CuandoMarilynera
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Cuando Marilyn era invisible
Aunque parezca increíble, hubo un tiempo en que Marilyn Monroe fue rechazada y tratada como un estorbo. Hasta por su madre. Cuando se cumplen cien años de su nacimiento, nos adentramos en su infancia, un peregrinaje por hogares de acogida a los que sobrevivió para convertirse en la más magnética de las actrices.
A Marilyn Monroe la educaron en la creencia de que el cine era pecado. «¿Sabes lo que pasaría si el fin del mundo te pillase en el cine? –le advertía Ida Bolender, su primera madre de acogida–. Que arderías en el infierno con toda la gente mala. Somos religiosos, no cinéfilos».
Antes de ser un personaje, antes de ser un póster y una actriz y un juguete roto, Norma Jeane también fue un bebé y trajo, como todos los niños, su cuota de ternura, inocencia e indefensión a este mundo.
Su madre, Gladys Pearl Baker, la tuvo a los 24 años. El 1 de junio de 1926, en su acta de nacimiento fue registrada como Norma Jeane Mortenson (el apellido del segundo marido de su madre, porque cuando nació todavía no se habían divorciado). En su juventud, a veces se la conocía como Norma Jeane Baker (el apellido de soltera de Gladys), pero desde los 20 años se hacía llamar Marilyn Monroe (el apellido de su abuela).
Nunca conoció a su padre. No fue hasta 2002 cuando, gracias a una subasta de ocho pelos en un cepillo, se extrajo el ADN del cuero capilar de Marilyn y se demostró que su padre biológico había sido Charles Stanley Gifford, un compañero de trabajo de Gladys, casado, con quien tuvo una aventura en 1925. «Probablemente fui un error –le dijo a una amiga–. Mi madre no me quería, le estorbaba y yo siempre fui una vergüenza para ella».
En la casa de sus padres adoptivos estaban prohibidos los elogios y se exigía pulcritud. «Todas las noches me decían que rezara para no despertar en el infierno»
Norma Jeane no era la primera hija de Gladys Pearl Baker. Ya había tenido un niño y una niña con su primer marido, pero tras el divorcio él se los llevó a vivir a Kentucky aduciendo que era una «enferma» y una «mala madre». El niño murió prematuramente; mientras que la niña, Berenice, quien vivió hasta 2014, mantuvo una relación intermitente con su medio hermana, Marilyn, que siempre la consideró parte de su círculo íntimo y le dejó una pequeña herencia tras su muerte.
Gladys vivía con su amiga Grace McKee en un edificio de apartamentos que apestaba a humedad y las dos trabajaban como cortadoras de negativos para la productora RKO. Salían por la noche, tenían amantes, se divertían. Los Ángeles era entonces una ciudad caótica y contradictoria. O como la definió Scott Fitzgerald: «Una hermosa e insoportable locura». La ley seca prohibió la venta de alcohol entre 1920 y 1933, pero nadie dejó de consumirlo, y además fomentó el uso de drogas como la cocaína y la heroína. En contraste, el moralismo de los que exigían la sobriedad propició el nacimiento de religiones fundamentalistas por toda California.
A las dos semanas de nacer Norma Jeane, Gladys decidió dejarla al cuidado de una de esas familias, algo no tan extraño en aquella época. Sus padres adoptivos se llamaban Albert e Ida Bolender. Él era cartero y ella se dedicaba al cuidado de niños de acogida y a la vida parroquial. Gladys les pagaba su manutención y la visitaba de vez en cuando. El centro de la vida de los Bolender era la Iglesia pentecostal. En aquella casa estaban prohibidos los elogios y se exigía pulcritud, por lo que años después Marilyn recordaba que nunca se sintió lo suficientemente limpia: «Todas las noches me decían que rezara para no despertar en el infierno». Gladys la visitaba de vez en cuando e incluso se quedaba a dormir, pero para la niña su presencia fue siempre desconcertante. Le decían que debía llamar «tía» a Ida y «mamá» a Gladys, pero para ella era simplemente «la mujer pelirroja».
