¿Y si no te pareces nada a tu hermano?

UN AIRE SIEMPRE HAY... Pero es que hay hermanos que no lo parecen ni de lejos. Del otro lado, están los idénticos entre sí o el que sale cuspidiño a su padre o a su madre. Que conste que en los genes no está nada escrito. Palabra de genetista.

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La genética a veces es muy caprichosa, y no solo en cuestión de parecidos. Ya pasaron por estas páginas padres e hijos que son un calco. También conocemos a gente que se parece a su tío o a su abuelo, incluso a algún antepasado, mucho más que a sus propios padres. Pero es que ahora vamos a dar, como es también costumbre en estas páginas, un paso más. Hablemos de genética. Porque amigo, podría suceder que dos hermanos del mismo padre y de la misma madre no compartan entre sí tanto como creen. ¿Podría suceder que unos hermanos de sangre compartieran más genes entre sí que otros? ¿Esta diferencia explicaría por qué unos hermanos se parecen más entre ellos, mientras que otros no se parecen en nada? También. ¿Por qué unos hermanos se parecen más a la madre y otros al padre? La genética nos explica la magia de este fenómeno. Así nos lo confirma Antonio Salas Ellacuriaga, docente de la Universidad de Santiago de Compostela e investigador en genética: «La herencia es un proceso aleatorio, y de alguna manera el azar rige el destino de lo que heredamos de un padre y del otro». Y nos da la explicación: «Dos hermanos tienden a heredar en promedio un 50 % del material genético de cada padre. Pero este es solo un valor estimado, y se podría dar la circunstancia de que dos hermanos compartieran un 35 % entre ellos -raramente-, mientras que, dentro del mismo núcleo familiar, otros dos coincidiesen en un 60 %. También existe la posibilidad de que dos hermanos no compartan material genético para un determinado marcador del ADN».

¿Y qué es un marcador? Pues una pequeña parte de nuestro genoma -hay millones de partes- que se transmiten en bloque de forma aleatoria de padres a hijos. Es así, como echando una moneda al aire, como la naturaleza decide si vas a tener el pelo tan negro como tu padre y los ojos tan verdes como tu madre. Y, de paso, así se reparten los rasgos físicos entre hermanos, haciendo que sean tan iguales o tan diferentes entre sí.

OJOS DE UNO, PELO DE OTRO

«Un hermano A puede compartir un 50 % con un hermano B, y B puede compartir un 50 % con un hermano C. Pero el 50 % que comparten entre ellos va a ser diferente. De ahí que unos hermanos se parezcan en unas determinadas características físicas más que en otras. Lo mismo sucede con los padres, por lo que así se dan esos casos del que tiene los ojos de su madre pero la barbilla de su padre, mientras que su hermano es un calco completo de alguno de los dos», explica el genetista.

Salas desvela también que aquí está la base de las pruebas de filiación: «En el cómputo global del genoma, su tendencia es la de compartir un 50 % de su dotación genética, pero el resultado final es un valor que oscila en torno a este 50 %. Este es el principio de las pruebas que hacemos en los laboratorios de genética forense», detalla. Obviamente quedan fuera los gemelos idénticos, que compartirían absolutamente todo sin atender a ningún tipo de promedio ni combinación. Así, los gemelos univitelinos comparten el 100 % de los genes, ya que nacen de un solo óvulo que fue fecundado por un espermatozoide que, al dividirse en etapa temprana, genera dos células hijas idénticas que producirán dos seres idénticos e indiferenciables. Aun así y ya al margen de la genética, dos hermanos en un mismo ambiente familiar no tienen por qué ser muy parecidos. Además de las experiencias que haya podido tener cada uno y del trato que reciba por parte de cada miembro de la unidad familiar (técnicamente se habla de ambiente no compartido), los genes pueden hacer mucho porque se parezcan o no, tanto en el físico como en la personalidad, que es en lo que más suelen diferenciarse y en donde el ambiente juega un papel principal. De hecho, es el ambiente el que explica fundamentalmente las diferencias que existen entre dos gemelos genéticamente idénticos.

De hecho, hoy se sabe que muchas características de las personas no están escritas solo en los genes. «Los genes no determinan si uno va a ser más o menos inteligente, de ahí la importancia de la educación. Si tus capacidades físicas te lo permiten, uno puede hacer más o menos lo que se proponga en la vida. Y al mismo tiempo, hay otras cosas para las que podemos tener predilección o facilidad, pero que no serán posibles si no se alimentan desde el ambiente», asegura Salas. Otra vez nos damos de bruces con la lotería. Y de nuevo, el resultado no se puede adivinar. 

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