¿Quién arregla la persiana del piso de alquiler?

El contrato es el santo grial en cuestiones de alquiler, pero lo que dice no siempre va a misa. No te esperes que te arreglen un robot de cocina, pero sí el aire acondicionado o la persiana. Y lo de la lavadora es más que discutible


Pongámonos en contexto. Nos vamos de vacaciones, alquilamos un apartamento, y cuando abrimos la puerta no todo es tan idílico. No es lo que habíamos contratado. Una escena ficticia, pero que, lamentablemente, es más que frecuente en verano. Pero no siempre hay que irse al extremo de que lo que te encuentres no se parezca en nada a las fotos, a veces que la sombrilla esté rota o que no funcione la lavadora es suficiente para empezar con mal pie nuestro merecido descanso. En vez de ofuscarnos, hay que despejar la mente para buscarle una solución cuanto antes, porque el tiempo corre y las vacaciones también. Si se lo hemos contratado a un particular directamente, no hay duda, lo llamamos y que nos resuelva el problema. «Y si es a través de una plataforma como Booking o Airbnb, podemos contactar con el propietario a través de ellos. Si no nos resuelven rápido, lo mejor es poner una reclamación inmediata exigiendo una compensación económica proporcional a lo que haya sucedido o al precio que nos haya costado el alquiler, e incluso podría darse el extremo de pedir que nos cambien de ubicación», explica Rubén Sánchez, portavoz de Facua. A priori podemos pensar que todo resultará más fácil cuantos menos intermediarios haya, sin embargo, si no se resuelven las discrepancias solo queda llevar el asunto a los tribunales, ya que no puede intervenir Consumo, como si fuera a través de terceros.

A todos se nos nota en la cara cuando estamos de días libres. Tenemos una actitud más zen y no buscamos tanta justicia, sino resolver cuanto antes. Claro que en nuestro día a día, a guerrilleiros no hay quien nos gane. Y las batallas propietarios-inquilinos se libran a diario en los descansillos. El «¿ahora quién lo arregla?» retumba detrás de los portales, porque casi nunca está claro a quién le toca pagar la factura de los desperfectos. Si tú has alquilado una vivienda amueblada -apunta Sánchez -el propietario tiene que garantizar las condiciones de habitabilidad y el mantenimiento de los electrodomésticos que se entiendan de primera necesidad. Es decir, si se te avería el váter o la persiana, la reparación corre a cargo del dueño, mientras que si la que falla es la lavadora, entraríamos de lleno en algo que les encanta a los que tratan con leyes: «Es interpretable». «Por poder, puedes ir a una lavandería. Según la ley, el inquilino tendría que asumir las pequeñas reparaciones que suponen un coste muy reducido. En el caso de la lavadora, nosotros defenderíamos que eso tiene un alto coste, y que le toca al dueño. Pero es interpretable», indica el portavoz de los consumidores, al que 30 euros de una factura ya no le parece peccata minuta. «Es que más allá de cobrar el alquiler, el dueño tiene que garantizar la habitabilidad», apunta. Distinto es que se te estropee el robot de cocina, que no consta en el contrato, y que te han dejado por cortesía. El dueño seguramente lo lamentará, pero te animará a cocinar a la manera tradicional. O una cinta de correr, como mucho te la retiraría, pero no tiene ninguna obligación de asumir la reparación.

CLÁUSULAS ABUSIVAS

Los que viven de alquiler suelen conservar los contratos como si se tratara del santo grial. Respetar lo que firmamos está bien, pero no podemos perder el norte, porque ese par de folios no siempre va a misa, a pesar de que esa sea, a veces, la intención de los propietarios. «El contrato puede decir que no pueden entrar negros a tu vivienda, que no vale para nada, porque va en contra de los derechos humanos. O que exime al propietario de hacer cualquier tipo de obra que garantice la habitabilidad, pues no, también es contrario a la ley», aclara Sánchez.

Si, por lo que sea, la situación se pone tensa, nunca contemples no pagar como una opción, sobre todo si el problema surge en el año 2 y tienes pensado quedarte 3 o 4, porque te pueden echar mediante un procedimiento de ejecución. Tampoco renuncies a tus derechos, sigue pagando y reclama. Recuerda que tú también puedes llevar al dueño a los tribunales. Sánchez nunca había escuchado la cláusula de no poder usar tacones por casa, que le incluyeron a una vecina de A Coruña, pero asegura «que ven de todo». Los propietarios no tienen ninguna obligación de alquilar, y por supuesto pueden negarse a ello, así que casi mejor que digan que no a que lo pongan por escrito.

Otra cosa es que queramos ajustar la última mensualidad con la fianza. Un acuerdo verbal, que aunque se puede interpretar como incorrecto ya que adeudas un mes, no traerá muchas consecuencias porque ya tienes pensado irte. Así que tira millas, pero a la siguiente página. 

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