Péter Magyar, el hombre que destronó a Orbán: «El final de un poder llega cuando la gente empieza a reírse de él»
Este hombre consiguió lo que parecía imposible: derrotar al autocrático líder de Hungría, aliado de Putin. El nuevo primer ministro nos cuenta cómo convenció a sus compatriotas de la necesidad de un cambio tras 16 años y nos habla de sus planes para reconstruir las relaciones con Europa.
En Hungría, todo parecía atado y bien atado. Durante 16 años, el primer ministro Viktor Orbán, aliado de Vladímir Putin y Donald Trump y toda ... una referencia para la ultraderecha europea, construyó un sistema de control absoluto del poder. Con la oposición desactivada, nadie esperaba la irrupción de una figura capaz de derrotarlo hasta que, en febrero de 2024, Péter Magyar, uno de los suyos, comenzó a despuntar como la alternativa.
Abogado de profesión y afiliado desde 2002 a Fidesz, el partido de Orbán, Magyar, de 45 años, fue siempre parte del círculo del primer ministro, además de ser el marido de la exministra de Justicia Judit Varga. Fue precisamente la dimisión de Varga en 2023, tras conocerse que había respaldado un indulto en un caso de abuso sexual infantil, lo que catapultó a su ya entonces exmarido.
Ante el escándalo, Magyar –aunque consideraba que su exmujer era una cabeza de turco– se mostró indignado, dimitió de todos sus cargos y rompió con Fidesz. Luego publicó grabaciones secretas que vinculaban al entorno del Gobierno con casos de corrupción y acabó implicando a la propia Varga, con quien tiene tres hijos y que, en respuesta, lo acusó a él de maltrato durante sus 16 años de matrimonio.
La polémica política y el culebrón personal hicieron que la popularidad de Magyar se disparase: el 15 de marzo de 2024 anunció la creación de una nueva plataforma política: la Comunidad de Húngaros en Pie. Poco después decidió hacerse con el liderazgo de una formación hasta entonces marginal: el Partido Respeto y Libertad (Tisza), al frente del cual desalojó del poder, el pasado abril, al aparentemente invencible Viktor Orbán. Hablamos con él.
XLSemanal. Hace dos años era un desconocido en política y ahora ha derrotado al jefe de Gobierno que más tiempo llevaba en el poder en la Unión Europea. ¿En qué momento pensó: «Esto puede salir adelante»?
Péter Magyar. En realidad nunca quise dedicarme a la política. Había formado parte de Fidesz, pero acabé enfrentándome al sistema. En febrero de 2024 concedí una entrevista al portal Partizán. La vieron casi tres millones de personas, algo que me sorprendió muchísimo. Al mes convoqué una protesta contra la corrupción y el amiguismo y participaron 50.000 personas. Tres semanas más tarde fueron 200.000. Quizá ese fue el momento.
«Nuestra patria era un Estado secuestrado. Todavía quedan muchos leales al sistema en puestos de responsabilidad. Habrá resistencia. Contamos con ello»
XL. A pesar de que los hombres de Orbán controlaban la mayor parte de los medios de comunicación y el aparato del Estado...
P.M. Siempre fui escéptico respeto a que se pudiera ganar con tanto en contra y, menos aún, con una mayoría tan amplia. No fui de verdad optimista hasta mediados de 2025.
XL. Tras 16 años, ¿por qué todo se volvió contra el sistema?
P.M. Son varias razones. Los húngaros son muy pacientes, pero también aman la libertad. Había demasiadas mentiras, demasiada corrupción, demasiada propaganda... Y aparecimos nosotros: una fuerza fuera del sistema, una fuerza que quería ganar; una fuerza que dijo: «Trabajaremos con honestidad y transparencia, y defenderemos a nuestro pueblo».
XL. Orbán ganó las elecciones anteriores con mensajes polarizantes contra Bruselas y los inmigrantes. Advirtió, además, del supuesto peligro de un ataque ucraniano. ¿Por qué los votantes no se creyeron esta vez esas mentiras?
