Núria Marín, presentadora: «He recibido mensajes del entorno de los Andic para que no hable del tema en redes»

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Núria Marín presenta «Lo que pasó, pasó»
Núria Marín presenta «Lo que pasó, pasó» CRIS PALOMAR

La catalana estrena «Lo que pasó, pasó», un formato que repasa los grandes momentos de la historia de la cultura popular española. «De adolescente, me rapé el pelo como Britney Spears. No descarto volver a hacerlo», confiesa

07 jun 2026 . Actualizado a las 12:38 h.

Tras dejar atrás Socialité, Núria Marín (Lérida, 1981) tuvo que reinventarse. Por eso, se colgó —literalmente— la corona para informar sobre la realeza y la crónica social en redes, donde ya acumula 2,7 millones de seguidores. La presentadora, que nunca ha dejado de defender el oficio del periodismo porque «no te tienes que dejar amedrentar», vive un buen momento profesional y conduce ahora Lo que pasó, pasó, una producción de RTVE Play en colaboración con Sidecar Media. Junto a colaboradores de diferentes generaciones, el formato aborda la historia de la cultura popular española y comprueba si los patrones se repiten.

—¿De qué va «Lo que pasó, pasó»?

—Es un programa que trata de analizar la sociedad española a través de sus personajes del corazón e intenta hacer un retrato en función de lo que consumían en determinados momentos de la historia, tanto pasada como reciente, para ver si es cierto aquello que dicen de que la historia siempre se repite.

—¿Tú crees que se repite?

—Siempre, porque las pasiones que nos mueven son las mismas, y a los famosos también. Sigue vendiendo exactamente lo mismo que hace 50 años: el amor, el conflicto, el dinero... Solo que en algunas nos hemos deconstruido algo, o al menos en apariencia. Aunque creo que nosotras seguimos saliendo malparadas, porque ha evolucionado un poquito mejor el tema masculino que el femenino. Todavía hay muchísimo machismo en el tratamiento que se hace de las noticias de corazón con respecto a las mujeres. Esa presión por cuándo te vas a quedar embarazada, que solo tenga interés la maternidad... Hay cosas en las que aún tenemos que mejorar.

«La historia siempre se repite porque las pasiones que nos mueven son las mismas, y a los famosos también. Sigue vendiendo exactamente lo mismo que hace 50 años: el amor, el conflicto, el dinero..»

—En el programa mezcláis perfiles muy diversos de colaboradores. Nadie diría que Esty Quesada [Soy una Pringada] tiene algo que ver con Chelo García Cortés...

—Justo. Es que la gracia es generar un debate intergeneracional, porque ahora vivimos en un momento en el que todo el mundo tiene en cuenta a la generación Z, que es a la que se busca complacer. Ellos tienen muchísimo que contar, pero las otras generaciones también. Por eso dijimos: «Vamos a ponerlas frente a frente y a ver qué se pueden aportar mutuamente». Creo que eso hace muy interesante el programa, porque te encuentras con Chelo y con Soy una Pringada, que a priori parecen distintas, pero siempre hay lugares comunes. Lo que buscamos es la transversalidad, porque siento que los medios hoy en día, en lugar de buscar eso, están muy fragmentados. Parece que quieren seducir a un determinado nicho y pienso que tenemos que llegar a todos los públicos.

—Antes no había redes, pero los famosos se atrevían a alimentar sus conflictos por la tele...

—Yo creo que antes el disimulo era menor, porque era un negocio muy grande y sabías que si te metías en un enfrentamiento con otro famoso, podías facturar millones. Es verdad que las redes alimentan un poco el conflicto dentro de ellas, pero es más de nicho, como el que hay entre Fabiana Sevillano y Sofía Surfers que, por cierto, es ultratóxico. En este aspecto no ha cambiado la sociedad porque el motivo de su conflicto es: se ha besado con mi exnovio. Son dos mujeres enfrentadas por un hombre, todo se repite: Isabel Pantoja, Lolita y Paquirri. Sin embargo, el problema entre ellas puede interesar dentro de TikTok, pero no me imagino una tertulia televisiva con una audiencia más adulta interesada en ella. En cambio, el caso entre Lolita e Isabel Pantoja, sí que interesaba a otras generaciones porque los tres eran muy famosos y había pedigrí.

—¿Crees que la generación Z es más cotilla que las anteriores?

—No, yo creo que eso no ha cambiado. Son exactamente igual de cotillas los zeta que los millennials, los boomers... Es algo inherente en el ser humano, sea de la generación que sea [risas].

—Tú también viviste un momento de cultura pop en tu adolescencia. Te rapaste la cabeza como Britney Spears...

—Sí, creo que eso lo hicimos la mayoría de adolescentes en los noventa. Me rapé y considero que estaba muy guapa. ¡No descarto volver a hacerlo!

—Tanto tú como tus excompañeros de «Socialité», Javi Hoyos o Arnau Martínez, habéis sabido reinventaros...

—Los tres tenemos una cosa en común y es que somos muy trabajadores y muy disciplinados. Hubo un momento en el que nos dimos cuenta de que en esta profesión no puedes estar esperando a que alguien te dé la oportunidad, que es algo que yo siempre había pensado que era así. Ahora puedes buscártela y las redes sociales te proporcionan eso. Solo necesitas un móvil y un perfil en una red social. Antes solo podías trabajar en los medios si alguien te llamaba, pero ahora eres libre para hacer contenido. Eso sí, para que funcione, tienes que ser muy insistente y pensar muy bien en cuál va a ser tu estrategia para diferenciarte.

«En esta profesión no puedes estar esperando a que alguien te dé la oportunidad, que es algo que yo siempre había pensado que era así»

—Además, al ser tu propia jefa no sufres vetos...

