Samanta Villar: «Adoro a mis hijos, pero antes también disfrutaba plenamente de la vida»

Periodista, reportera y mamá todoterreno. Habla alto y claro y llama a las cosas por su nombre: «No tengo ningún pudor y me gusta hacer reflexionar, aunque levante ampollas». Tras tener a sus mellizos, Violeta y Damiá, regresa dando caña: «La popular frase femenina: -No me da la vida, voy desbordada- es lo que hay que cambiar, y ya», asegura


Samanta Villar (Barcelona, 1975) reconoce que antes era más severa consigo misma: «Era muy perfeccionista y me sacaba todos los fallos, ahora tengo 43 años y estoy más serena, ya no tengo nada que demostrar». Feliz con sus mellizos Violeta y Damiá, que ya tienen 3 años, la periodista regresa con el programa La vida con Samanta y un nuevo libro, La carga mental femenina: «Sigo pensando lo mismo sobre la maternidad, porque no hay descanso, está cargada de incertidumbre y de inseguridad y requiere un esfuerzo bestial del que nadie habla». «Eso sí -matiza-, nunca me he arrepentido de tener a mis hijos, los quiero con locura y me derrito cada vez que se me tiran a los brazos y me dicen ‘mamá, te quiero’». Peleona y apasionada, no para: «Si la generación de mi madre tuvo que reivindicar que los hombres pusieran lavadoras, nosotras ahora queremos reivindicar que la anticipación y la organización sea también compartida». Y confiesa: «Para mí, la clave de la auténtica felicidad es disfrutar de lo que te pasa en cada momento, y ahora estoy feliz con los niños, mi chico y mi trabajo».

-Acabas de estrenar tu nuevo programa, «La vida con Samanta». ¿Contenta? ¿Satisfecha con la acogida del público?

-Estoy supercontenta. Cada proyecto que emprendo lo encaro, más que con nervios, con mucha excitación e ilusión. En esta nueva entrega de reportajes, los espectadores van a descubrir historias extraordinarias, con personajes cercanos, contadas con ritmo y con el objetivo de hacernos reflexionar y de mostrarnos otros puntos de vista. Y todo desde la convivencia, ellos comparten sus vivencias conmigo desde la conversación más que desde la entrevista formal en mi casa. Una gran novedad es que hemos apostado por una narrativa audiovisual más creativa, la realización del programa es más sofisticada. Esperemos que enganche al público.

-¿Viste el estreno del programa en televisión, o una vez realizado te olvidas y te centras en tu vida cotidiana? Y, ¿eres de las que te sacas muchos fallos?

-¡Uy! ¡Qué va! Lo vi con todo el equipo y estuvimos celebrando lo chulo que había quedado. Antes era más severa conmigo misma y me sacaba todos los fallos, pero ahora se nota que tengo 43 años, estoy más serena y madura y ya no tengo nada que demostrar; tengo una trayectoria profesional que avala todo lo que hemos hecho en estos diez años. También te digo que siempre se puede mejorar, y que hay que seguir aprendiendo y progresando.

-A lo largo de diez capítulos abordáis temas tan diferentes como el amor, el secreto y la paternidad hasta el vicio o el éxito. ¿Cuál de estas historias extraordinarias te ha llegado más?

-La historia entre Makhtar, que mide 1,97 metros, y Lourdes, que padece acondroplasia y mide 1,26 me llegó al corazón, porque destilan amor y se nota que entre ellos hay una química alucinante. Fue muy enriquecedor conocerles, porque con su relación sentimental han superado todo tipo de prejuicios y dificultades, y fue muy emocionante.

-Pero incluso tú misma te pusiste a prueba para indagar sobre si eso de la fórmula del amor era cierto o no.

-Sí. Fue muy divertido. A través de la escuela del amor y tras realizarme un test, me organizaron una cita con Raúl, un chico con quien compartía rasgos y tenía un perfil parecido. Nos propusieron que yo le afeitara y él me maquillara, con el fin de que surgiera intimidad entre ambos y la verdad es que fue muy interesante y emocionante. Raúl además de encantador, es majísimo y se mostró muy generoso durante todo el experimento.

-Y tu chico, ¿no se puso celoso?

-¡Qué va! Aunque no hubo motivos para ello, la verdad es que mi chico ya está curado de espanto. Cuando hicimos este reportaje, recuerdo que se lo expliqué y me dijo: «Muy bien, cari».

-Y hablando de amor, ¿tú eres romántica?

-Sí. ¡Claro que soy romántica! Lo que pasa es con el paso de los años, he ido dejando a un lado la idealización y me he vuelto más práctica. Pero me encantan los detalles románticos.

-Haciendo alusión al título de tu nuevo programa, no puedo dejar de preguntarte, ¿cómo es la vida de Samanta Villar?

-Pues muy común. Llevo la misma vida cotidiana que hace veinte años. Bueno, la misma no, ahora tengo a mis niños, que me la han trastocado un poco, pero no soy nada histriónica ni excéntrica. Mi día a día te diría que es corriente, lo único más llamativo es mi trabajo, que me da visibilidad, pero nada más. No tengo ningún pudor.

