«No se puede estar todo el día metida en casa, toda la vida fui una mujer luchadora», afirma con rotundidad la recién estrenada centenaria
13 jun 2026 . Actualizado a las 22:58 h.Hoy cumple 100 años. Nació en Carral (A Coruña) el 13 de junio de 1926. «Es una tierra de pan rico. ¿Sabes que hay 35 panaderos en la localidad? Yo tomo poco porque no soy muy comilona y, además, no quiero engordar», comenta Francisca López Bugallo mientras apura su café con leche de las doce del mediodía. Le acompaña su hija, Susana, que de vez en cuando le traslada mis preguntas con un tono de voz más alto porque Francis, como la llama todo el mundo, no oye demasiado bien. Uno de sus secretos para llegar así de bien al siglo de vida es claro. «No se puede estar todo el día metida en casa, siempre fui una mujer luchadora», asegura. Desayuna en su domicilio de la calle Santa Lucía de A Coruña un café grande con «dos o tres galletas», precisa. A las doce la mañana y a las seis de la tarde sale a tomar el café. Al mediodía suele ir al Berry, un coqueto local situado en lo alto de la escalinata de Santa Lucía, muy próxima a su casa y que ahora mismo está en pleno proceso de rehabilitación. Por la tarde se decanta por la cafetería Arpa, que está a tan solo unos metros, pero en la parte baja de la escalinata. «Aquí [estamos en la terraza del Berry] a veces hace corriente y por eso voy a la otra», aclara. Vestida de manera elegante y sin aparentar para nada los 100 años que hoy cumple, comenta otro de sus secretos de la longevidad. «Me casé dos veces y no tres porque no quise», asegura con sonrisa picarona. Pero no todo fueron alegrías en su siglo de vida.
EL PERIÓDICO Y LA FAMILIA
Enviudó por primera vez a los 22 años. Ya era madre de Ricardo, al que sigue teniendo muy presente. «Era ingeniero naval y un tesoro», recuerda a su hijo fallecido. A los 39 años se casó de nuevo y fruto de esta relación nació Susana, que la acompaña en el café de las doce. Se le nota que tiene don de gentes. Saluda con cariño a la camarera, Natalia. No en vano se pasó muchos años de su vida trabajando de cara al público. Montó una mercería con su hermana en la plaza de Pontevedra que se llamaba Lovel y que todavía conserva el nombre en el edificio. Más adelante, abrió otra tienda en su calle, Santa Lucía, en la que despachaba ropa, artículos de mercería y un poco de todo. La bautizó con el nombre de Francis, como ella. Una vida en la que nunca faltó La Voz de Galicia por la mañana en su casa para estar informada de todo. Hasta que termina la lectura no se prepara para bajar a la calle. Después de comer pega una cabezada y se va despertando con Saber y ganar y los documentales de animales de La 2. A las seis de la tarde, vuelve a la calle y durante una hora disfruta del café y de la gente que la rodea. «Cuando tenía la tienda estaba allí de nueve de la mañana a nueve de la noche. Mis padres eran labradores y tenían muy claro que teníamos que estudiar. Aprendí a luchar y gracias a ello me fue bien con el negocio y eduqué a mis hijos con esa cultura del esfuerzo», relata Francisca, que tiene cuatro nietos y cinco bisnietos. Hasta hace poco iba a nadar a las instalaciones de La Solana, pero los años no pasan en balde. Camina con la ayuda de un bastón y le encantan las comidas familiares en Carral. Hoy celebrará el centenario en el Casino. Y el lunes no faltará a sus cafés.