«Necesidad constante de aprobación externa, no soporta la soledad, tendencia a las depresiones en caso de rechazo», el informe de su terapeuta años después era un fiel reflejo del abandono que sufrió en su infancia
El moralismo en la vida de Norma Jeane terminó cuando a los 8 años su madre decidió recuperarla por razones económicas. En aquellos años se creó la Corporación de Préstamos para Propietarios de Viviendas como parte de la campaña de Roosevelt contra la Gran Depresión, y cientos de miles de estadounidenses pudieron acceder a hipotecas de bajo costo. Gladys, como madre soltera, cumplía todos los requisitos y negoció la compra de una casa a la que se mudó con su hija y un matrimonio de actores. Empezó una nueva vida para la tímida Norma Jeane, que años más tarde recordaba: «A mi madre y sus amigos les gustaba bailar y cantar, bebían y jugaban a las cartas. Trabajaban sin parar y también sabían divertirse. Pero por mi educación religiosa estaba convencida de que irían al infierno y pasaba horas rezando por ellos».
Aquellos meses con su madre, Norma Jeane descubrió que amaba las películas. En el verano, cuando no había colegio, mientras Gladys trabajaba, pasaba días enteros en el cine huyendo del calor y la soledad. En la oscuridad frente a la pantalla se sentía segura. Pero la vida de la niña empezó a torcerse con la caída de su madre en una profunda depresión que alternaba con brotes psicóticos y que finalmente fue diagnosticada como esquizofrenia.
En 1934, Gladys fue llevada a una residencia de ancianos en Santa Mónica y allí permaneció, sedada y desolada, durante varios meses antes de ser trasladada a una institución mental de la que ya no salió.
Fue la mejor amiga de su madre, convertida en su tutora, la primera que le dijo que podía ser una estrella de cine, pero ella también la abandonó después de que su marido intentase abusar de Marilyn. Tenía 11 años
¿Y qué ocurrió con Marilyn tras el ingreso de su madre? Volvió a quedar en manos de una familia de acogida, pero ahora su tutora legal era Grace McKee, la mejor amiga de su madre. Fue ella la primera que le dijo a Norma Jeane que podía ser una estrella de cine, quien le rizaba el pelo y la animaba a sonreír. «Jean Harlow era mi ídolo porque era el ídolo de Grace», contaría Marilyn Monroe años más tarde sobre aquella segunda madre que también le falló al llevarla al orfanato el 13 de septiembre de 1935. No fue un abandono total, pues Grace la llevaba al cine los sábados, pero, según Donald Spoto, biógrafo de la actriz, para Norma Jeane aquella era «otra promesa quebrantada que le hacía sentir, una vez más, como mercancía no deseada».
En los informes del orfanato cuentan que, a inicios de 1937, el ánimo de la niña se ensombreció. Un supervisor, ese mismo año, observó que a veces parecía «ansiosa y retraída... y en esos momentos tartamudea ligeramente. También es propensa a resfriados y toses y, si no se la trata con mucha paciencia, parece asustada». Hubo otro regreso a casa de su tutora, con 11 años, pero fue una estancia muy breve debido a un suceso traumático. Una noche que Doc Goddard –el nuevo marido de Grace– estaba borracho, intentó abusar de ella. La niña se quejó a su 'tía', que decidió enviarla lejos de nuevo, a vivir con unos parientes, «para evitar problemas». En aquellas idas y venidas con familias de acogida durante su adolescencia le contaría a su terapeuta años más tarde que sufrió más abusos: de un primo, de un tío, de un 'hermano'.
Todo ello dejaría numerosas secuelas en Marilyn. Anna Freud, hija de Sigmund, fue su terapeuta en un breve periodo en 1956 e hizo de ella este diagnóstico demoledor: «Inestabilidad emocional, impulsividad exagerada, necesidad constante de aprobación externa, no soporta la soledad, tendencia a las depresiones en caso de rechazo, paranoica con accesos de esquizofrenia». Nada que no explicase una infancia que terminaría en una 'forzada madurez'.
Cuando Norma Jeane cumplió los 16 años, su 'tía' Grace, que seguía siendo su tutora, le anunció que iba a mudarse de ciudad. En ese momento, según la ley de California, solo había dos opciones para ella: volver al orfanato o contraer matrimonio, y la futura estrella decidió casarse con un vecino que era buen chico, trabajaba en una planta de aviación y estaba loco por ella: James Dougherty. Fue así como su nombre sufrió otra metamorfosis y se convirtió en Norma Jeane Dougherty.
En 1944, su marido se alistó en la Marina y fue enviado al frente del Pacífico. Norma Jeane empezó a trabajar en una fábrica de municiones y armamento. Allí fue descubierta por un fotógrafo del ejército, que le propuso posar como modelo. Un paso más cerca de Marilyn Monroe y del resto de su brillante pero triste historia.