¿En qué te equivocas al educar a tu hijo?

Todos sabemos que educar no es fácil y siempre lo hacemos lo mejor que sabemos, pero conocer los errores más comunes pueden ayudar a que nuestros hijos sean más felices


Papá y mamá, sabemos que lo haces lo mejor que puedes, que te encantaría encontrar la varita mágica que te permitiera solucionar cualquier conflicto con tu hijo y que tus circunstancias laborales y sociales son las que son y no puedes dedicarle todo el tiempo que te gustaría. Aquí te ofrecemos las herramientas necesarias para gestionar algunos conflictos y cómo evitar los errores más comunes en la crianza.

Son niños, no adultos

Es la premisa básica para no crear unas expectativas que son incompatibles con la naturaleza del niño. El día a día es muy duro y está lleno de contratiempos que te pueden frustrar o hacer que vivas en un estado de tensión permanente, pero recuerda que no puedes esperar que los niños actúen como adultos, es decir, que sean silenciosos, que estén tranquilos, que se acaben todo lo que tienen en el plato, que no quieran estar más rato en el parque, que no nos lleven la contraria... «Los niños hacen cosas de niños y por muy cansados que estemos eso no hace que ellos tengan que dejar de comportarse como lo que son. Ajusta las expectativas, no pedirles cosas que se escapan de su capacidad, ayuda bastante a normalizar esas situaciones», explica Alberto Soler, psicólogo especialista en psicoterapia y autor de Hijos y padres felices. No le afees esa conducta, afróntala porque forma parte de su naturaleza.

No gritar, algo imposible

A quién no se le ha escapado un grito. Resulta algo casi imposible de evitar, pero no por ello deja se ser una equivocación. Que se escape en un momento dado no es tan grave como el hecho de que se utilice como una estrategia educativa: «El gran error es considerar que infundir miedo o dar un grito es una técnica para educar», indica Soler. Mientras que la psicóloga Alejandra Dotor explica que si se nos escapa algún grito, debemos pedir perdón porque no siempre tenemos la verdad absoluta y también nos equivocamos. «Está bien que reconozcamos los errores ante ellos y que reconduzcamos la situación. Párate y piensa cómo puedes hacerlo mejor», aclara.

Ni premios ni castigos

Tan malos son los premios como los castigos a la hora de educar. En el caso de los segundos, Soler afirma que puede tener efectos a corto plazo, pero «a medio y largo plazo es tremendamente perjudicial para el desarrollo social, emocional y de las relaciones entre padres e hijos. Es decir, es contraproducente». Al igual que también lo es premiar la conducta del niño: «Vivir un día a día en el que se hacen chantajes: ‘si haces esto te doy esto y si no los haces te va a pasar esto malo’, es un error. En la relación con los hijos hay muchas cosas que tienen que ser porque sí. Considerar como un privilegio cosas cotidianas o gratificantes como dar un paseo, ir de vacaciones o tener una cena agradable es una equivocación. No son cosas que tienen que estar condicionadas a algo. No debemos mercantilizar la educación de nuestros hijos», asegura. Alejandra Dotor, en cambio, aunque tampoco es defensora de premiar a los hijos introduce una variable en este caso: «No deben ser inmediatos para que el niño valore la recompensa y deben ser unos premios más emocionales que materiales. Es decir, por ejemplo, si has acordado que todos los días ordene la habitación. Cada vez que lo hace le das una pegatina y cuando tengas diez o doce es cuando consigue la recompensa y se hace algo que el niño quiera, pero debe ser siempre consensuado. No vale lo que él proponga si tú no estás de acuerdo», considera.

Practica con el ejemplo

Recuerda que tú eres el principal modelo en el que tu hijo se fija. Si tú gritas, él también lo hará. No puedes exigirle cosas que tú no hagas y tampoco vale el tan recurrido ‘porque yo soy mayor’. Practica con el ejemplo. Elimina todas las conductas que reprochas a tu hijo y fomenta las que quieres que él haga. De lo contrario, le darás mensajes contradictorios. «Si quieres que tu hijo sea paciente, ten paciencia con él, si quieres que sea respetuoso, trátale con el mismo respeto con que tratas a los adultos que te rodean», explica Tomás Magaña, bloguero de la Escuela Bitácoras, que ofrece cursos online a más de 25.000 padres comprometidos con la crianza.

No mientas

«La mentira hace más daño que la verdad. No le des más información de la necesaria, pero tampoco tienes que mentir», afirma Dotor, que también considera que no se deben corregir las mentiras que el niño dice en edades tempranas. «Forman parte de su fantasía, de su mundo interior, de la realidad que vive», asegura esta psicóloga que también se muestra contraria al afán de etiquetar las conductas. «¿Qué es portarse bien? Tu hijo es maravilloso como es y no le debes poner etiquetas, no lo encasilles, ni lo compares con otros niños. Debes esforzarte en ver sus capacidades y darle el tiempo que necesita para aprender a su ritmo», dice la psicóloga.

Las rabietas

Las rabietas forman parte de la naturaleza del niño, de su inmadurez a la hora de gestionar sus emociones: Se tratan con paciencia, con amor, con respecto y con cariño. Sabiendo que son tan normales como que un bebé de dos meses se haga pis en un pañal o que uno de seis meses no hable. Castigar o gritar a un niño que tiene una rabieta es como castigar o gritar un niño que se hace pis encima. Es que todavía no está maduro», aclara Soler, que considera que también es normal que el niño llame la atención de sus padres: «Esa llamada es legítima. Quizás no es legítimo que pidan una Play Station o una bicicleta de 300 euros, pero que pidan la atención de sus padres, ¡qué menos!», dice.

Cariño incondicional

Muéstrale al niño cariño de forma incondicional. No lo vincules a una determinada conducta. Recuerda que no quieres más a tu hijo porque se porte bien. Lo amas y ya está. Y ese amor es para siempre.

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