El rabino detrás de la web porno más grande del mundo
Solomon Friedman es la cara pública de Pornhub y vicepresidente de su empresa matriz. ¿Cómo alguien que fue ordenado como rabino termina defendiendo una web de pornografía explícita a la que logran acceder hasta los niños?
Solomon Friedman pasó sus años de formación estudiando cómo ser buena persona. Tras una infancia judía ortodoxa en Canadá, se trasladó a Israel para formarse como rabino. Fue ordenado, pero nunca ejerció. En su lugar, ha dedicado su tiempo a trabajos que él considera justos y necesarios. Ahora es la cara pública de Pornhub, una plataforma web que ofrece contenido sexual y solo en el mes de marzo registró 4200 millones de visitas, según datos de los analistas digitales Semrush. Esto sitúa a Pornhub como la octava web más popular del planeta, por encima de X, Amazon, TikTok o LinkedIn. Es decir, Pornhub también define nuestra cultura, nos guste o no.
Los dueños de casi todas las webs de pornografía se mantienen en la sombra. Sin embargo, los nuevos propietarios de Pornhub aseguran ser diferentes y se muestran más accesibles. Solomon Friedman es socio fundador y vicepresidente de Ethical Capital Partners, la firma de capital privado con sede en Canadá que compró Aylo (antes conocida como MindGeek), que es la empresa matriz del gigante del porno.
Nos reunimos en la terraza de un hotel en Londres. Le pregunto a Friedman, que con 40 años podría pasar por un emprendedor tecnológico ambicioso y algo nerd, si es feminista. Responde con entusiasmo: «Sí, por supuesto. ¿Quién no es feminista? ¿Qué clase de troll hay que ser para no serlo?». Más tarde añade, como si fuera una prueba: «Además, ¡somos canadienses!». Todos reímos.
La realidad es más oscura. Horas antes de nuestra reunión entré en la web de Pornhub: de la lista de 'vídeos calientes en Canadá', observo que nueve de los catorce primeros presentan escenarios de incesto, a menudo de forma que sugieren la niñez de la mujer, como El padrastro eyacula abundantemente en su hijastra pequeña, o uno descrito como 'terapia familiar', con el título Compartiendo mi cama con mi hermanastra pequeña.
Basta con una búsqueda rápida para encontrar vídeos que combinan una apariencia juvenil con sexo explícito, como uno titulado Fóllame, papi, colegiala mona y menuda, o el dudoso La conocimos en un parque y la obligamos a participar en un trío. Es común ver a hombres con las manos alrededor del cuello de una mujer. ¿Estaría mejor la humanidad sin pornografía gratuita en Internet?, le pregunto a Friedman.
«Está hablando de una industria impulsada, tanto del lado de la producción como del consumo, por el instinto biológico más poderoso que existe –dice–. Esa varita mágica no existe. Pero sí buenas políticas públicas, mediante las cuales se puede garantizar la seguridad y la protección de las personas que crean material legal y protegido constitucionalmente, así como la seguridad de quienes lo consumen. Nosotros vamos a seguir luchando por ello».
«Estamos en Pornhub para ayudar a que una industria que ha estado enterrada durante mucho tiempo salga a la luz y, como consecuencia, sea más segura», alega
Friedman se casó a los 19 años –hoy está divorciado–, tuvo tres hijos y poco después se convirtió en abogado penalista en Ottawa. La mayoría de las religiones ve la pornografía con malos ojos, aunque, cuando le pregunto por la postura del judaísmo al respecto, me remite a las autoridades religiosas: «Yo no soy una de ellas ni pretendo serlo». A Friedman no le agrada demasiado hablar de su fe en un contexto profesional. En su despacho ha defendido todo tipo de casos, desde delitos con armas hasta agresiones sexuales y posesión de pornografía infantil. No es trabajo de superhéroes, pero sí una pieza clave del proceso democrático. Su postura, y es bueno argumentando, es sofisticada: hacer lo correcto a veces puede hacerte quedar mal. Está en Pornhub, alega, «para ayudar a que una industria que ha estado enterrada durante mucho tiempo salga a la luz y, como consecuencia, sea más segura».
¿Capital 'ético'?
