La actriz estrena «Pura sangre», el nuevo drama y «thriller» familiar de Telecinco. «He estado un par de meses aprendiendo a montar a caballo para la serie», confiesa
04 feb 2026 . Actualizado a las 16:15 h.Amaia Salamanca (Coslada, 1986) coge las riendas para galopar por La Galana, la finca señorial de los marqueses de Monteclaro en donde transcurre Pura sangre, la nueva ficción de Telecinco. La actriz, que comparte reparto con rostros como el de Blanca Romero o Ángela Molina, da vida a Miranda Acuña. En esta serie llena de misterio, su personaje deberá hacer frente a la crisis ocasionada por el envenenamiento de uno de los sementales más valiosos de la yeguada del negocio familiar.
—Justo te entrevistamos hace un año por «Muertos S .L.». ¿Te ha cambiado algo la vida o has cambiado tú algo en un año?
—Uy, ¡no, no! [Risas]. Lo que te puedo decir es que se me ha pasado volando, pero no creo que haya cambiado. Me gusta ver que el proyecto de ahora es distinto, que no es comedia, es más drama, un thriller familiar. Como a mí me gusta ir cambiando de registro, estoy contenta.
—En «Pura sangre» interpretas a Miranda Acuña. ¿Quién es?
—Miranda Acuña es la hija de una familia dedicada al mundo del caballo. La madre es marquesa, tiene una gran herencia y le gusta hacer las cosas de una manera más familiar. En cambio, el padre es el que quiere sacar el mayor rendimiento económico posible. Miranda está ahí en el medio de los dos para intentar hacer un balance. Además, tiene un hermano que es fotógrafo de guerra y está fuera, pero justo viene a hacer una visita y se encuentra con la muerte por envenenamiento de unos caballos en la finca.
—¿Es cierto que para construir el personaje te has inspirado en Marta Ortega?
—A la hora de hablarlo con los productores y los directores, también hacen sus propuestas. Cuando te hablan de los personajes decían que, además de que el marido se dedicaba al mundo del caballo, ellos también salían dentro de la prensa rosa. Pero por ser gente influyente, valorada por su profesión y por la empresa, no exclusivamente por el cotilleo. Dentro de esas pesquisas que me dieron, para mí a lo que más se podía parecer era a Marta Ortega.
—Y te ha tocado montar a caballo...
—Sí. Yo había montado alguna vez, pero una cosa es montar en un caballo y esto se supone que son pura sangre, que son enormes [risas]. Reconozco que me ha dado un poquito de respeto, pero me molaba tener que ponerme las pilas con los entrenamientos y aprender a que pareciera que llevaba toda la vida montando.
—¿Le has dedicado muchas horas?
—Jaime Zatarai, que es el que hace de mi marido, y yo hemos estado un par de meses recibiendo varias clases a la semana. Todo lo que fue montando a caballo se rodó durante el primer mes.
—¿Lo has llevado bien con el calor?
—Los entrenamientos fueron antes de comenzar el rodaje de la serie, por lo tanto, no hacía calor. Se ha llevado bien porque estás ahí en tensión, agarrándote fuerte y no te das ni cuenta del frío [risas].
—Intuyo que soltarías adrenalina, ¿no?
—Pues sí. Me ha encantado la experiencia por hacer algo a lo que no estaba habituada, ser un deporte nuevo y la conexión con el animal. Y a mí, por otro lado, la adrenalina también me gusta bastante.
—¿Lo añadirías a tu lista de «hobbies»?
—Pues... Es que necesitas encontrar el tiempo para poder hacerlo, organizarte, ir al picadero... Si dispones de una mañana entera para ti, pues sería maravilloso, claro.
—Como cuando lo intentaste con el golf...
—¡Exacto! [risas]. Pues mira, me ha pasado un poco igual.
—Has sido enfermera, directora de una funeraria, gurú espiritual, empresaria... ¿Qué profesión te gustaría explorar próximamente?
—¡Y he sido reina! Bueno, princesa, porque justo me casaba cuando interpreté a Letizia Ortiz [risas]. No sé, al final siempre digo que me gustaría hacer algo de acción. Como no me lo están dando, lo menciono mucho para ver si así hay suerte y me convocan en algún momento. Pero si no, pues algo un poco más quinqui y más canalla, porque es verdad que lo que ven en mí visualmente siempre es una gran empresaria o una gran abogada, tirando hacia lo alto. Me gustaría que pudieran ver en mí que puedo hacer otro tipo de papeles que no van por ahí. Pero, bueno, creo que por otro lado, tengo que ser yo a la hora de que cuando me toque interpretar un papel, no hacer cosas a las que estoy habituada o aportar otras nuevas. De hecho, ya lo intento y lo hago.