Aida Folch: «Siempre he sido una persona muy ambiciosa»

Cada semana la vemos interpretando a la abogada Eva Durán, y, como ella, cree en la justicia y la sinceridad como valores primordiales. Fue la musa de Fernando Trueba y a él se lo debe todo: «Creo que lo que más le gusta de mí es la autenticidad».

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Cuando entró para hacer el casting de El embrujo de Shanghai con 14 años, Fernando Trueba empezó a marearla. Ponte así, ahora así, haz esto, ahora lo otro... Intentaba provocar a una chiquilla tímida para ver si aguantaría la presión de una dirección exigente, y al otro lado Aida Folch (Reus, 1986) no solo aguantó sino que arrancó una carrera brillante de su mano. También ahora en televisión, donde después de interpretar un pequeño papel en Cuéntame ha debutado como protagonista en la serie Sé quién eres dando vida a una intrépida abogada.

-Mujer, abogada, lista... ¿Te costó hacerte con el papel?

-Hice tres castings, Pau Freixas me contó de qué iba, y como el thriller, sobre todo el psicológico, es lo que más me gusta como espectadora, disfruté muchísimo. Me encanta la novela negra y leía los guiones y me parecía que estaban genial. Además mi papel es de una tía lista, no es como las abogadas que estamos acostumbradas a ver, con el tacón perfecto.

-Sí, y te cortaste el pelo y todo.

-Sí, fue de casualidad, vi un documental sobre la actriz Jean Seberg y bueno ella era mítica por À bout de souffle de Godard, con su camiseta, sus mocasines y su pitillo, una tía muy moderna para la época. Pero además ella era una persona muy valiente, que creía en la justicia, defensora de los negros y entonces le dije a Pau que estaría muy chulo buscar un look más atemporal, más icónico. No quería que mi personaje estuviera muy preocupada por cómo luce, quería alejarme del tópico.

-Te atrajo esa parte de tía lista.

-Sí, era como un pequeño homenaje interno. Fue muy divertido imaginarla. A mí es la parte que más me gusta siempre, el principio, antes de rodar ver cómo va a ser, es un trabajo de mesa, pero muy divertido. Hablamos mucho y luego es muy importante cogerle el tono, el ritmo. Yo por ejemplo hablo muy despacio, soy una persona muy tranquila, y Pau me ponía entre la espada y la pared para acelerarme porque la serie es trepidante y rápida.

-Así que contrastas con el personaje, pero pareces una persona muy observadora.

-Depende, tengo un poco de todo. Yo sí creo que me parezco bastante, porque le terminas poniendo muchas cosas tuyas. Para mí la justicia, la honestidad, la sinceridad son valores con los que me manejo en mi vida, son fundamentales y me gusta dárselos a mi personaje.

-Te dijeron que sí a la tercera. Debe de ser duro, ¿no?

-El casting es una situación de estrés, es como un examen y a mí me siguen dando miedo. En el fondo no deja de ser también exponerte al rechazo a tu persona y sobrellevarlo es difícil. Juegan con tus emociones, el deseo de hacerlo, no sabes si van a luchar por ti o no. Es duro sobre todo cuando lo deseas mucho. Cuando te rechazan son espinitas clavadas y duelen, pero yo ahora llevo años y se me ha puesto la piel dura.

-El otro día Ana Belén reivindicaba los papeles para mujeres.

?Sí, a veces es una cuestión de números y quizás no hay tantas mujeres que escriben sobre mujeres, sobre sus emociones. La mayoría están escritas por hombres, y muchas veces lo ven desde su punto de vista. En cualquier caso, a mí me gusta que en esta serie las chicas tengan poder y sean fuertes.

-He leído que no paras ni cuando hay parón.

-Soy una persona con inquietudes, sigo estudiando idiomas, hablo catalán, español, inglés y francés, me encantaría aprender italiano... También hago deporte, viajo mucho, a veces escribo. Yo cuando no trabajo me busco la vida. Date cuenta de que desde que paré de grabar la serie he estado un año sin que nadie me llamara. Pero hay que ser muy dura para aguantar, porque finalmente también un rodaje es un secuestro, no tienes vida personal y cuando termina, tienes todo el tiempo del mundo, pero la gente que te rodea tiene trabajos normales y pasas momentos de mucha soledad.

-Eres tenaz, ¿no?

-Soy hormiguita, y yo siempre he sido una persona muy ambiciosa. Creo que eso es positivo, te lleva a la motivación y a tener fuerza. A medida que van pasando los años las expectativas se rebajan. Yo cuando era más joven era de las que decía: «Yo no quiero renunciar a nada». Cuando te haces mayor valoras cada proyecto más y lo disfrutas más y ya no te quieres ir a Hollywood.

-Fernando Trueba es para ti...

-Es mi mentor. Él me descubrió a los 14 años y me cambió la vida. La primera oportunidad siempre es la más difícil. Muchos de mis compañeros de entonces han abandonado su sueño y yo he tenido mucha suerte. Trueba me guio, tiene la capacidad de motivarme y hacer que mi vida cambie. Es una persona que te empuja, me ha educado en otros temas, en literatura, música, abrirme a inquietudes.

-¿Qué te ha parecido el boicot a su película por las declaraciones que hizo?

-Me dolió mucho, mucho. Pero pienso que a veces se gana, a veces se pierde, a veces dices cosas que no debes decir, a veces haces buenas pelis, otras no. Nada es tan importante, lo que creo es que, algo que socialmente me tiene un poco triste, tenemos una capacidad de destrucción muy rápida. Fernando es alguien que ha dado muchísimo a la cultura, y por dos palabras se cargan todo. Me parece muy peligroso. Es como una relación, qué pasa si un día te he contestado mal ¿se borra todo lo del pasado?

-¿Qué es lo que más le gusta de ti?

-Le gusta mi autenticidad y mi manera de ser. Siempre me ha dicho que tengo una gran dedicación en mi trabajo. Cuando hice el primer casting de El embrujo de Shanghai su mujer le dijo: «Está ahí la chica que buscas». Y él siempre me contó que cuando me vio no le gusté especialmente, ni fu ni fa, pero me puso a prueba: «Ahora hazlo así, ahora de esta forma, ahora de aquella». Y lo que le gustó es que entendía todas las cosas que me decía y lo hacía. Así se dio cuenta de que podíamos trabajar.

-Llorar con él no te costó trabajo.

-No, no. Pero me acuerdo de que me tenía que dar un beso con un niño y nos reíamos toma tras toma de la vergüenza. Y, claro, hicimos 46 tomas. Eso vale un dineral.

-¿Tú has cumplido tu sueño?

-Sí, sí. Cumplí mi sueño, siempre quise ser actriz, me apuntó a teatro de pequeña y desde que me subí al escenario me sentí libre. De alguna manera pensaba que si hacía un papel nadie me juzgaría porque estaba interpretando un personaje, encontré una manera de expresarme.

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