Por la mañana profes, por la tarde campeonas gallegas: «A la gente le sorprende que entrenemos tantísimas horas»

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El equipo femenino de Traineras del Salgado Perillo durante uno de sus entrenamientos en Santa Cristina
El equipo femenino de Traineras del Salgado Perillo durante uno de sus entrenamientos en Santa Cristina MARCOS MÍGUEZ

El campeonato gallego fue el principio. Solo en agosto se han hecho con la Liga Gallega de Traineras y con el Trofeo Teresa Herrera. Ahora van a por más con un nuevo sueño: conquistar La Concha

01 sep 2026 . Actualizado a las 09:35 h.

A las seis de la tarde, Antía Ozores termina su jornada laboral. No se va a casa. Tampoco es el momento de sentarse a estudiar el máster que cursa mientras trabaja en su centro de estudios en Boiro. Se sube al coche, enciende el motor y pone rumbo a A Coruña. Una hora y veinte de carretera por delante. Y al llegar, a remar.

Tiene 26 años y se incorporó a la trainera femenina de Salgado Perillo en mayo, aunque Sebastián Acerbi, su entrenador, ya había intentado convencerla meses antes. «Él me llamó en octubre, pero decidí que no era buena opción porque soy de Boiro», cuenta. Una hora y veinte de coche para ir y otro tanto para volver, después de una jornada de trabajo y con un máster por sacar adelante, no parecía la mejor combinación. Pero una vez vio competir al equipo algo cambió.

Ahora hace el trayecto casi sin pensarlo. Entre semana entrena en casa con un ergómetro y los viernes se desplaza para quedarse durante todo el fin de semana junto al equipo. «Faltar algunos días se nota, pero las veo cuatro días a la semana», explica. El esfuerzo empezó a tener sentido muy pronto. Apenas tres semanas después de incorporarse disputó su primera regata, ganaron. «En ese momento vi posibilidades», recuerda.

Las posibilidades terminaron convirtiéndose en una realidad. Primero, el Salgado Perillo se proclamó campeón gallego. Hace dos semanas ganaron la liga y el fin de semana pasado conquistaron también el Trofeo Teresa Herrera por primera vez en su historia. En septiembre, llegará otro reto, La Concha, en San Sebastián, una de las grandes citas del calendario. Pero para entender cómo un grupo de mujeres que estudian, trabajan a turnos en hospitales u oficinas, tienen hijos o incluso regentan sus propios centros de estudios ha acabado convirtiéndose en uno de los equipos a batir hay que mirar más allá de las competiciones. Mucho más allá.

«El remo es un deporte del que la gente no sabe prácticamente nada», dice Antía. Lo que más sorprende a quienes descubren cómo funciona no es solo la competición, sino el compromiso necesario para llegar a ella. «A la gente le sorprende que entrenemos tantísimas horas muchos días a la semana». En Salgado Perillo nadie vive del remo. O, al menos, no todavía. Por las mañanas tienen trabajos y ocupaciones muy variadas. Por las tardes se convierten en remeras. Durante la temporada entrenan hasta seis días a la semana, y esto no siempre es fácil.

María Lema lleva cinco años en el club. Llegó casi de casualidad. Su hermano tenía un problema en los pies y ambos buscaban un deporte en el que pudiera utilizarlos menos. «Vimos el remo y buscando dimos con este club porque somos de A Coruña». Empezaron con el remo de ocio, una modalidad de iniciación que se practica los domingos, y acabaron enamorándose. «Con el tiempo mi hermano se fue y yo me quedé», cuenta entre risas.

Lo que empezó como una actividad para acompañar a su hermano terminó ocupando una parte importante de su vida. Cinco años después, María conoce perfectamente lo que significa organizar una semana alrededor de los entrenamientos. Trabaja en una oficina con horario partido. Los entrenamientos en el mar comienzan normalmente a partir de las siete o las ocho de la tarde, así que cuadrar agendas a veces es todo un reto.

La plantilla es joven y veterana al mismo tiempo. La más pequeña tiene 16 años y las mayores rondan los 35. Una mezcla que, lejos de ser un problema, Sebastián Acerbi considera una de las fortalezas del equipo. «Las edades variadas son positivas», explica el técnico. Las más veteranas aportan experiencia, serenidad y conocimiento de la competición. Algunas incluso saben lo que es remar en Primera División en el País Vasco. Las jóvenes ponen «ilusión, hambre de ganar, vida y una energía que contagia al resto».

