Los niños siguen merendando, mayoritariamente, bocadillos, según los estudios más recientes. Y eso, dicen las autoridades sanitarias, no es saludable. Pero los niños que estudiaron EGB merendaban auténticas bombas calóricas como pan con nata y azúcar, mantequilla, chorizo, chocolate... ¿Eran tan terribles aquellos bocatas? ¿Y cómo deberían ser las meriendas perfectas? Varios expertos nos responden. La clave no está en el qué sino en el cómo...
Un reciente estudio de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) concluye que el 78 por ciento de las meriendas de los niños y niñas no puede considerarse saludable e inclumple las recomendaciones de las autoridades sanitarias. Los investigadores analizaron 2.163 meriendas de 734 familias con hijos de 3 a 12 años. El estudio muestra que el 42 por ciento consiste en bocadillos, el 24 por ciento en bollería, el 14 por ciento en fruta y el 6 por ciento combinan fruta y bollería.
¿Es una barbaridad que los niños merienden bollos? ¿Es eso peor que los bocadillos de mantequilla y azúcar que tomaba la generación que hizo ... EGB? Isabel González, jefe de endocrinología pediátrica del hospital La Paz de Madrid conoce los bocadillos de chocolate y los bollos rellenos de crema rosa, bombas hipercalóricas que merendaron los nacidos en los años sesenta y setenta.
Entonces no había la sensibilización nutricional de ahora. Las madres de los niños que merendaban viendo a Gabi, Fofó, Miliki y Fofito en la tele no medían calorías ni pensaban en grasas saturadas, sencillamente atizaban el bocadillo y mandaban a los niños a hacer los deberes y a jugar a la calle. Ese el quid de la cuestión: el ejercicio.
Según el Estudio Aladino, que monitoriza la obesidad infantil en España, la mayoría de los escolares de ahora hacen dos horas (el 35 por ciento de ellos) o tres (el 21,9 por ciento de ellos) de deporte extraescolar a la semana. Es insuficiente. Conviene moverse por lo menos el doble. Otro dato preocupante es que el 71 por ciento de ellos mira una pantalla (del móvil, televisión, ordenador...) mientras come. No es bueno porque esa distracción facilita el picoteo.
Los niños de ahora meriendan rápido: zumos envasados, pan de molde, bollería... No es lo ideal. Y la merienda importa, en ella se debe consumir entre el 15 y el 20 por ciento de las calorías del día, unas 400 o 500. «Dime cómo merienda tu niño y te diré lo obeso que será de mayor», afirma Isabel González.
En el equilibrio y la variedad está el éxito de la merienda. A diario los niños deben tomar lácteos porque están creciendo (medio litro de leche o equivalente hasta los 18 años); dos o tres piezas de fruta (por sus minerales y fibra, vitaminas e hidratos de carbono); unos ocho vasos de agua; cereales (entre ellos, pan, mejor en pan de barra; el de molde tiene grasas saturadas); verduras; ensalada; proteínas; legumbres... Una parte de la dieta diaria va en la merienda de una manera que resulte cómoda de ingerir. Incluso se puede incluir la ensalada si el bocadillo es vegetal y la proteína si se toman huevos o jamón.
La merienda ideal incluye cereales, proteínas, un lácteo y una fruta. No debe ser igual todos los días, de la misma manera que cambian los menús de la comida. También «debe contener algo apetecible para el niño, que haya gusto y placer en merendar», opina Ana María López Sobaler, directora del departamento de nutrición y bromatología de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid. ¿Y si al niño le apetece un bollo industrial? ¿Se lo damos? Ana María López Sobaler no es partidaria de prohibiciones. «Si ni siquiera se ha prohibido el tabaco...
Los bollos estropean la dieta porque tienen grasas saturadas y quitan de tomar alimentos más saludables. No es conveniente merendar bollos a diario. Pero un día no es grave. Es igual con las bebidas refrescantes», dice Ana María López Sobaler.
Para los niños de EGB, las bebidas azucaradas eran una excepción. Pero los niños de hoy tienen acceso a refrescos sin azúcar. Ahora, el azúcar es casus belli. «A mí me preocupa más que los niños no tomen verduras frescas que el azúcar. Me dan miedo las etiquetas negativas», opina López Sobaler. «Lo mejor es tomarlo a través de los alimentos, no es necesario añadirlo ni al yogur», cree, sin embargo, la doctora González. En lo que ambas coinciden es en que un zumo envasado no equivale a fruta fresca y que suele contener un exceso de azúcar.
El Estudio Cinfasalud sobre Percepción y hábitos de las familias españolas en torno a la nutrición infantil concluye que «un día a la semana se puede merendar algún dulce». Esa dosis se supera con creces. Lo refleja el último Estudio Aladino, que alerta de un 23 por ciento de niños españoles con sobrepeso y un 18,1 por ciento con obesidad. La situación se agrava a partir de los siete años.
Una merienda adecuada es un hábito útil para corregir una alimentación desequilibrada. Forma parte de la dieta en España y otros países mediterráneos como Italia, Francia y Portugal. Era una comida ligera que se daba a los soldados de la antigua Roma porque se lo merecían: 'merendar' comparte raíz con 'merecer' y 'mérito'.
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«El buen jamón serrano tiene proteínas y es un alimento muy completo», dice la doctora Isabel González, jefe de endocrinología pediátrica del hospital La Paz de Madrid.
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El exceso de sal, azúcar o grasas saturadas no es saludable, por eso conviene evitar la mantequilla, la bollería industrial, las bebidas azucaradas...
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«Bollería, sí, pero casera, hecha con poco azúcar y frutos secos, por ejemplo», aconseja la doctora González. Yogur y fruta: el plátano es estupendo, tiene potasio, bueno para el deporte.
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Se puede incluir parte de la dosis vegetal diaria en la merienda preparando un bocadillo de lechuga, espárragos, tomate... y atún, y así añadimos proteínas.
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La generación que hizo EGB merendaba pan con mantequilla y azúcar, pero esos niños hacían más ejercicio: ahora, el 71 por ciento de los escolares come con una pantalla delante.
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Es preferible el pan de barra. «El cacao es bueno (es antioxidante), pero no es adecuado tomarlo como rutina porque tiene mucha grasa», dice la doctora González.
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«Las galletas no son ni buenas ni malas. Son sanas en cantidades adecuadas. Se pueden tomar cuatro con un vaso de leche en la merienda una vez a la semana», dice la doctora Isabel González.
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