Emma Mayo Pais, única profesora con cero visión de la universidad gallega: «Me quedé ciega a los 19 años, y se me vino el mundo encima»
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Sus alumnos la han situado entre los diez mejores docentes universitarios de España. Esta profesora de Psicología de la USC reivindica la enseñanza lejos de los clichés
10 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Es una de las mejores profesoras universitarias de España. Así lo han valorado quienes conviven con ella a diario en las aulas, sus alumnos, que la han nominado, y ya es la cuarta vez, a esta categoría de unos galardones a nivel nacional, los Premios Educa Abanca. Emma Mayo Pais (1979, Noia) está entre los diez finalistas. Pero esta no es la única razón por la que podemos decir que es una docente única.
Emma es una de las pocas profesoras totalmente ciegas que enseñan en un campus de nuestro país. La única, con cero visión, sin resto visual, y plaza estable en Galicia. «No soy ciega de nacimiento. Perdí la vista por una enfermedad autoinmune que me afectó al nervio óptico bilateralmente. En aquel momento, había iniciado la carrera de Medicina», cuenta. Como nos avanza, la psicóloga y docente de la Universidade de Santiago (USC) quedó sin vista poco antes de cumplir los 20. Su sueño, hasta el diagnóstico, era ser médica. Las dificultades que entonces, con menos recursos tecnológicos, implicaba su pérdida visual para continuar los estudios de Medicina fueron la razón por la que cambió de titulación.
Hoy, y después de perseverar, ha demostrado que la excelencia es compatible con la discapacidad. «Que un alumno se tome el tiempo de nominarte es supergratificante. Es un refuerzo positivo de que parece que lo estás haciendo bien», considera.
«Fue un proceso duro, un proceso difícil», recuerda. «Yo tenía 19 años. Al principio tardé un tiempo en contactar con la ONCE. Siempre esperas a que la medicina te dé una opción, a que no sea algo definitivo y que puedas recuperar la vista. Cuando me dijeron que la pérdida era definitiva fue cuando contacté con ellos y empecé todo el proceso de rehabilitación. Tienes que aprender a hacer todo de forma diferente», apunta.
DEPRESIÓN REACTIVA
«Se me vino el mundo encima. Toda la vida había soñado con hacer Medicina y, de repente, ves que todos tus planes de futuro están truncados. Desde el punto de vista psicológico se conoce como depresión reactiva. Hoy sé que se llama así, pero en aquel momento lo que veía era que no tenía ganas de nada. Si mi madre me llevaba a la ducha, me duchaba, y si no, no. Si me cambiaba el pijama, me lo cambiaba, y si no, no. Pierdes el interés por todo», explica.
Hoy puede ver todo con otra perspectiva. «Hay una pregunta típica que te hacen: ¿Es mejor ser ciego de nacimiento o quedarte sin vista de mayor?”. Es cierto que haber contado con experiencia visual previa me ayuda mucho, por ejemplo, a hacer imágenes mentales. A un niño pequeño que no ve, le explicas que un río es una corriente de agua fría y lo llevas a un río y le metes la mano en el agua. Pero con el horizonte no puedes hacerlo. Hay conceptos abstractos, como los colores, que son más difíciles de explicar con materiales adaptados», detalla.
Su ceguera es de causa idiopática, lo que significa que es de origen desconocido. Nadie en su familia la tuvo. «Mi tesis doctoral fue sobre reacciones parentales ante el diagnóstico de la discapacidad visual de un hijo y el afrontamiento familiar de esta situación. Vimos que los padres, al recibir el diagnóstico, inician un peregrinaje médico, es decir, recurren a un segundo profesional, y muchas veces a un tercero o a un cuarto, con la esperanza de que alguien les diga que el anterior se ha equivocado, que hay otras opciones. Esto se da porque hay un proceso de negación. Cuando recibes un diagnóstico inesperado y drástico, que rompe con todas tus expectativas, es muy difícil asumirlo», apunta Emma.
La Psicología fue una forma de reconducir los estudios y no perder su vínculo con la Medicina. Presentó la tesis doctoral en el 2010 y en el 2011 hizo su primera sustitución. Luego abrió su gabinete de psicología en Milladoiro. Pero la docencia seguía en sus planes.
OTRO DIAGNÓSTICO
En el 2016 regresó a la USC como profesora asociada. «Ese año tuve también un diagnóstico de cáncer de mama», desvela. En el 2018 sufrió una recaída y no fue hasta entonces cuando cerró la consulta. A partir de ahí se centró en la meta docente. En el 2021 consiguió su plaza como ayudante doctora. En el 2024, la de profesora permanente laboral, la primera estable. Y, el pasado verano, obtuvo la acreditación a profesora titular. «Si la salud lo permite, espero presentarme a la oposición», asiente.
A la hora de hablar de sus méritos académicos, y vitales, hay términos de los que rehúye, como el verbo luchar. «La frase que más me molesta es: “Tú puedes con todo”. No elegí estar en ninguna guerra ni soy fuerte, es lo que me ha tocado. Bajar los brazos y dejarme ir no es una opción», afirma.
«Creo que hay que llamar a las cosas por su nombre. Eres ciego, no pasa nada. Usa el lenguaje que quieras, siempre desde el respeto. Cuando le damos demasiadas vueltas es cuando desnaturalizamos las cosas. Tú ves una película con los ojos y yo con los oídos», afirma.
Muchas veces se usan palabras que desde fuera parecen mensajes positivos, «pero cuando estás dentro se viven de otra manera. Muchas veces, por desconocimiento. La gente tiene miedo a equivocarse, a herirte. Debemos perder el miedo a preguntar. Cuando estudiaba, en la cafetería del colegio mayor, siempre le preguntaban a la persona con la que estaba si yo quería un café. Y yo le decía: “Señor José, estoy aquí, pregúnteme a mí”. Por eso creo que es importante mostrar realidades diferentes. Que sean diferentes no significa que sean ni mejores ni peores», sostiene.
En lo relativo a la inclusión, hace hincapié, además de en la educación, en la tecnología: «Es básica. Sin ella no podría vivir. Uso lector de pantalla en el ordenador o el voice-over en el móvil para todo: trabajo, casa, ocio. El problema es que no todo es accesible: hay webs, aplicaciones y documentos que siguen siendo una barrera».
Emma se resiste a darse méritos, pero indudablemente los tiene. «Me gusta enseñar, mantener el contacto con exalumnos. Ver que algo de lo que les transmitiste les quedó, es enriquecedor. Sí que hay momentos puntuales en los que eres consciente de lo que significa toda esta situación, llegar hasta aquí, pero en el día a día no lo estás pensando. En casa están orgullosos. Recuerdo que, cuando era pequeña, mi sobrina, en el cole, tuvo que hacer un trabajo en inglés sobre alguien significativo para ella. Lo hizo sobre su tía, que es profe de universidad y es ciega», recuerda con emoción.
«Me gustaría volver a ver, verle la cara a mi sobrina, que tiene 17 años, sin tener que tocarla y decir: “Eres como te imaginé”. Pero, si me dan a escoger, escogería sin duda la cura para el cáncer». Y, concluye: «No me considero un ejemplo de nada, cada uno tiene sus circunstancias. Yo, por ejemplo, he tenido mucha suerte con el apoyo de mi familia, tanto con la que me tocó como con la política».