La reputación de Pornhub quedó destrozada en 2020 tras una investigación de The New York Times, que acusó a la plataforma de hacer muy poco para evitar la difusión de vídeos con menores víctimas de trata sexual, mujeres inconscientes siendo violadas, agresiones sexuales y abuso sexual infantil. La empresa se había lanzado discretamente en 2007, pero el mundo empezaba ya a dar la voz de alarma. MindGeek, entonces nombre de la empresa matriz de Pornhub, eliminó diez millones de vídeos no verificados, mientras que Visa y Mastercard cortaron sus servicios.
En 2023, Friedman formó parte del heterogéneo grupo que creó una firma de capital riesgo, entre cuyos miembros se encuentra Sarah Bain, una exdirectora de comunicación del Partido Liberal de Canadá, de centroizquierda, que hoy está sentada a su lado. La firma compró MindGeek y la rebautizó como Aylo, con la esperanza de empezar de nuevo. Alex Kekesi, vicepresidenta de marca y comunidad de Aylo, es la tercera persona en nuestra mesa.
Pornhub era a la vez tóxica y extraordinariamente rentable. «Fue y sigue siendo una buena inversión para nosotros», responde Bain.
El grupo decidió llamar a su firma Ethical Capital Partners. Los críticos consideran que lo de 'ético' en el nombre es, como mínimo, risible, cuando no provocador. Pero Friedman se defiende: «La ética es algo personal y subjetivo. Lo que es ético para uno puede no serlo para otro, pero es un punto de referencia al que podemos volver cuando tomamos decisiones».
La verificación de edad, dicen, tiene que instalarse en el móvil o el ordenador desde su venta. Quieren trasladar la responsabilidad de que los menores vean porno a las tecnológicas
Los gobiernos están endureciendo lentamente sus posiciones con la pornografía. En marzo, la Comisión Europea acusó a Pornhub, entre otras webs, de infringir sus normas del acceso a menores. ¿Les gustaría hacer el porno 'ético'?
«Nuestro criterio no es lo ético, sino lo legal», comienza Bain, aunque Friedman interviene: «Creemos que Aylo se gestiona de forma legal y ética. ¿Sabe qué es lo que nos enorgullece?». Sobre todo, explica, que se trata de la única plataforma gratuita de intercambio de vídeos «que exige y conserva pruebas de verificación de edad y de consentimiento de todas y cada una de las personas que aparecen en los contenidos».
«Hay una única plataforma gratuita de vídeos que cuenta con moderación humana para cada pieza de contenido que se sube –añade–. Ethical Capital Partners posee la única plataforma que suspende automáticamente el contenido cuando se recibe una denuncia por posible presencia de menores o por imágenes íntimas no consentidas. Y lo hace sin periodo de espera, por lo que la retirada es inmediata».
Moderadores... en Chipre
¿Cuántos vídeos nuevos recibe Aylo cada día?, le pregunto a Kekesi. «Decenas de miles diarios», responde.
Me sorprende que puedan hacer que haya personas revisando cada uno de esos vídeos. ¿Cuántos moderadores tienen? «Alrededor del 20 por ciento de nuestra plantilla», dice, lo que podría equivaler a unos 200 o 300 empleados. Un cálculo rápido sugiere que cada moderador revisa unos 100 vídeos al día. No nos queda más remedio que tomarles la palabra.
Friedman explica que Aylo ha invertido en personal de moderación que trabaja en una instalación segura en Chipre.
«Este no es un trabajo que se pueda hacer desde casa –explica Friedman–. Es un trabajo sensible, por lo que la formación es rigurosa». Los humanos cuentan con la ayuda de doce herramientas automatizadas que buscan contenido ilegal.
«Como propietarios, le diré que (la moderación) cuesta una enorme cantidad de dinero –afirma Friedman–, pero creemos que es uno de los mejores aspectos en los que gastar en esta industria». Eso nos lleva a lo que deciden excluir. Dicen que ahora filtran unas 40.000 palabras en 32 idiomas de sus títulos y de las búsquedas permitidas. Pero de algún modo no eliminan teen, 'adolescente', uno de los términos más populares. ¿Por qué no? A partir de ahí, la conversación se vuelve circular.
Bain: «En realidad ya no tenemos una categoría teen».
Yo: «Está en los títulos de los vídeos: poner tiny teen ('adolescente menuda') en un título me parece inapropiado».
Kekesi: «De acuerdo, a usted le parece inapropiado. Es legal».
Yo: «Sé que es legal. Aun así, suena mal».
