¿Qué hay detrás de la misteriosa esquela publicada 21 años después de la muerte de su amada Lola?

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MABEL R. G.

Una persona anónima quiso recordar hace unas semanas al amor de su vida: «Cada día y cada noche he pensado en ti y he soñado contigo [...] Solo quiero estar contigo. Te quiero». Analizamos con expertos para saber lo que se esconde tras de esta declaración

05 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Un amor que todo lo puede. Que está incluso por encima de la muerte y del paso del tiempo. Eso es lo que se esconde detrás de la esquela homenaje que una persona anónima quiso publicar hace unos días en un periódico de tirada nacional. Contrató una plana entera en la que ponía lo siguiente: «Querida Lola, amor mío. Hoy hace 21 años que te fuiste. Cada día y cada noche he pensado en ti y he soñado contigo. Jamás habrá un ser humano como tú. Solo quiero estar contigo. Te quiero». No era la primera vez que lo hacía. El año pasado también publicó otra dedicatoria similar rodeada de misterio. Con estos ingredientes resulta inevitable que surjan las incógnitas. No se sabe nada de la fallecida, tan solo aparece su nombre de pila, ni de quien ama tan intensamente 21 años después que pretende gritarlo a los cuatro vientos, pero manteniendo su anonimato.

Lo que si hay es un tema que subyace sobre todo lo demás: si existe el amor eterno, y si se puede amar con tanta intensidad dos décadas después del fallecimiento de la persona amada, tal y como da a entender la misiva. Analizamos estos y otros aspectos con la sexóloga Arantxa García y con la psicóloga experta en duelo Chus Taboada. Y veremos si llegamos a las mismas conclusiones.

«Se me ocurren varios escenarios diferentes detrás de eso. Ha puesto dos esquelas. Una a los 20 años y otra a los 21. Pero no las ha puesto a los diez ni a los cinco..., entonces es probable que haya estado viviendo su vida durante este tiempo y que, ahora, ante una ruptura, la eche de menos. O que le haya sucedido alguna otra cosa, como puede ser el fallecimiento de alguien u otro evento, que le haya hecho recordar que echa de menos a esa persona. Pero, claro, todo esto son elucubraciones, porque apenas tenemos datos», dice Arantxa García.

«Algo ha debido de pasar para que ahora ponga la esquela. Puede ser incluso que le haya ocurrido algo bueno, no tiene por qué ser malo, y eso le ha llevado a aprender a valorar lo que antes no valoraba. O que sea una idealización de esa relación», insiste.

Sorprende también la intensidad con la que manifiesta querer a esa mujer después de haber pasado tanto tiempo: «Se puede querer a alguien 20 y 30 años después, sin duda. Ahora, no se puede medir la intensidad con la que se quiere a alguien por su manera de expresarse. Hay personas que externalizan más los sentimientos, los hacen más visibles. Y hay otras que tienen maneras de querer menos llamativas, con menos bombo y platillo. Y eso no quiere decir que no se quiera con la misma intensidad». «Sí se puede querer a una persona 20 años después. También se le puede echar de menos y no tiene por qué ser amor. Ambas cosas pueden darse», comenta Arantxa, mientras ahonda más en esta idea: «Echar de menos a alguien no solo habla de amor. También puede hablar de un duelo no realizado, de una relación de dependencia o de otras cosas... Tú puedes amar a alguien y no echarla de menos».

En esta declaración, llega incluso a verbalizar que solo quiere estar con ella, cuando sabe que es imposible. «Puede ser también un pensamiento depresivo, aunque seguimos elucubrando. La gente cuando está deprimida, a menudo tiene esos sentimientos de querer morirse para reunirse con alguien», indica la psicóloga y sexóloga, que tampoco descarta que detrás del anonimato pueda esconderse una infidelidad. «Podría ser. Está claro que hay algo oculto, porque no aparece el nombre completo de la fallecida. Imagínate también que la persona tenga sentimientos de culpa. Que no lo haya hecho bien en su momento y ahora esté arrepentida. No se puede saber qué hay detrás», aclara.