P.M. La gente se acostumbra a la propaganda permanente y, con el tiempo, aprende a desenmascararla. La propaganda solo funciona cuando contiene, al menos, una chispa de verdad. Demostramos que las afirmaciones de Orbán carecían de cualquier base real. El final de un poder llega cuando la gente deja de tenerle miedo y empieza incluso a reírse de él. Y eso es lo que ha ocurrido aquí. Mi lema fue desde el principio: «¡No tengáis miedo!». Hace dos años, ya decía que el poder de Viktor Orbán parecía mucho más fuerte de lo que realmente era.
XL. ¿Qué lecciones podemos extraer de su éxito a la hora de enfrentarnos a los autócratas?
P.M. No existe una receta universal para todos los países. Nosotros simplemente trabajamos con honestidad y esfuerzo. La política trata de las personas. Para que los votantes crean en ti, debes acercarte, mirarlos a los ojos, escucharlos. Durante la campaña visité más de 700 localidades; en algunas ciudades y pueblos participé en actos cinco o seis veces. Pasé más tiempo en la calle que en casa. Los demás parecían pensar que bastaba con estar en las redes sociales o salir en televisión. Pero eso no es suficiente.
XL. ¿Cómo está reaccionando ahora el aparato de poder derrotado?
P.M. Nuestra patria era un Estado secuestrado. Quedan muchos leales al sistema en puestos de responsabilidad: en el Consejo de Medios, por ejemplo, pero también el presidente del Tribunal Supremo y el fiscal general son partidarios de Orbán. Habrá resistencia; contamos con ello, pero esos títeres deben abandonar sus cargos. Han traicionado el Estado de derecho, han traicionado la democracia y han traicionado al pueblo húngaro. Nadie alzó la voz cuando jueces, periodistas, artistas o simples ciudadanos eran insultados y difamados. Tampoco cuando Viktor Orbán calificó en un discurso a los críticos del sistema de «chinches» que debían ser aplastadas. Esa gente nos ha traicionado; debe marcharse. Los ciudadanos no votaron por un cambio de gobierno, sino por un cambio de sistema.
«La propaganda solo funciona cuando contiene una chispa de verdad. Lo de Orbán carecía de cualquier base real. La gente aprende a desenmascararla»
XL. Ha pedido a una serie de figuras del entorno de Orbán que dimitan, incluido el presidente de la República, Tamás Sulyok.
P.M. Intentamos ser muy corteses. Podía haberse marchado con dignidad. No aprovechó esa oportunidad, probablemente por presión de Viktor Orbán. Están intentando obstaculizar el cambio de sistema, seguramente para impedir que se esclarezcan delitos, fraudes multimillonarios y casos de malversación. Resulta bastante extraño ver cómo precisamente quienes vaciaron durante 16 años el Estado de derecho se presentan ahora como sus defensores. Tenemos una mayoría sin precedentes, superior a los dos tercios, y podemos modificar la Constitución. Los húngaros han votado para que hagamos tabla rasa.
XL. Es decir, aquellos mecanismos constitucionales que impiden una dictadura de la mayoría. ¿No existe el riesgo de excederse si ahora gobierna con mano dura?
P.M. He propuesto limitar el mandato del primer ministro a ocho años, incluido el mío. Adoptaremos otras medidas similares para impedir abusos de poder como los que hemos vivido durante estos 16 años.
XL. ¿Teme usted que continúe la polarización de la sociedad, esa división en dos bloques enfrentados?
P.M. Queremos reunificar nuestra nación. Aquí no se enfrentaban húngaros contra húngaros, sino el sistema de Orbán contra el pueblo. Tenemos que cerrar esa etapa del pasado. Pero antes los responsables deben disculparse y asumir su responsabilidad. Ni siquiera Viktor Orbán lo ha hecho. Ni siquiera ha aceptado su escaño parlamentario. No quiere afrontar la confrontación con el pueblo húngaro. Nosotros queremos volver a unir a la gente.
XL. En los últimos años, Viktor Orbán fue criticado sobre todo por su política prorrusa. ¿Votará Hungría en el futuro, como hace Polonia, a favor de enviar dinero y armas a Kiev?
