La transformación de Adrianne Black
Creció como el 'príncipe heredero' del supremacismo. Hoy es una mujer trans
Hijo de un destacado dirigente del Ku Klux Klan, su padre lo preparó como al «príncipe heredero» del supremacismo blanco estadounidense. Todo empezó a cambiar para Adrianne cuando llegó a la universidad, pero aún no sabía cuán lejos le iba a llevar ese cambio y todo lo que iba a perder en el camino. Ella misma nos lo cuenta.
Adrianne Black creció en un hogar donde las personas negras eran consideradas inferiores; los judíos, el enemigo; y donde el cumpleaños de Adolf Hitler se ... celebraba con una tarta. Su padre, Don Black –un conocido dirigente supremacista de Estados Unidos–, es, además, el fundador del primer sitio web de extrema derecha del mundo. Su padrino, David Duke, es un destacado líder del Ku Klux Klan.
En 1999, cuando tenía 10 años, Adrianne apareció en el programa de televisión junto con los líderes supremacistas blancos de la Iglesia bautista de Westboro (Misuri) y desempeñó un papel clave en la promoción de las políticas del Klan. Asimismo, siendo adolescente, aprendió a programar por su cuenta para crear una web dirigida a niños de extrema derecha, e impartió seminarios para explicar a otros jóvenes cómo presentar el racismo de una manera que lo hiciera socialmente aceptable: sin esvásticas, haciendo énfasis en la lucha contra el crimen. Con esta estrategia, precisamente, ganó un puesto en el comité ejecutivo del Partido Republicano en Palm Beach (Florida) en 2008. Su futuro parecía escrito. Entonces era Derek Black.
Ahora es Adrianne, tiene 37 años, mantiene una relación con una mujer judía y trabaja como asistente de dirección en un grupo de teatro alternativo de Baltimore. En estos años ha cambiado de identidad, ha perdido a su familia y ha transformado por completo su forma de ver el mundo.
En el entorno familiar en el que nació, las personas transgénero y homosexuales eran consideradas 'repugnantes'. Por eso, durante décadas, Adrianne guardó silencio sobre su deseo de tener un nombre de mujer y un cuerpo femenino porque ya de niño, cuenta ahora, le gustaba vestirse a escondidas con la ropa de su madre y se colocaba el pelo detrás de las orejas para afeminar su rostro. Aunque tardaría mucho en llegar a conceptualizar lo que le pasaba. «Creía que si alguna vez salía a la luz mi secreto perdería todo lo que era importante para mí».
En la universidad, Berek Black se integró con los estudiantes judíos. Los enemigos abstractos se convirtieron en amigos reales y empezó a cuestionarse su ideología
Su familia pertenece a la 'élite nacionalista blanca' y tiene una extensa red de contactos en todo el país. Ya con 9 años acudía con su padre a congresos de extrema derecha y difundía en la radio teorías racistas o historias sobre la opresión de la raza blanca en Estados Unidos, el supuesto 'genocidio de blancos'. Según explica ella misma, quería hacer la vida imposible en Estados Unidos para los afroamericanos y los judíos, paso a paso: primero, a nivel local y, luego, en la política federal. Así lo había planeado la extrema derecha, y así era como Black debía llevarlo a cabo. No en vano había sido proclamado «el heredero» por un sector del movimiento nacionalista blanco.
«Hoy me avergüenzo de todo», dice Black, que ha escrito una autobiografía titulada El hijo del Klan. En el libro describe su vida con su padre, racista, y su posterior alejamiento de aquel entorno. Ahora ha ido un paso más allá al anunciar que es transgénero y que desea ser tratada como mujer.
«Pensaba que cuando nacías te asignaban un papel en la vida –dice Black– y tenías que desempeñarlo, quisieras o no. Así lo interioricé desde la niñez». Durante muchos años interpretó a la perfección el papel que se le había asignado.
Pero en 2010 se matriculó en la universidad para estudiar la carrera de Historia. «Aunque siempre tuve claro que, por encima de todo, estaba destinada a hacer historia yo misma». Solo que no podía imaginar cómo acabaría haciéndola.
Adrianne ha cambiado de identidad dos veces. La primera perdió todo lo que le importaba: su familia, su hogar... La segunda, solo perdió «el miedo a no ser amada por ser quien soy»
Cuando llegó a New College, una universidad progresista en el oeste de Florida, a nadie en su familia le preocupaba que la tolerancia y la apertura política de su facultad pudieran influir en su desarrollo. Tampoco Derek Black lo creía. Siempre había debatido con periodistas de izquierdas, pero nunca había llegado a cultivar la amistad con gente de otras tendencias ideológicas ni había tratado con personas negras o judías.
