«'Friends' era brutal detrás de las cámaras». Lisa Kudrow se sincera: insultos, comentarios sexuales...
La serie acabó hace 22 años, pero sigue arrasando en todo el mundo. Lisa Kudrow, la irrepetible Phoebe, habla de la parte oscura de aquel éxito cuando estrena la última entrega de su proyecto más personal, 'The Comeback', una reflexión ácida sobre el ego, el sexismo y la fama.
Han pasado 22 años desde que terminó, pero Friends aún le genera a Lisa Kudrow más de 17 millones de euros al año. La serie ... sigue siendo una de las más vistas en todo el mundo. Los cinco miembros vivos del reparto –Jennifer Aniston, Courteney Cox, Lisa Kudrow, David Schwimmer y Matt LeBlanc (Matthew Perry, 'Chandler', murió en 2023)– ganan cada uno esa cantidad anual por los derechos de reemisión. ¿A qué se debe este furor?
«¿A que Phoebe Buffay era genial?», aventura Kudrow, sonrisa pícara al dejar caer la referencia a su personaje en la serie. Y, sí, la inolvidable Phoebe fue, sin duda, una parte importante. Pero había algo más.
«Tras la muerte de Matthew volví a verla entera –revela Kudrow–. Antes, solo veía lo que había hecho mal o lo que podría haber hecho mejor. Por primera vez aprecié de verdad lo genial que era. Sentía que lo hacía bien, ¿pero Jennifer y Courteney? Increíbles. ¿David y Matt? Me hicieron reír muchísimo. Y luego Matthew... nos superaba a todos».
Pero esa tampoco es toda la historia. Los jóvenes de la generación Z nacidos después del final de Friends adoran la serie, quizás porque la historia de seis jóvenes en los tiempos anteriores a las redes sociales tiene una inocencia casi infantil. En su lugar de reunión, el café Central Perk, nadie tiene portátiles ni móviles; se relajan en el sofá charlando, flirteando y divirtiéndose. En palabras de Kudrow: «Friends captó una inocencia que quizás las nuevas generaciones nunca hayan experimentado». ¿Pero era realmente tan inocente? «Oh, no, ocurrían cosas desagradables entre bambalinas».
Es bien sabida la excelente relación de amistad que se produjo entre los seis miembros del elenco desde el principio. Cobraban todos entonces 22.500 dólares por episodio, pero, en lugar de competir, negociaron en equipo a partir de la tercera temporada para acabar alcanzando el millón de dólares por capítulo en las dos últimas. Educada en el prestigioso Vassar College en Poughkeepsie, al norte de Nueva York, Kudrow lideró las negociaciones.
Pero no todo en aquel equipo de rodaje era tan idílico. Kudrow, de 62 años, se extiende sobre el comportamiento de los guionistas, una visión que la inspiró para escribir The comeback, una serie 'de culto', de la que Kudrow es creadora, guionista, productora y protagonista. Calificarla 'de culto' se explica por su singularidad: tiene tres temporadas emitidas: en 2005, 2014 y 2026. Y, pese a la distancia entre ellas, ha ido ganando adeptos con cada nueva entrega.
Según cuenta Kudrow –y parodia en The comeback–, en Friends había entre 12 y 15 escritores con una abrumadora mayoría de hombres. Algunas de sus ocurrencias son hoy parte de la cultura popular: el melodramático «¡Oh, Dios mío!» de Janice (amante ocasional, novia, prometida y ex de Chandler); el «Estábamos en un descanso» de Ross Geller para tratar de justificar su infidelidad ante Rachel Green; en aquella sala hubo sin duda magia creativa, pero…
«Grabábamos en vivo frente a 400 personas y si te equivocabas al decir tus líneas los guionistas se cabreaban: 'La muy perra no sabe leer Ni siquiera lo intenta. Dijo mal mi frase'. Y sabemos que se quedaban hasta tarde hablando de sus fantasías sexuales con Jennifer y Courteney. Era intenso».
