«Nós somos os da Chitona»

ESTE SÍ ES NOMBRE PARA UN CLAN El alias es toda una seña de identidad en el caso de estas familias. Muchos tienen su razón de ser por el lugar del que proceden o los oficios a que se dedican, pero otros se quedaron in sécula seculórum por alguna que otra curiosa anécdota.

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«Chitón, cartuchos al cañón». De tanto repetir esta canción en la Guerra de África al bisabuelo de Vicente Míguez, de Celeiro, le quedó para la posteridad, a él, a los suyos y a las generaciones futuras, el sobrenombre familiar de Os Chitóns, aunque en realidad conocen a los hermanos (de los siete que fueron quedan cinco) como «os da Chitona». Y A Chitona fue Dolores Salgueiro, como queda patente en la placa de una calle de esta localidad viveirense: «Á nosa nai dedicáronlle unha rúa, a da piscina, porque na asociación de veciños propuxeran hai tempo nomes de rúas e os catro propostos eran todos de homes. ‘Algunha muller haberá’ comentaron. E escollérona a ela porque fixo moito labor polos demais, aparte de traballar en Cáritas toda a vida. Máis que nada porque era moi humana e de moita humildade», dice. «Para nosoutros ser Os da Chitona -añade Míguez- si é un orgullo, porque a nosa nai era moi apreciada no pobo. So vin un enterro no que houbo máis xente que no dela. Cada un de nós temos o noso nome pero, en xeral, coñécennos polos da Chitona».

Tierra de apodos

Os da Chitona son multitud. Dolores Salgueiro tuvo su primer hijo, Laureano, en 1936, y el último, que fue Vicente, en 1956: «¡Hai 20 anos de diferenza! E cando casei xa tiña 16 sobriños. Agora son, en total, 18 os netos da Chitona». «Nos fillos si se conserva pero nos netos xa non sei. Creo que en xeral van desaparecendo os alcumes ou aparecen outros nas xeracións novas», asegura. Vicente Míguez recuerda además no solo la canción que entonaba su bisabuelo, también que «de nenos había un xogo chamado a mancha e se ían detrás túa a tocarche había dúas formas de salvarse, subirse a un alto ou dicir ‘chitón’, era como unha desculpa para parar o xogo... e si, algúns fixéronse ‘famosos’ por usalo a modo de ‘trampa’. Tamén nolo contaba miña nai». Os da Chitona aparecen en el Libro dos alcumes de Celeiro de José Antonio Abella O Machote, donde encontramos a un tal Yes, ¡qué casualidad! Vicente averigua que fue marinero en la mercante y, como no sabía inglés, en el extranjero a todo respondía «Yes».

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Os Maneto: «A un home da casa faltáballe unha man»

En plena montaña lucense nos encontramos con la casa de los Maneto. En la parroquia de Cuíñas, en el municipio de A Fonsagrada, está el hogar donde reside el matrimonio formado por Manuel Álvarez e Inés Díaz. Sus tres hijos se emanciparon hace años e hicieron sus vidas -dos de ellos en la capital lucense y el otro en el pueblo de A Fonsagrada-, pero con frecuencia visitan a sus progenitores (uno de ellos acude a ver a sus padres casi todos los días) y les ayudan en sus labores domésticas.

 Un alias para una estirpe

El hecho de que los conozcan con este nombre tiene su intríngulis, porque nadie de los residentes sabe quién era ese familiar que estaba sin mano. «Nin meu avó nin meu pai saben quen era ese membro da familia que estaba manco. Sabemos que a un home da casa faltáballe unha man, pero non sabemos a quen. Nin tampouco sabemos cal foi o motivo. Se foi a causa dun accidente laboral, de tráfico...», indica Luís Álvarez, hijo del matrimonio que vive en la casa.

Tal es el nombre que le quedó a la estirpe que a sus familiares los conocen más por Os Maneto que por el propio nombre. «En todos os sitios somos a casa dos Maneto. De feito o meu nome popular é Maneto, non Luís. Ao meu pai pásalle o mesmo. Coñéceno máis por Maneto que por Manuel», dice Luís, quien recuerda que en la vivienda de A Fonsagrada llegaron a convivir cuatro generaciones durante diez años, tres matrimonios y dos bisnietos.

Los Manetos siempre vivieron del campo. Dedicados a la agricultura y a la ganadería. De hecho, actualmente conservan su huerto y algunas ovejas, que a la vez que abastecer de carne ejercen de jardineras para mantener limpia la finca.

Ellos no sienten pudor por el hecho de que les conozcan popularmente por ese alias. Dicen que se trata de un calificativo que les han puesto hace muchos años, que no se ajusta a la realidad actual pero que tienen asimilado desde siempre. «Empezaron a chamarnos así e quedounos este nome para toda a vida, pero non nos importa», concluye Luís. Esa actitud es mano de santo.

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Os Polainos: «Disque a avoa ou a bisavoa tiñan sempre frío ás pernas»

Abríguense, saquen del armario gorro, bufanda y guantes que viene una ola de frío polar. Esto era lo último que llegó a mis oídos antes de terminar de escribir estas líneas y de hablar con la burelense Fina Río Otero. Y ahora justo cuando usted, sí, usted, las esté leyendo ella debería estar rumbo a las Canarias «para coller un pouco de sol e de calor», me dice Fina da Polaina, como es también conocida. «Bueno, agora tamén por Fina de Honorato», añade. Os Polainos es el apodo de su familia y precisamente todo comenzó... por el frío. Por el que al parecer tenía su abuela, o bisabuela, pues según ella no está del todo claro quién fue la primera Polaina, por vía paterna: «Tenme contado meu pai que, como ela tiña sempre frío ás pernas e daquela non había pantalóns para as mulleres, parece ser que amarraba uns trapos ou sacos e, ao mellor, de aí lle veu o de A Polaina», cuenta Fina. La cuestión es que hoy, como indica, con tanta calefacción en casa y prendas como las de gore-tex que nada tienen que ver con las de antes, «pois non, non somos frioleros». Pero el apodo les quedó, para siempre, orgullosos del legado.

 Los más jóvenes lo usan

Eran cinco hermanos, de los que ahora quedan cuatro más tres sobrinos. Los más jóvenes, señala Fina Río, sí utilizan el apodo: «Un deles si que di ‘son de José do Polaino’ porque se está a falar con xente máis maior esta non coñece a seus pais tanto por José e Aurora». Ella también reconoce que es muy útil tener una identidad familiar como la que marca un apodo, en este caso querido además: «Finas hai moitas, pero Fina do Polaino só hai unha». Es verdad. «Tamén antes, sendo máis nova, era máis ben Finita do Polaino».

Cree que antes se ponían más apodos que ahora «porque daquela tiña que haber algo co que divertirse. De feito, no noso caso ata lles cantaban as irmás a meu pai ‘Haichas de media polaina e de polaina enteira’ e hai uns anos, indo a un enterro, cando había que ir andando ao saír da igrexa ata o cemiterio, pola beirarrúa oímos que dende atrás nola cantaban. ¡Era Abel do Carrocho!».

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