No siempre duele

Lo que sí tiene claro Arantxa García es que el amor no siempre duele. «Cuando el proceso de duelo se ha completado, puedes tener de alguna manera una relación interna con esa persona, la sigues sintiendo a tu lado, pero no tiene por qué doler si se completa el proceso. Entonces, en este caso puede ser que esa persona esté en estos momentos solo, con mucha pena porque acaba de romper recientemente con otra pareja y ahora ve a la otra persona como fabulosa...», añade.

«Hay una parte como de fantasía, de amor romántico. Recuerda un poco al siglo XIX, como si fuera una dedicatoria de la época de Bécquer... Pero también podría interpretarse como alguien que tiene un duelo no resuelto», comenta Chus Taboada, experta precisamente en este campo. «Podríamos darle muchas interpretaciones, porque también hay un punto de amor mal entendido, en el sentido de llevarlo hasta las últimas consecuencias. Pero, en principio, me parece que es más un duelo no resuelto, aunque habría que indagar más sobre qué ha pasado ahí», asegura. «Hay características específicas del duelo que tienen que ver con el tipo de muerte, qué le pasó a esa persona, si fue una muerte repentina; qué edad tenía; qué circunstancias se dieron alrededor del fallecimiento para que la otra persona se quedara enganchada de esta manera. Si la muerte se produce de una manera repentina o inesperada, entraríamos en lo que se llama duelo traumático», indica. En estos casos, «el cerebro no está preparado para afrontar esa realidad». «El duelo es un proceso, no es una reacción, y como tal necesita un tiempo para digerirse. Podemos hacer un símil con la comida para entenderlo mejor. Si nos atragantamos con algo, pues nos va a costar mucho tiempo volver a recuperar el ritmo de la comida. Vamos a tardar en volver a comer alimentos que hayan estado relacionados con ese atragantamiento», asegura. «Entonces, si pensamos en una muerte sobrevenida, y no te quiero contar ya si es a manos de otro, que entonces aún tiene peor pronóstico, y dependiendo de las circunstancias que rodean esa pérdida, podríamos hablar de cómo esa persona va a afrontar ese duelo. El hecho de que, a lo mejor, no haya podido rehacer su vida, también juega en su contra a la hora de realizar un duelo normal», aclara.

Idealización

Para Chus Taboada da la impresión de que la persona que escribe esta declaración de amor sigue sin poder desvincularse de esa relación. «También puede ocurrir en los procesos de duelo que aparece un estado de idealización. Pero la idealización siempre esconde algo traumático, no resuelto. Es un mecanismo de supervivencia. No se elige, y puede estar marcada por acontecimientos previos a otro tipo de pérdidas, no tiene por qué estar relacionado con esta. La idealización suele ser un componente que se activa como recurso infantil, y no se elige. De alguna forma ayuda a gestionar una pérdida y un dolor», comenta. «Muchas veces, incluso en relaciones patológicas, como pueden ser de malos tratos, te puedes encontrar a una persona anclada en aquel día que fue con su pareja a ver la puesta de sol. Solo escoge los momentos positivos, no los malos. Y es un proceso de idealización que, evidentemente, nunca es voluntario», explica.

El hecho de que lo publique en dos años consecutivos «puede ser significativo para esa persona, que tenga algo que ver con el vínculo que tenía con la persona fallecida, por algún tipo de promesa que le haya hecho. Este tipo de promesas que se hacen en el lecho de muerte, por ejemplo». «También puede estar relacionado en esa idealización y ese romanticismo. El texto está muy anclado en la idea de amor infinito», añade.

«La dedicatoria tiene un punto literario. Por eso, me recuerda un poco más a una época romántica, y da la sensación de que se trata de una persona mayor, que tiene esa necesidad de vivir el amor así. Hay algo también cultural en eso. Este tipo de amor no pega con un veinteañero, ni siquiera con alguien que tiene 40 o 50 años. Yo diría que a partir de 60 como mínimo. Incluso más», concluye.