Hablar español les proporcionó un trabajo bien pagado como intérpretes del ejército, pero también los puso en peligro, a ellos y a sus familias. Los talibanes han puesto precio a sus cabezas. Y escapar de Afganistán no es fácil. Cuatro de ellos nos cuentan su angustiosa peripecia hasta llegar a España y por poner a sus parientes a salvo.
Martes, 16 de Noviembre 2021
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Éramos 'los ojos y lengua' de las fuerzas extranjeras. Así nos llamaban los talibanes». Lutfullah Salimi trabajó dos años y medio, entre 2010 y 2012, como intérprete del Ejército español en Afganistán. Una labor que te convierte en infiel, traidor y espía a ojos de los radicales. Son un grupo sometido a una especial amenaza según el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (Acnur). «Si eliminas al intérprete, los soldados ya no se pueden mover», resume Salimi, de 33 años, desde su piso de Alcobendas.
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