-Acabas de mencionar a tus niños, los mellizos Violeta y Damiá, que ya tienen tres años.

-Sí, maja. ¡Cómo pasa el tiempo! Ya duermen casi del tirón y su crianza es más llevadera. Ahora respiro un poco, aunque sigue siendo muy intenso.

-Precisamente, cuando te convertiste en mamá provocaste mucha polémica debido a algunas declaraciones que hiciste sobre la maternidad como: «Supone un sacrificio estratosférico del que nadie habla», o «Lo de tener hijos está completamente idealizado».

-Y sigo pensando lo mismo. No te creas que he cambiado de opinión. En la maternidad no hay descanso, está cargada de incertidumbre y de inseguridad, requiere un esfuerzo bestial del que nadie habla y los primeros meses estás tan agotada por no dormir que se te caen las lágrimas de impotencia. Eso sí, nunca me he arrepentido de tener hijos. Adoro a mis hijos y los quiero con locura, y me derrito cada vez que me dicen «mamá» o se me tiran en los brazos y me dicen «te quiero mucho». Pero todos estos sentimientos maravillosos no hacen que desaparezca el sacrificio extremo que conlleva y que una gran parte de las mujeres silencia.

-Muchas mujeres confiesan que cuando se convierten en madres descubren la plenitud y la felicidad más absoluta. ¿A ti ya te ha embargado ese sentimiento?

-Yo ya me sentía plena y era feliz antes de tener a mis hijos, me he enamorado cincuenta veces y soy una persona que vive con ilusión la vida. Claro que mis hijos me han llenado de ilusión y son lo mejor de mi vida y los adoro, pero antes también era feliz y disfrutaba plenamente de la vida.

-Tras este parón por tu maternidad, no solo has regresado a la televisión, sino que también estás a punto de publicar un nuevo libro titulado «La carga mental femenina» (Planeta). Vuelves con las pilas cargadas y dando caña. Cuéntanos en qué consiste este nuevo concepto.

-Estoy convencida de que va a dar mucho que hablar, porque la mayoría de las mujeres se van a sentir identificadas con las situaciones que aparecen reflejadas en el libro. Me gusta hacer reflexionar, aunque levante ampollas. La carga mental es el síndrome de las mujeres que viven abrumadas por el cúmulo de responsabilidades de la vida cotidiana, porque sigue sin haber un reparto equilibrado de las tareas del hogar. El resultado: mujeres abrumadas que viven con el doble peso de su vida laboral y familiar. Comprar leche porque se ha terminado, ir a la reunión con la tutora, poner la lavadora, organizar el menú semanal… así hasta el infinito. Los hombres colaboran, limpian, hacen la compra y van a recoger a los niños, estupendo, pero la anticipación y la organización sigue siendo femenina y ese estar todo el día pensando en lo que hay que hacer, es la carga femenina y genera un estrés horrible. Si la generación de mi madre tuvo que reivindicar que los hombres pusieran lavadoras, nosotras ahora queremos reivindicar que la anticipación sea también compartida. La popular frase femenina: «No me da la vida, voy desbordada», es lo que hay que cambiar, y ya.

-Y tú, ¿cómo logras conciliar el cuidado de los niños con la grabación de los programas y la escritura?

-Pues gracias al maravilloso Excel. Me paso el día rellenando casillas con mi chico, ¡ja,ja,ja! Yo llevo a los niños al cole y tú los recoges, yo preparo las meriendas y tú te ocupas de hacer la compra. Yo preparo la lavadora y tú la tiendes. No hay más misterio, como tantas otras parejas.

-Han pasado ya diez años desde que nos sorprendiste con el programa «21 días», donde experimentabas en primera persona intensas vivencias para profundizar sobre determinados temas como vivir en una chabola o a ciegas. ¿Satisfecha con el camino recorrido?

-¡Jo, menudos recuerdos! Porque tras 21 días hicimos Conexión Samanta, y después compartí mi embarazo y el parto de mis hijos con los espectadores. Contenta no, estoy muy contenta. Porque tras diez años, sigo trabajando con el mismo equipo, un lujazo, haciendo proyectos muy chulos e interesantes y disfrutando tanto y con la misma ilusión que el primer día.

-¿Qué te queda por hacer?

-De todo. Quiero seguir aprendiendo. ¡Queda tanto por contar! Aquí seguiré al pie del cañón.

-Y a nivel personal, ¿eres feliz?

-Sí. Mucho. Me siento muy bien con la vida que llevo, los niños, mi chico, mi trabajo…. Me siento en el aquí y en el ahora, disfrutando de cada momento con intensidad.

-Eso me suena a mindfulness, esa práctica de meditación tan de moda hoy, cuyo objetivo es vivir el presente con atención plena.

-Pues sí. Fíjate, te confieso que no puedo con el dolor, me desespero, porque no se puede borrar. Con los años he aprendido que al final no queda otra que pasarlo hasta que el dolor y esa tristeza se vayan diluyendo poco a poco. Por eso, para mí, la clave de la auténtica felicidad es disfrutar de lo que te pasa en cada momento. Y ahora reconozco que soy muy feliz.

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