Ilusiones ópticas

Fernanda Tabarés DIRECTORA DE VOZ AUDIOVISUAL

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Eduardo Parra | EUROPA PRESS

16 oct 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

El martes alguien vio en el cielo una bandera republicana mientras los CASA C-101 de la patrulla Águila sobrevolaban Madrid. Se celebraba el desfile de las Fuerzas Armadas y el chorro de dos de los aviones exteriores parecía de color morado en lugar de rojo, un nimio matiz cromático que sería de una relevancia mayúscula si hubiese sido voluntario. Defensa ya ha explicado que el viraje a violeta lo provocó un pegote del colorante obstruido en el tubo por el que sale el diésel y que una ilusión óptica hizo el resto. O sea, que la gente vio lo que quiso ver. O lo que no quería ver.  

En realidad el mundo está plagado de efectos ópticos. El más conocido puede que sea la perspectiva de Borromini con la que el arquitecto barroco resolvió las reducidas dimensiones del patio del palacio Spada, en Roma, un truco a favor de lo grandioso del que la capital italiana está plagada. Aunque la ilusión visual más conmovedora de la ciudad se percibe desde la colina del Aventino, en el portalón que da entrada a la Villa del Priorato de Malta. A través de su cerradura se concentra toda Roma, con el Vaticano al fondo.

Pero el truco más analizado del mundo salió de las manos de Leonardo cuando pintó la sonrisa de la Mona Lisa. La neurobiología ha acabado desentrañando los motivos por los que ese gesto resulta tan enigmático y concluido que Da Vinci comprendía el funcionamiento del ojo humano y de cómo trabaja de una manera que la ciencia confirmó siglos después. La Gioconda sonríe cuando miramos otras zonas del cuadro y deja de hacerlo cuando nos detenemos en su boca.