El tatuador de peregrinos que nunca ha hecho el Camino

ALEJANDRO CASTILLO / M. V

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Ethan Clay, tatuador de peregrinos
Ethan Clay, tatuador de peregrinos PACO RODRÍGUEZ

Ethan Clay, de 39 años, llegó a España hace casi dos décadas y desde Santiago se ha dedicado a convertir las historias de los peregrinos en tatuajes como el detalle del sello de la ruta jacobea

12 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando lo llaman por su nombre original se siente raro, tanto que está en proceso de cambiarlo oficialmente. «A finales de este año Ethan Clay será mi nombre legal», dice quien prefiere no desvelar su nombre de pila. A los 15 años decidió que iba a dedicar toda su vida al tatuaje, algo en lo que se reafirmó después de dejar la carrera de Arquitectura, en Ecuador, su país natal. «Me di cuenta de que quería montar mi propia empresa», señala. Ethan creció en Guayaquil, por eso le resulta especial cuando entran al estudio compatriotas suyos, incluso del mismo barrio. «Una vez llegó un cliente ecuatoriano que resultó ser un antiguo enemigo. Al final, lo tatué y nos dimos la mano», indica el ya conocido como tatuador del Camino.

Vive en Santiago desde hace 18 años y después de hacerse muy conocido gracias a una influencer italiana a la que tatuó al finalizar el Camino, los peregrinos que acuden a sus estudios aumentan cada año, sobre todo en el verano. «La demanda ha crecido tanto que hace dos años me vi obligado a abrir dos centros más en Santiago».

Muchas personas creen que el verano no es una buena época para tatuarse, aun así el número de gente que recibe es mayor que en invierno. «Ahora ya no lo desaconsejo, porque ya existen métodos para protegerlo del sol. Yo uso un apósito adhesivo que es una segunda piel dermatológica que lo deja totalmente hermético. Yo mismo me he metido en la piscina y he ido a la playa a hacer windsurf, y como si nada», explica. Después de haber tatuado a muchos peregrinos, tantos que ya no sabe dar una cifra, aún hay historias detrás de algunos tatuajes que sigue recordando con cariño. Muchos llegan queriendo los mismos símbolos: la concha, la flecha, la mochila. Otros le piden cita con meses de antelación para que les vaya preparando un proyecto más personalizado, y luego está la gente que encuentra su inspiración caminando.

UN SELLO IMBORRABLE

El tatuaje que más lo ha marcado es el de un petirrojo que le pidió una clienta que hizo el Camino con sus hermanos después de perder a su padre: «Les pidió a sus hijas que esparcieran sus cenizas en Fisterra. Ella me dijo que llevaba viendo al pájaro desde que él murió y cuando tenían la urna en las manos, un petirrojo se posó encima. Es que no es solo el tatuaje, sino la historia que hay detrás».

Hay peregrinos que cada vez que repiten el Camino recurren a él. «Tengo clientes que llevan cinco años seguidos tatuándose conmigo. Hay uno al que le hice un pulpo envuelto en un mojón del Camino, y cada año que repite añade el año debajo, está lleno de tatuajes de simbolismos del Camino». Para Ethan, todos somos un lienzo andante y los tatuajes cuentan historias. «Para mí, es plasmar etapas y capítulos cerrados de tu vida. Yo incluso llevo unos sobre mi matrimonio, iguales con mi mujer, y si algún día me separo no me los pienso quitar. Es una etapa marcada en mi vida y en mi cuerpo, no tengo por qué borrarla».

Tatuaje de un petirrojo que le realizó a una peregrina
Tatuaje de un petirrojo que le realizó a una peregrina

Siempre ha dicho, con ironía, que nunca ha hecho el Camino. Tenía pensado hacerlo este año, pero le tocará posponerlo hasta el próximo por trabajo. «Empezaré desde Sarria porque soy un poco flojo», dice entre risas. Cuando lo haga se tatuará la palabra latina ultreia. «Me gusta el significado: ‘Siempre hacia adelante’. Aún no sé en qué parte del cuerpo me lo haré, porque ya tengo demasiados tatuajes, pero le buscaré un hueco». Asegura que sus diseños ofrecen el recuerdo imborrable que no puede darte la compostela de papel: «Yo siempre digo que mi estudio es el que se encarga de poner el último sello del Camino que llevas para toda la vida».