.

—La obra reúne mucha documentación. ¿Está pensado solo para especialistas?

—Al contrario, la idea es que pueda leerlo cualquier persona interesada en la historia de Vigo. Aunque incluye documentos y referencias, intento contarlo de forma clara y amena. En cierto modo es como seguir una investigación: ir encontrando pistas, ver cómo encajan y entender el contexto en el que ocurrieron las cosas.

—Como periodista e historiador, está acostumbrado a leer cómo se contaba la historia antes y cómo se cuenta ahora. ¿Qué ha cambiado?

—Antes la historia se contaba de forma más novelesca, pero también más limitada, porque se centraba casi exclusivamente en las élites y en los grandes acontecimientos. Hoy es más rica porque incluye muchos más aspectos de la sociedad: la economía, la vida cotidiana o grupos que antes apenas aparecían, como las mujeres o las clases populares. Ese cambio empezó en los años 20 del siglo pasado, cuando nuevas corrientes historiográficas comenzaron a estudiar la economía y a partir de ahí, la sociedad en su conjunto.