Pilar Vilariño, de Neumáticos Rogelio, reivindica el valor del oficio: «Una pareja joven se dio media vuelta al ver que la jefa era yo»
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Aunque no lo tuvo fácil por ser mujer, se siente muy apreciada por sus clientes: «Tenemos muchísimo trabajo. En un mes podemos cambiar unas 500 ruedas»
04 feb 2026 . Actualizado a las 09:54 h.Neumáticos Rogelio, en Carballo, era el negocio familiar del padre de Pilar Vilariño. Una empresa que le había permitido sacar adelante a todos sus hijos. Pero llegó el momento de jubilarse y les ofreció llevar las riendas de lo que había sido su vida durante tanto tiempo. «Tenía 8 años cuando mi padre montó el negocio. Y cuando llegó el momento de retirarse, nos preguntó a todos los hermanos quién quería quedarse con él. Decidimos tirar para adelante uno de mis hermanos y yo. Él es mi socio capitalista, digamos, y el que me apoya, pero yo soy la que está al frente de todo, porque él vive en Madrid. Y desde allí también lleva la parte de informática y el papeleo. Mientras que yo estoy más centrada en el negocio en sí y en el trato con los clientes», comenta Pilar Vilariño, que ya es desde hace mucho tiempo la cara visible de este negocio y un libro abierto en cuestión de ruedas.
«Es que son 20 años ya y me he criado aquí, como quien dice. Con 15 años ya le hacía la facturación a mi padre y con 18 iba a cobrar las facturas», indica. Y claro, criarse dentro de un negocio hace que vivas tu trabajo de otra manera: «Mucha gente aún se queda extrañada de los conocimientos que tengo. Por ejemplo, si me preguntan por qué se gasta más la rueda de un lado que de otro, y les digo que es por la caída de la carretera, se quedan extrañados. Hay quien me dice incluso que nunca lo había oído. Soy como una doctora de los neumáticos. No de mecánica en general, pero sí de neumáticos. Ahí me considero una experta».
A tope
A Pilar trabajo no le falta. Le faltan horas al día para poder asumir todos los encargos que le entran por la puerta: «Tenemos muchísimo trabajo. Pero muchísimo. No sé si es que ahora la gente tarda más en comprar un coche nuevo y hay más coches viejos... o es que ahora conduce todo el mundo, y en cada casa ya hay varios coches..., pero la verdad es que estamos a tope. Nos hace falta gente. Necesito a otra persona, por si el día de mañana falla uno u otro, y poder seguir dando el servicio». «Lo que pasa es que yo estoy muy al frente del negocio y tendría que aprender a delegar un poco más», resuelve. Y es que, la demanda es elevada: «En un mes podemos cambiar tranquilamente unas 500 ruedas. Aunque eso es impredecible. Por ejemplo, en verano, tenemos más trabajo porque con el calor se gastan más los neumáticos y también nos desplazamos más. Hay más desgaste».
No es muy habitual ver a una mujer al frente de un negocio de neumáticos. Y Pilar reconoce que aún a día de hoy se lleva sorpresas con algún cliente: «La verdad es que me costó mi trabajo que me valoraran. Porque además de presupuestar y gestionar el negocio, también tienes que saber asesorar. Y la gente es muy dispar. Hay algunos que son más tolerantes que otros. E incluso te dicen cuando le recomiendas algo: “¿Tú qué sabrás?”. Y eso me mata. Y más de uno se dio la media vuelta al ver que era estaba yo al frente».
Pilar ahonda más en el tema porque le parece increíble que eso siga pasando: «Hace poco vino una pareja joven y le estaba atendiendo uno de los empleados. Pero al ver que yo llegué, pues ya les dijo: “Mira, ahí está la jefa y ya te da ella los precios”. Al verme, cogieron y se fueron. Cuando le pregunté a mi empleado qué era lo que querían, él se quedó tan sorprendido como yo al ver que se habían marchado. La verdad es que es surrealista», comenta, tras destacar que la pareja en cuestión no tenía más de 25 años.
Pero más allá de estos casos, Pilar reconoce que tiene una clientela muy fiel y que, además, se siente valorada. «La verdad que solo puedo decir que chapó por mis clientes. Y siempre se lo agradeceré. Porque tengo una clientela fiel y buena. En ese sentido estoy muy agradecida», indica esta currante, que vive por y para los neumáticos, y que está también especializada en su reparación.
Siguiente generación
Pilar tiene dos hijos y reconoce que, al igual que su padre, le gustaría que uno de ellos continuara con el negocio. Pero también entiende que cada uno tiene que buscar su camino. Le da pena que el día de mañana no haya otra generación Vilariño que lleve las riendas del negocio que funciona a velocidad de crucero. «Cogí las riendas cuando tenía 38 años. Y ahora, con 58, aún me queda tiempo para seguir por aquí. Pero sí me gustaría que uno de mis hijos o los dos siguieran con él. A mi hija le insisto, porque vive en Victoria y me gustaría que se viniera para aquí. Pero ella no quiere. Me gustaría darle la oportunidad de que probara, pero tiene su carrera y sus proyectos, como es normal, y yo lo respeto mucho. No digo nada en ese sentido», comenta. Quizás ve más posibilidades en su otro hijo: «Él está más cerca y, a lo mejor, el día de mañana quién sabe. Se lo estoy poniendo fácil».
Si insiste es porque cree que es un buen trabajo y que se puede vivir bien de él. Incluso como empleado considera que es una buena salida laboral: «Hay buenos sueldos y se trabaja ocho horas. De nueve a una y de tres a siete. Y los sábados y domingos, libres. Después también hay vacaciones. Es un sector que necesita mucha mano de obra. Nosotros somos tres. Y hay trabajo para todos». Lo que sí reconoce es que para ella es imprescindible la seriedad. Una característica común a cualquier tipo de empleo, no es exclusiva a su sector, aunque ella lo eche en falta. Sobre todo, con los nuevos perfiles: «Una vez vino un chico que el primer día ya llegó diez minutos tarde. Para mí eso es una falta de respeto. Porque si lleva con nosotros un tiempo y lo conoces, pues es otra cosa. Pero el primer día...».
Pero no todo es trabajar, porque Pilar también valora el descanso. «Todavía me acuerdo cuando decidimos cerrar los sábados... Mi padre no se lo tomó muy bien». Claro, antes eso era impensable. «Pero son muchas horas y se puede trabajar igual. Te das cuenta también de que el descanso también es necesario», añade. Necesario y muy merecido.