Viernes, 21 de Febrero 2025, 11:05h
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Hace algo así como mil años (bueno, en realidad sólo treinta y tres) escribí un cuento surrealista, titulado Vísperas de la revolución, que después incluiría en mi libro El silencio del patinador (1995), donde imaginaba una situación por completo desquiciada y rocambolesca. Una panda de personajes delirantes organizaban fiestas nocturnas en los salones del Museo del Prado, entre 'algaradas de guateque', con invitados que perpetraban todo tipo de tropelías a los cuadros, como «un grupo de marqueses viciosillos, que aprovechaban la invitación para cogerse una cogorza procaz y reventar huevos crudos sobre Las Tres Gracias de Rubens».
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