«'Friends' muestra una inocencia que quizá las nuevas generaciones nunca han experimentado». Seis jóvenes charlando y flirteando, en los tiempos anteriores a los móviles y las redes sociales
En 1999, Amaani Lyle, asistente de guionistas, presentó una demanda por acoso sexual. Se quedó atónita al escuchar a los guionistas de Friends hablar de acostarse con Aniston y Cox, simular masturbaciones y sexo oral. Lyle perdió el caso y los guionistas se lo tomaron como una victoria en favor de su libertad creativa. «La cosa podía ser brutal, pero estos tipos pasaban días en vela escribiendo el guion, así que mi actitud era: 'Que digan lo que quieran, si es a mis espaldas no me importa», contemporiza Kudrow, aunque su rostro se deforme en expresión de desagrado al estilo Phoebe Buffay.
Dos décadas después de todo aquello, me encuentro con Kudrow en Londres para hablar del inesperado éxito The comeback en HBO Max. Coescribió la serie con Michael Patrick King, uno de los guionistas y directores de Sexo en Nueva York, y gira en torno a Valerie Cherish, una estrella de comedias en decadencia desesperada por relanzar su carrera, que acepta grabar un reality show sobre sus intentos por volver a ser relevante. En una escena de la segunda temporada descubre que un guionista adicto a la heroína ha escrito una historia en la que debe practicarle sexo oral al actor Seth Rogen (The comeback está repleta de cameos) mientras ella está drogada con pastillas para adelgazar.
Mostrar la 'cocina' de una serie de televisión
«Michael tuvo esa misma experiencia, pero desde dentro, con Sexo en Nueva York, así que exploramos juntos ese lado oscuro –explica Kudrow–. Los guionistas de televisión consideraban a cualquier mujer mayor de 40 años poco atractiva. Forma parte del ADN de muchas salas de guionistas. Y The comeback es lo más parecido a mi experiencia con la energía masculina y la locura inmadura que surge cuando la gente está 'atrapada' haciendo una serie. Sí. Estamos mostrando la cocina de una serie de televisión».
La propia creación de la serie The comeback, que habla sobre la experiencia, a veces tóxica y alocada, de la fama en la pantalla, tiene una historia fascinante. Fue concebida justo después del final de Friends, en 2004. Inspirados por series como The office, The Larry Sanders show y Curb your enthusiasm, Kudrow y King situaron a Valerie en el mundo de la telerrealidad. «Era la televisión después de Friends –explica–. Todo se llenó de programas como Survivor (Supervivientes). Richard Hatch, el ganador de la primera, era un tipo nada agradable, pero se llevó el millón de dólares y pensé: 'Esto es el fin de la civilización'».
Pero más allá de que a Kudrow le indignara que la telerrealidad premiara el mal comportamiento, la primera temporada de The comeback anticipó las secuelas que deja la búsqueda de la fama a cualquier precio, una actitud cada vez más extendida socialmente.
«Cuando The comeback empezó, la idea de que la gente se humillara y sacrificara toda dignidad por cualquier cosa era bastante novedosa –reflexiona–. Al menos con Friends, logramos un éxito increíble juntos. Nos cuidábamos mutuamente. Por eso es un misterio para mí entender cómo se puede sobrevivir a ese nivel de exposición y degradación en solitario».
«Pensaba que todos los actores eran narcisistas con problemas de pareja. Y yo quería un título universitario, casarme y tener hijos». Pero se matriculó en un grupo de teatro y fichó por 'Cheers'
Las estrellas de los reality shows, sin embargo, han triunfado. El actual presidente de Estados Unidos es, sin ir más lejos, uno de ellos (The apprentice) y varios puestos clave de su primera Administración fueron ocupados por exconcursantes de programas como Dancing with the stars y Celebrity Big Brother. «Sí, ¿quién se lo iba a imaginar?», exclama Kudrow con asombro, de nuevo al estilo Phoebe.
La primera temporada de The comeback fue nominada a los Emmy y hasta David Bowie se declaró fan. Pero la selección de programas en la televisión estadounidense es implacable. Al año siguiente fue cancelada. ¿Cuál era el problema? «A mucha gente le parecía difícil de ver un programa en el que una mujer ambiciosa es humillada –explica Kudrow–. Un productor de otro programa dijo que era como hacer chistes sobre personas discapacitadas. Obviamente, eso no se hace y, en aquel entonces, a las mujeres se las veía como víctimas».