Friedman: «Ya no tenemos una categoría teen».
Yo: «Lo sé».
Friedman: «¿Conoce otras plataformas?».
Cuando al principio les pregunté si eran feministas, explico, lo hice por algo. La degradación de las mujeres en muchos vídeos de Pornhub me parece misógina. Nunca he visto a un hombre siendo estrangulado.
Kekesi responde: «Todo el contenido de nuestra plataforma está –espero que haya quedado claro– producido de forma consensuada y legal».
Y la gran cuestión: ¿por qué no aplican verificación de edad? Muchos padres desconocen lo fácil que es acceder a Pornhub para un menor. Friedman dice que, cuando sus hijos eran pequeños, fue cuidadoso al instalar controles parentales en sus dispositivos, pero su política va un paso más allá. Los tres insisten en que la única solución es algo llamado 'verificación a nivel de dispositivo': es decir, exigir a los fabricantes que instalen bloqueos infantiles en teléfonos y ordenadores desde el momento de su venta que solo puedan retirarse mediante una prueba de edad. Este movimiento trasladaría la responsabilidad moral de proteger a los menores de las grandes empresas pornográficas a las tecnológicas.
«Llevo años hablando con legisladores, fuerzas de seguridad y grupos tecnológicos», dice Friedman. ¿Su mensaje? «Hemos invertido en una gran empresa pornográfica. Por favor, bloqueen el porno hasta que la gente verifique su edad en sus dispositivos. Es la única forma de mantener esto fuera del alcance de los niños».
Los críticos discrepan de que sea «la única forma». Podrían existir controles de edad tanto en los dispositivos como en los sitios pornográficos. En los años que podrían pasar hasta que todos los dispositivos cuenten con bloqueos infantiles, parece irresponsable permitir que Pornhub siga siendo tan accesible para los menores. Su respuesta: cuando se aprobó la verificación de edad en el Reino Unido, gran parte de los usuarios se fue a plataformas rivales, es decir, hacia proveedores menos responsables.
Desde febrero, los sitios pornográficos están obligados por ley a verificar la edad de los usuarios en el Reino Unido. Como resultado, Pornhub se retiró temporalmente del país. Ahora ha vuelto al mercado británico, pero solo para usuarios de Apple. Esto se debe a que Apple está usando el Reino Unido como banco de pruebas para la verificación de edad desde el dispositivo.
Sin sanciones a la vista
En la Unión Europea, aunque Bruselas asegura que «Pornhub, Stripchat, XNXX y XVideos no han llevado a cabo medidas efectivas para impedir que los menores accedan a sus servicios», todavía no se ha aplicado ninguna medida concreta ni se las ha multado.
En España se está tramitando en el Congreso el proyecto de ley de protección de menores en entornos digitales, que se ampliará para impedir que los menores de 16 años accedan a todo tipo de plataformas digitales, incluyendo redes sociales. Cómo se conseguirá que no entren es una incógnita todavía. El planteamiento inicial es tener una identidad electrónica que, al mismo tiempo que garantice el anonimato y la privacidad, solo permita el acceso a partir de una edad.
Aplicaciones de mensajería como Discord trataron de introducir un mecanismo de verificación de edad mediante análisis facial y lectores de DNI que resultó muy polémico y acabó retirándose. Y los consumidores de pornografía se lo tomaron incluso con humor llamando a este tipo de filtro el 'pajaporte'.
Tampoco Bruselas, más allá de la amonestación, ha fijado una multa. El Reglamento de Servicios Digitales estipula que las infracciones graves pueden ser sancionadas con hasta el 6 por ciento de la facturación anual de la compañía infractora. Nada que no puedan asumir las webs de pornografía. Aunque Pornhub no publica cifras oficiales y se estima que sus ingresos anuales son de 450 millones de dólares, es probable que los 40.000 millones de visitas que tiene cada año generen una cantidad de dinero aún mayor.
Friedman insiste en el argumento de que ellos son el mal menor. Vetar Pornhub, como ha pasado temporalmente en el Reino Unido, solo sirve para «incentivar a quienes no respetan la ley», cuenta. Más tarde recibo un mensaje de Bain, que ha comprobado mi mención de tiny teen. Las cosas han cambiado, dice. En Canadá, tiny y teen como palabras individuales son permisibles en los títulos de Pornhub, pero tiny teen no.