—Claro, pero no es que antes hubiese vetos, sino que había temas con los que debías tener cuidado porque a lo mejor tu productora estaba negociando con determinado famoso para llevarlo al programa, tú no podías meterle zascas, ya que te cargabas la negociación. Antes igual me apetecía mucho hablar de un tema, pero me decían que no encajaba con el formato o con la audiencia. Ahora esto me permite hablar de absolutamente todo con libertad y probar diferentes registros. Si te fijas, en mi perfil no solo hablo del corazón, muchas veces lo hago de otras cosas. Eso me permite explorar nuevos estilos.

—Además de Paula Echevarría o Marta Pombo, ¿te ha hablado algún famoso por redes para que quitases información?

—Con el tema de Isak y Jonathan Andic sí que he recibido mensajes de su entorno cercano diciéndome: «Hay que tener cuidado con esto, no hables...». Pero, al final, el tema está en la calle y el detective que ha contratado Jonathan Andik está yendo a la tele y a la radio a hablar con los medios. Todos tenemos derecho a recoger lo que está diciendo este hombre. A veces hay gente del entorno que se toma la libertad de hablar sin que los interesados hayan dicho nada. En el mundo del famoseo y del corazón, para mí siempre son más pesadas las personas cercanas a los famosos que el famoso en sí.

«En el mundo del famoseo y del corazón, para mí siempre son más pesadas las personas cercanas a los famosos que el famoso en sí»

—¿Te ha pasado muchas veces?

—Sí, y piensas: «Que me lo venga a decir él, porque a lo mejor no sabe que tú me estás escribiendo». Como periodista no te tienes que dejar amedrentar porque primero, existe la libertad de información y, segundo, yo siento que mis vídeos están hechos desde el respeto. Sí que es verdad que, por ejemplo, la gente no encaja bien los vídeos que hago sobre la familia real española, pero creo que estamos ante un problema muy grande de que hay tanta crispación que las personas no son capaces de diferenciar un vídeo de humor de uno ofensivo. El otro día hice uno sobre el mensaje que grabó Letizia contra el tabaquismo donde hablaba de los componentes de los cigarrillos y el váper. Mencionó un montón de palabras rarísimas y yo dije: «Esto es un trabalenguas, estas palabras no existen». Es evidente que es de broma, pero me contestaban: «¡Sí que existen!». No sé si es que estamos tan poco concentrados que solo miramos por encima el contenido o solo leemos los subtítulos y ni siquiera nos quedamos con el tono con el que se dicen las cosas. Eso cansa un poco.

—¿Qué es lo más surrealista que has escuchado por el pinganillo?

—Una vez estaba en directo, creo que en Sálvame, y se debió de cruzar la señal y empecé a escuchar la retransmisión de un partido de fútbol. Pero seguí hablando, tengo la capacidad absoluta de disociar todo lo que escucho y lo que hago. Puedo estar en un sitio con mucho ruido y estar concentrada.

—Que te equivocases, sería lo menos grave que hubiese ocurrido ahí...

—Si eras capaz de sobrevivir en Sálvame, eres capaz de hacer cualquier cosa, porque exigía mucho a nivel televisivo. Tenías que soportar tensión durante horas. El directo genera eso a nivel físico y a nivel mental, debes reaccionar rápido. Sí que es cierto que estabas muy apoyado por dirección, pero al terminar el programa necesitaba tomar azúcar, me atiborraba a chucherías. Me hubiera gustado consultarlo con un médico porque seguro que tiene una explicación. Igual era porque se me quedaba el cerebro sin glucosa [risas].

«Cuando terminaba de presentar "Sálvame", necesitaba tomar azúcar. Me atiborraba a chucherías»

—Pero llegaste a dejar a tu pareja en Fuerteventura por ir a presentarlo...

—Claro, pero esto son cosas que a lo mejor no repetiría. Yo me pedía vacaciones, después había un problema, llegaba a Fuerteventura y me llamaban: «¿Puedes venir a presentar?». Y yo decía: «¡Si me había pedido vacaciones!». Pero claro, ¿qué hago? Porque en esta profesión hay esta cosa de que si dices que no, igual llaman a otro. Y ahora, a lo mejor piensas: «Ya, pero es que he dejado solo a mi novio tres días en Fuerteventura y yo he perdido otros siete de vacaciones». Que es muy guay ir a hacer Sálvame, pero también es importante disfrutar de tu vida personal.

—¿Es de lo que más te arrepientes de tu carrera profesional?

—De lo que más me arrepiento es de cosas personales como haberme involucrado mucho con un tema o pensar que el trabajo era más importante que mi vida personal. También sentir hasta qué punto eso se ve recompensado, porque después no vuelve la oportunidad de hacer determinadas cosas que he dejado de hacer por el trabajo. De lo que haya podido hacer como periodista del corazón, habrá muchas, pero en el momento en el que se hacían era lo correcto. Los códigos han cambiado y sentirme mal por algo que podía hacer hace 20 años tampoco es justo.

—Ahora te casas. Prepararle los tápers a Juanlu cuando él no podía ha tenido su recompensa...

—¡Sí! [Risas]. Es muy heavy la evolución, hemos crecido muchísimo juntos. Cuando empezamos, los dos éramos estudiantes y teníamos el dinero justito que nos daban nuestros padres para el mes. Me acuerdo de que íbamos a comer un bocadillo y lo compartíamos porque no teníamos para más y éramos becarios. El otro día hablaba con él de que cuando teníamos 25 años nos fuimos a Nueva York y mirábamos muy bien adónde ir porque nuestra economía no era muy boyante. Estaría guay ir ahora y repetir eso que hicimos cuando teníamos poco dinero.