P.M. Queremos mantener relaciones amistosas con todos los países vecinos. En cada uno de ellos viven minorías húngaras. Solo en Ucrania hay más de 100.000 personas de origen húngaro. En la actualidad, por ejemplo, no pueden utilizar su lengua en las administraciones públicas ni en las guarderías. Estamos negociando sobre ello. En estos momentos se celebran reuniones técnicas entre representantes ucranianos y húngaros. Si obtenemos garantías para la protección de esas minorías –y soy optimista–, me reuniré con el presidente Volodímir Zelenski. Entonces abriremos un nuevo capítulo en las relaciones con Ucrania. Pero no enviaremos armas ni soldados.
«La importancia de Europa del Este está creciendo. Creo que esta región es el corazón cultural y el motor económico de Europa. Necesitamos más colaboración con Croacia, Rumanía...»
XL. De hecho, nadie plantea eso. Esa supuesta amenaza de que usted lo haría solo la invocaba Orbán...
P.M. Nosotros afirmamos con toda claridad que Ucrania es la víctima de esta guerra y Rusia el agresor. Estuve en Kiev en 2024 cuando fue destruido un hospital infantil. Recorríamos la ciudad en un viejo Ford mientras caían bombas y sonaban las alarmas antiaéreas; llevábamos ayuda humanitaria desde Hungría. No vi allí a otros políticos de la Unión Europea en aquellos días. Kiev tiene todo el derecho a defender su territorio y a su población, pero nosotros no prestaremos ayuda militar.
XL. ¿Apoyará Hungría los paquetes de sanciones de la Unión Europea contra Rusia?
P.M. Si existe consenso en la Unión Europea, por supuesto que apoyaremos las sanciones. Exactamente igual que acabó haciendo siempre Viktor Orbán, aunque en Hungría contara otra historia.
XL. Hungría y Polonia son los países centrales del llamado Grupo de Visegrado, una alianza informal de cuatro naciones de Europa Central y Oriental. En los últimos años, la cooperación no ha funcionado especialmente bien. ¿No deberían las naciones del flanco oriental de la OTAN y de la Unión Europea asumir una responsabilidad especial ante la amenaza rusa?
P.M. La importancia de Europa del Este está creciendo. El volumen comercial conjunto de Alemania con los países de Visegrado, que asciende a 400.000 millones de euros, duplica al que mantiene con Francia. Trabajaré para reforzar esta cooperación e incorporar a otros países, como Croacia, Rumanía y Austria; incluso Alemania. Esta región es el corazón cultural y el motor económico de Europa. Necesitamos más colaboración.
«Ucrania es la víctima de esta guerra y Rusia es el agresor. Kiev tiene todo el derecho a defenderse. Pero nosotros no prestaremos ayuda militar»
XL. Durante la campaña electoral, la administración del presidente estadounidense Donald Trump apoyó a Viktor Orbán. ¿Tiene previsto viajar a Washington?
P.M. A estas alturas resulta irrelevante a quién apoyó cada uno durante la campaña. Trump también dijo que Péter Magyar era «a good man» ('un buen hombre'). Estados Unidos es un aliado natural, tanto en la OTAN como en el terreno económico. Me alegraría mucho recibir una invitación para viajar allí.
XL. Las expectativas depositadas en usted son enormes. La economía no crece con rapidez y los precios siguen siendo muy elevados. ¿Teme que su luna de miel con los húngaros termine pronto?
P.M. Es normal que la luna de miel con un político acabe al cabo de un tiempo. Haremos todo lo posible para que dure. También en un matrimonio hay que trabajar para que la luna de miel no se desvanezca. Lo importante es actuar con honestidad. Ya hemos dado un paso decisivo al alcanzar un acuerdo con Bruselas para desbloquear más de 16.000 millones de euros. Ese dinero servirá para invertir en infraestructuras y sanidad, y para impulsar la economía y la investigación y el desarrollo.
XL. Se trata de fondos que la Unión Europea había congelado porque el anterior Gobierno había vulnerado los principios del Estado de derecho...
P.M.. Son fondos que pertenecen a los húngaros y de los que Orbán estuvo a punto de privarnos.
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