Jeffrey Epstein con el exasesor de Trump, Steve Bannon.
De Mette-Marit a Woody Allen

Lo que el caso Epstein refleja de nuestro mundo: sexo, poder... e impunidad

Jeffrey Epstein con el exasesor de Trump, Steve Bannon.

Los millones de documentos del caso Epstein revelan no solo una aterradora trama de pederastia y trata de mujeres, sino una red mundial de poder acostumbrada a operar con total impunidad.

Judy Clarke

Viernes, 27 de febrero 2026, 10:38

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La princesa de Noruega, Mette-Marit, intercambió cientos de correos electrónicos con Jeffrey Epstein, incluso después de ser condenado por abusar de menores. Su pedofilia no le era ajena a la princesa porque en un e-mail, en referencia a las obras de Nabokov, autor de Lolita, le escribe: «Ahora entiendo por qué te gustan estos libros». Los intercambios de mensajes unas veces son anodinos; otras rozan el flirteo. En una ocasión, él le pregunta a Mette-Marit: «¿Qué tiempo hace? Estoy cazando esposas. París está interesante, pero prefiero a las escandinavas». Ella responde ese mismo día: «Helado. Nevó ayer. París es bueno para el adulterio. Las esposas escandinavas son mejor material».

La evidencia. Steve Bannon, que fue asesor de Donald Trump y ahora es el promotor de casi todos los movimientos populistas de derechas en Europa, con Jeffrey Epstein en el despacho del pederasta en su casa de Nueva York. Sobre la mesa, podían verse varias fotos de diversas chicas, hoy pixeladas por el Departamento de Justicia.

Como decía Frank Underwood, el presidente de la serie House of cards: «Todo gira en torno al sexo. Excepto el sexo. El sexo gira en torno al poder». La frase podría ser el titular de la vida de Epstein. Nadie como él fue capaz de conectar con tanta impunidad negocios, corrupción política y sexo. Las montañas de expedientes del caso documentan algo más que el mayor escándalo de abusos en la historia de Estados Unidos; trazan un revelador retrato de las personas más ricas y poderosas del mundo, el uno por mil que está en la cúspide social, y que para satisfacer sus necesidades buscó como víctimas a chicas que vivían en caravanas estadounidenses o en bloques de viviendas en las afueras de ciudades de Europa del Este.

La isla de Epstein operó como un espacio de poder donde una élite mundial impune combinaba negocios y abusos

La mansión de Epstein en Nueva York y su isla caribeña Little Saint James eran los salones privados de la élite global: ministros, multimillonarios, príncipes y rectores universitarios intercambiaban secretos de Estado, negocios e influencia política en un ambiente de absoluta discreción.

Epstein comerciaba con favores por encima y por debajo de la cintura. Un ejemplo ilustrativo fue la petición de Woody Allen a Epstein para que le consiguiera a su hija Bechet una plaza en el prestigioso Bard College.

La evidencia. Sobre la mesa del despacho de Epstein podían verse varias fotos de diversas chicas, hoy pixeladas por el Departamento de Justicia. Arriba, abriendo este reportaje, Steve Bannon, que fue asesor de Donald Trump y ahora es el promotor de casi todos los movimientos populistas de derechas en Europa, con Jeffrey Epstein en el despacho del pederasta en su casa de Nueva York.

Su presidente, Leon Botstein, al que el pederasta ya había invitado a su isla, no dudó en atender la petición aderezada con una generosa donación de Epstein.

Brad Karp, jefe de uno de los bufetes de abogados más poderosos de Estados Unidos, deseaba para su hijo un papel en una película de Woody Allen. Sin problema: Epstein estableció el contacto entre sus amigos. Karp le devolvió el favor cuando Epstein tuvo una vez más problemas con la justicia por abusos sexuales. El abogado estrella desarrolló una estrategia de defensa compleja y exitosa. Por supuesto, un servicio entre amigos.

Curiosamente, la bolsa de contactos de Epstein mejoró después de que fuera descubierto y condenado como abusador de menores. En estos círculos, eso no molestaba a nadie. Tampoco a las muchas mujeres que pertenecían al club. Algunos hombres incluso llevaban a sus esposas e hijos en las visitas a la isla. El abuso de unas mil chicas de origen humilde era aparentemente no un secreto, sino un curioso hobby de su amigo.

Complicidad. Woody Allen con Epstein y una de 'sus chicas' (sin identificar ni definir su edad) durante una de las muchas cenas que el director de cine reconoce haber tenido con el pederasta, cuya mansión en Nueva York está a poca distancia de la de Allen..

Porque el denominador común central de la 'clase Epstein' no es el sexo, ni siquiera el dinero, sino el desprecio por las leyes. Ignorar todas las normas es el núcleo de su estilo. Y sin sufrir consecuencias.

Entre los cómplices de Epstein estaba, por ejemplo, el multimillonario Peter Thiel, el padrino de los tecno-bros, cuyo objetivo él mismo deja claro: destruir la democracia y el Estado de derecho. Thiel convenció a Epstein de invertir 40 millones de dólares en su empresa Palantir. Bingo. Hoy, Palantir vale más de 350.000 millones de dólares y produce software de espionaje para servicios secretos y la agencia de deportación estadounidense ICE.

En 2015, Jeffrey Epstein se citó con Elon Musk y Mark Zuckerberg en Palo Alto. Por entonces eran casi simples multimillonarios promedio, todavía no en el top ten. Epstein quería tenerlos en su club a toda costa. Hoy poseen con X y Meta dos de los imperios mediáticos más pode-rosos de la historia de la humanidad. Y para ellos no rigen las leyes.

El primero en caer. El expríncipe Andrés de Inglaterra (en la foto, sobre una chica joven en un documento del caso Epstein) es uno de los personajes más próximos al financiero y su red de pederastia. Por ello, ya había perdido el título y los privilegios reales. El 19 de febrero la policía británica lo detuvo, acusado de «conducta inapropiada en cargo público». Esta conducta no se refiere a su relación con las chicas, sino a que, según varios correos electrónicos, Andrés habría revelado a Epstein información económica confidencial del Gobierno británico.

En este club no puede faltar Steve Bannon, el exasesor de Trump y promotor del movimiento MAGA. Con él había trabajado Epstein hasta 2019, es decir, hasta poco antes de su muerte en la celda, porque estaban filmando un documental que debía mostrar al abusador de niñas desde su 'lado simpático'. Bannon es una de las figuras más influyentes en todos los movimientos populistas de derechas del mundo.

Bannon, Thiel, Zuckerberg, Musk y el difunto Epstein son todos antiguos o actuales amigos de Donald Trump. Comparten su desprecio por el orden estatal, por instituciones que funcionen, por empresas que se basen en reglas. Es un club que quiere desmontar el Estado.

Este verano, las hasta mil víctimas del traficante de niñas Jeffrey Epstein conmemoran un aniversario. Hace 30 años, las primeras chicas acudieron pidiendo ayuda primero a la Policía de Nueva York y después al FBI. Desde entonces, docenas de investigadores han reunido camiones enteros de material probatorio. En todas estas décadas, solo han sido condenados dos perpetradores: Jeffrey Epstein y su compañera de muchos años Ghislaine Maxwell.

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Judy Clarke

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