Para 2014, sin embargo, los programas de telerrealidad con guion, como The real housewives, dominaban la programación y las redes sociales como Instagram (lanzada en 2010) ofrecían un espacio para la autopromoción sin igual. Valerie Cherish tenía de repente todo el sentido del mundo y The comeback fue renovada.
La segunda temporada fue, quizá, demasiado metatextual. La protagonista se embarca en un nuevo proyecto televisivo (un drama crudo, Seeing red, sobre su matrimonio, además de un documental sobre la producción) mientras hace referencias a la primera temporada. The comeback, sin embargo, volvió a desaparecer.
Aclamada de forma retrospectiva por la crítica y convertida en un éxito de culto entre los fans, se ha estrenado este año la tercera y última temporada. Las escenas iniciales muestran a su personaje titubeando en los ensayos del musical Chicago mientras los más jóvenes del reparto se burlan de ella por no saber bailar y usar palabras sexistas. La vergüenza ajena es palpable. Poco después, Valerie parece lanzar más críticas a las actitudes woke. Anima a su marido, Mark (Damian Young), a relajarse después de ser despedido por contar chistes subidos de tono en su trabajo durante la hora del almuerzo. «Hiciste un chiste en el trabajo cuando estos eran ilegales. A nadie le importa ahora», dice Valerie. Entonces él se recuesta sobre la cama y la incordia para que le haga una felación. Esto no tiene nada que ver con Phoebe Buffay. Por eso la pregunta es inevitable: ¿está criticando al movimiento #MeToo y a la comedia woke?
«No, el #MeToo fue genial. Significó que las mujeres podían ser tratadas con respeto –subraya–. Llegó un punto, sin embargo, en el que no se podía bromear sobre nada. Parecía que la comedia estaba muriendo. Por suerte, creo que nos hemos relajado un poco».
En cierto modo, sorprende que Kudrow sea actriz. Creció en la elegante Encino (California) y se autodefine como una «princesa judía-americana». Su padre, Lee, era un médico eminente y su madre, Nedra, agente de viajes. Además, mientras estudiaba Biología en la universidad, Kudrow pensaba que los actores eran «falsos». «Pensaba que todos eran narcisistas con problemas de pareja –recuerda–. Mira, yo nací a los 35. ¡Estaba deseando envejecer!».
Incluso su padre la consideraba un poco seria y la animaba a «hacer el tonto» de vez en cuando, como los demás estudiantes. Pero su objetivo era obtener su título, casarse y tener hijos. Leí una vieja entrevista donde decía que buscaba un hombre que fuera «buena mercancía» y que le diera «hijos genéticamente apropiados». «Sí, eso suena a mí –admite entre risas–. Tengo amigos que antes pensaban que era como un robot, todo engranajes y cables».
Kudrow se casó con un ejecutivo de publicidad antes de que 'Friends' fuese un éxito, y eso la salvó del acoso mediático. «A nadie le interesaba mi matrimonio, no había historia»
Pero le gustaba la comedia, y con 22 años se matriculó en el grupo de teatro Groundlings. Con 26 consiguió un pequeño papel en la exitosa comedia Cheers y luego fue despedida de otra, Frasier. Entonces, con 31 años, llegó la llamada de Friends. Kudrow quería interpretar a Rachel («Pensé que podía hacer de una persona superficial y materialista»), pero a los productores les encantó su excentricidad para Phoebe.
Una vida 'aburrida'
Se casó con el ejecutivo publicitario francés Michel Stern en 1995, antes de que Friends se convirtiera en un éxito mundial, lo que la ayudó a evitar el intenso escrutinio al que fueron sometidas sus compañeras de reparto Jennifer Aniston y Courteney Cox. «Y todo porque me casé joven y fuera del mundo del espectáculo –explica–. A nadie le interesaba. No había historia. Y desde el principio lo dejé muy claro: los actores de una gran producción cobran bien y están muy bien atendidos, pero no puedes llevarte a casa esa actitud. Lo importante es la familia, la vida, los hijos».
No puedo evitar pensar en Matthew Perry. Kudrow escribió el prólogo de las memorias de Perry, Friends, lovers and the terrible big thing, publicadas en 2022. En ellas reconoce no haberse percatado de la profundidad de la lucha de Perry contra la adicción, que tuvo problemas con el alcohol antes de ser famoso, y posteriormente con opioides, cocaína y ketamina, hasta morir de una sobredosis. Por eso, volver a ver Friends tras su muerte fue doloroso. «Había un genio en acción. Y, hagamos lo que hagamos en el futuro, jamás volveremos a experimentar algo así».