Tras ser admitido, Black intentó mantener en secreto sus antecedentes supremacistas, pero en el primer semestre ya se hicieron públicos en un foro universitario. Y es que, en aquel momento, Black estaba en Alemania como parte de un programa de estudios en el extranjero y su padrino, el fundador de los Caballeros del Ku Klux Klan, David Duke, la llevó a hacer un tour por los lugares más representativos del Partido Nazi de Hitler.
Duke le aconsejó que no tuviera miedo a ser expuesto, porque enfrentarse a la indignación de sus compañeros la forjaría como una activista aún más eficaz.
Pero no sucedió lo que su padrino esperaba. A su regreso a la universidad, Black comenzó a integrarse aún más con los estudiantes judíos y de otras minorías. En gran parte, porque se sentía atraído por Zoë, una chica judía, a la que conoció al llegar a New College, y por su amistad con Matthew, un compañero de clase que también era judío y organizaba una cena de Shabat todos los viernes en su casa, a la que Derek comenzó a asistir. Los enemigos abstractos se convirtieron entonces, gradualmente, en amigos reales y no pudo evitar cuestionarse su propia ideología supremacista.
En los años siguientes llevó una doble vida, hasta que en julio de 2013 decidió renunciar públicamente a la ideología en la que creció.
Envió un mensaje al Southern Poverty Law Center, una organización de derechos civiles que combate a los grupos de odio en Estados Unidos. «Mis declaraciones y acciones han perjudicado a muchas personas negras y judías, así como a activistas que luchan por la igualdad y la justicia para todos. Lamento el daño que causé».
Después, «casi todas las relaciones que he tenido en mi vida se rompieron». En ese momento, su familia le prohibió entrar en casa. Su padre la llamó y le dijo que ojalá nunca hubiera nacido. Tras su anuncio al mundo se trasladó a Washington D. C. Allí se casaría con Allison Gornik, una psicóloga clínica que había conocido en la universidad y la persona que desempeñó un papel crucial en su alejamiento de la ideología supremacista. Durante la pandemia de covid-19 vivía con su mujer, trabajaba en su tesis doctoral sobre historia medieval y daba conferencias sobre los peligros del extremismo. Por primera vez en su vida tenía un entorno estable y seguridad económica, y entonces empezó a aflorar en su mente la idea de afrontar el conflicto interno que lo acompañaba desde la infancia: la transición de género. La primera persona a quien se lo contó fue a su esposa. Decidió dejar de fingir. Se deshizo de otra máscara.
Black ha cambiado de identidad dos veces. La primera vez perdió casi todo lo que le importaba: su familia, su hogar, su lugar en el mundo. La segunda vez, dice, solo perdió una cosa: «El miedo a no ser amada por ser quien soy».
La transición comenzó con esmalte de uñas marrón, con un corte de pelo a capas, con pantalones de mujer. «Pero el verdadero cambio se produce al reconocer y expresar quién eres realmente», cuenta Adrianne, que comenzó en 2021 su tratamiento hormonal. Su entorno, sus amigos... reaccionaron de forma maravillosa, dice, pero no en todos los ámbitos públicos es fácil exponerse.
Durante décadas, Black había contribuido a dificultar la vida de las minorías en Estados Unidos. Ahora experimenta lo que significaba pertenecer a una de ellas como mujer trans.
Lo que no impide que, más que nunca, apoye a organizaciones de derechos civiles y pronuncie discursos sobre la proximidad ideológica entre Trump y la extrema derecha más radical. Dice que no puede cambiar su infancia y adolescencia. «Pero puedo intentar trabajar para construir un futuro mejor».
Recientemente se ha separado de su mujer, con quien sigue teniendo una buena relación, y tiene una nueva pareja: Zoë, la primera persona judía que conoció en la universidad. Además, asiste a la Sociedad de Ópera Rock de Baltimore, una organización de teatro independiente en la que Adrianne ha vuelto a encontrar el sentido de comunidad.
En una pared del teatro cuelgan las diez reglas básicas de la institución. La primera es: «Encuentra un lugar en el que confíes». La octava: «Sé feliz siempre que puedas». Adrianne ha colgado una copia en la pared de su apartamento.