El sacrificio no siempre se ve desde fuera. «Hay días que estás cansada y piensas que tienes que ir a entrenar, pero luego llegas allí y se te pasa», explica Antía. Ahí está la otra parte: el remo exige tiempo, pero también devuelve algo. La vida del equipo no termina cuando las remeras salen del agua. Intentan que tampoco se limite a las horas de entrenamiento. «Cuando es la San Silvestre solemos quedar a correr y después de entrenar casi siempre nos quedamos a tomar algo. Intentamos hacer vida más allá del agua», cuenta María. Aunque muchas veces, inevitablemente, el remo acaba apareciendo en las conversaciones: «Es bastante habitual que acabemos comentando cosas del entreno».

Esa convivencia también explica parte del rendimiento de una embarcación en la que la coordinación es fundamental. No basta con que cada remera sea fuerte. Todas tienen que remar como una sola. «Lo más importante es la coordinación, tanto en la pala como en el cuerpo», explica María. Hay que prestar atención a los estímulos externos, a las olas, a lo que hacen los otros equipos y, sobre todo, escuchar a la patrona. «Ser compañera con la de al lado y con la de delante y de detrás». La frase resume bien la filosofía del equipo.

En el agua, cualquier pequeño desfase puede romper el ritmo de toda la embarcación. Por eso la preparación cambia a medida que avanza la temporada. Al principio se trabaja especialmente el fondo físico. Son sesiones largas, pensadas para que el cuerpo se acostumbre al esfuerzo y para construir una base sobre la que después trabajar la velocidad. Pueden hacer sesiones de 30 minutos seguidos y recorrer entre 18 y 20 kilómetros. A medida que se acerca la competición, el trabajo cambia. Se introducen sesiones más rápidas y se busca que el cuerpo sea capaz de mantener un ritmo elevado durante la regata. En determinados momentos llegan a alcanzar las 38 paladas por minuto. Durante la temporada descansan solo un día.

Cinco jornadas de entrenamiento son en el mar y una en tierra, y pueden durar entre una hora y media y dos horas y media. La playa de Santa Cristina y la ría del Burgo son algunos de sus escenarios habituales. Allí se repite una y otra vez el mismo movimiento. Adelante, atrás. Meter la pala. Tirar. Recuperar. Volver a empezar. Y hacerlo todas a la vez.

Después de ganar el campeonato gallego y la Liga el objetivo es cerrar un verano histórico conquistando La Concha. «Desde el principio el objetivo era, si no ganar, mantener el podio en liga y ganar La Concha», resume María. La primera parte no fue sencilla. La competición obliga a viajar constantemente y, para un equipo amateur, cada desplazamiento supone un esfuerzo añadido. La mayor parte de las regatas se disputan en el sur de Galicia. Eso significa kilómetros, gasolina, alojamiento y logística. El equipo calcula unos 90.000 euros anuales solo en desplazamientos. «Nos tenemos que desplazar bastante. Estamos haciendo campañas para poder sufragar estos gastos», explica María.

Para competir al máximo nivel no basta con tener una buena plantilla. También hace falta dinero para llegar a las regatas. Y ahí aparece otro de los problemas que arrastra el remo femenino: la visibilidad. «Cuando le dices a alguien que en el País Vasco la gente se dedica a esto se sorprenden mucho». Allí algunos clubes llegan a negociar con las empresas para reducir las jornadas laborales de sus remeros. En Galicia, la mayoría tiene que encajar el deporte entre las obligaciones del día a día.

Acerbi conoce las dos realidades. Remó desde pequeño en A Pobra, pasó por varios clubes y terminó en el País Vasco, donde estuvo ocho temporadas y llegó a dedicarse profesionalmente al remo. Cuando recibió la llamada de Salgado Perillo decidió cambiar de aires. «Me vine con el objetivo personal de buscar algo que me motivara a mayores de remar yo y lo encontré».

Ahora intenta trasladar al equipo parte de todo lo aprendido durante aquellos años. El entrenador insiste en que el remo femenino todavía está un paso por detrás. Entrenan lo mismo, compiten igual y afrontan las mismas distancias, pero la igualdad todavía no ha llegado a todos los ámbitos.

Por la mañana, cada una vuelve a su vida. A la oficina, a las clases, a los hospitales o a los libros. Por la tarde, cambia el escenario. Se ponen la ropa de entrenar, cogen el remo y bajan al agua. Entonces ya no son profesoras, estudiantes, enfermeras, trabajadoras de oficina ni madres. Tampoco importa quién lleva más años en el equipo o quién acaba de llegar. Son una trainera. Una sola.

Ahora quieren que todas esas horas de carretera, de trabajo, de entrenamiento y de convivencia se traduzcan en un título más. El Salgado Perillo ha llegado para quedarse.