Kudrow no sintió nunca la presión para triunfar como actriz. Si no lo hubiera logrado, habría seguido los pasos de su padre en la medicina. «Me dije: 'Eres joven, diviértete e inténtalo'».
Desarrollar el personaje de Phoebe también la ayudó a relativizar sus propias aspiraciones. Aniston le regaló el libro Los portadores del amanecer: enseñanzas de los pleyadianos, de Barbara Marciniak, una guía espiritual basada en mensajes que Marciniak afirma haber recibido de extraterrestres superinteligentes de un lejano planeta. «Fue útil para darle a Phoebe una base intelectual. Para que se familiarizara con las ideas de la Nueva Era», cuenta. Pero algo de aquello influyó en su propia forma de pensar: «Algunas cosas, como la idea de que tal vez debería relajar un poco la parte científica de mi mente, y también que podrían existir los fantasmas...».
La última temporada de The comeback ya no aborda temas como las salas de guionistas tóxicas o los excesos de la telerrealidad. Esas cuestiones parecen ahora molestias menores porque a Valerie, la protagonista, le han pedido que protagonice una comedia escrita íntegramente por una inteligencia artificial sin las complicaciones y el gasto de contratar humanos («los guionistas y sus malditos sentimientos»).
The comeback se filmó en el plató 24 de los estudios Warner Brothers, el mismo de Friends. Kudrow recuerda que solían pasar el rato con George Clooney y otros actores de Urgencias, que filmaban en el vecino estudio 11. «Ninguno sabía lo que nos esperaba», dice con cariño.
–¿Recordaremos esa época como una edad de oro irrepetible?
«Espero que no, pero si no protegemos lo valioso, lo que nos espera es ese futuro de la IA».
–¿Aceptaría 200 millones de dólares por los derechos digitales de su rostro si un magnate de la tecnología quisiera hacer más episodios de Friends?
«Bueno, no sería mi decisión. Todo el elenco tendría que estar de acuerdo. También Bright, Kauffman y Crane, los creadores y productores de la serie. Algunos creen que tienen ya suficiente dinero y no aceptarían eso».
ESCENAS QUE MARCARON TODA UNA ÉPOCA
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Una banda sonora 'apestosa'. Sonó por primera vez el 2 de noviembre de 1995 (foto) en el episodio 6 de la temporada 2 y se convirtió en la canción de la serie. La letra de 'Smelly cat' ('Gato apestoso') fue escrita por la propia Kudrow y dos guionistas. La música es de Chrissie Hynde, líder de The Pretenders, a quien Phoebe se la enseña a cantar al final del capítulo.
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Casarse como objetivo vital. Uno de los capítulos 'icónicos' de la serie es el de «los vestidos de novia», de la temporada 4, mucho antes del #MeToo. Monica empieza probándose su vestido para la boda de Ross y Emily, y acaba con Rachel y Phoebe (que pasan por un bajón romántico) bebiendo cerveza en el sofá con tres vestidos de novia puestos: usarlos en casa, concluyen, les levanta el ánimo.
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Rompiendo tabúes. 'Friends' exploró temas muy polémicos para su época. Fue la primera serie en abordar una boda de lesbianas en 'prime time' y plantear la crianza compartida entre un padre biológico (Ross) y dos madres. Chandler también tenía un padre transexual. Pero lo más radical fue cuando Phoebe se ofrece como 'vientre de alquiler' para su hermano y su esposa, y tiene trillizos. Lisa Kudrow estaba embarazada de verdad.
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Robando planos. Julia Roberts, Bruce Willis, Sean Penn, George Clooney, Robin Williams, Brad Pitt, Ben Stiller... los cameos en 'Friends' eran la guinda del pastel. Pitt interpretó a un viejo amigo del instituto que odiaba a Rachel, con quien en la vida real estaba casado. El morbo estaba servido, pero en el episodio la que intenta ligárselo es Phoebe, que queda obnubilada: «Un hombre tan guapo debería ser ilegal».
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