Viernes, 23 de Enero 2026, 11:53h
Tiempo de lectura: 3 min
Hay imágenes que forman parte del imaginario colectivo mundial: La niña y el buitre, de Kevin Carter; El hombre del tanque, de Jeff Widener; la muerte de Aylan, captada por Nilüfer Demir; o la niña afgana de ojos verdes, retratada por Steve McCurry. Fotografías asociadas a un instante concreto, a un conflicto, a una tragedia o a una historia que marcó una época.
Ninguna de ellas, sin embargo, es la imagen más vista del mundo. Ni siquiera lo es La Gioconda. Ese lugar lo ocupa una escena mucho más sencilla: una colina verde bajo un cielo azul, atravesado por nubes blancas.
Durante años, esa imagen apareció en millones de pantallas sin pedir atención ni explicación. Bastaba con encender un ordenador. No había que buscarla ni saber su nombre. Estaba ahí. Se llama Bliss y era el fondo de pantalla por defecto de Windows XP.
El autor de la fotografía es Chuck O’Rear. La tomó en 1996, casi sin pensarlo. Paró el coche al borde de la carretera, se bajó, sacó la cámara y disparó. Era una fotografía analógica más, una entre tantas. Con el tiempo, acabaría convertida en un icono digital que millones de personas verían -y siguen viendo- sin conocer su origen.
Microsoft buscaba entonces una imagen que transmitiera optimismo, calma y una cierta idea de futuro. O’Rear no estaba trabajando para la compañía ni recibió ningún encargo previo. Aquel paisaje lo conocía bien. Todos los viernes lo veía al recorrer los 80 kilómetros que separaban su casa en California de la ciudad donde vivía su novia, la periodista Daphne Larkin. Ese día, simplemente, decidió detenerse.
La historia, en realidad, empieza antes. Dos años antes de que la fotografía fuera tomada. «Si no hubiese sido por ella, la imagen no existiría», ha dicho O’Rear. En 1994, un almuerzo entre amigos reunió a Chuck y a Daphne. Ella periodista; él fotógrafo. De aquel encuentro surgió primero una amistad y, con el tiempo, una relación.
Sus vidas tenían más puntos en común de los que parecía. Ambos habían pasado por divorcios y conocían de cerca la experiencia de criar hijos con discapacidades. El hijo de Chuck nunca ha podido caminar y necesita cuidados constantes. El de Daphne, Lucien, murió a los diez años tras sufrir graves complicaciones derivadas de una cirugía cardíaca fallida. Ella se convirtió después en una de las primeras voces en hablar públicamente sobre la paternidad y la maternidad de niños con discapacidades.
La relación fue creciendo despacio, entre viajes y trabajos que no siempre facilitaban las cosas. El divorcio de O’Rear aún no se había cerrado y sus encargos como fotógrafo de National Geographic lo mantenían fuera de casa durante largas temporadas. Hasta que llegó una propuesta que lo cambió todo: un año recorriendo el mundo para fotografiar la cosecha del vino. «¿Te gustaría venir?», le preguntó a Daphne.
El viaje comenzó en París. El Valle de Napa no figuraba como parada oficial ni la fotografía formaba parte de ese reportaje. Tampoco estaba entre las imágenes que O’Rear consideraba más importantes de su carrera. Hasta que, la víspera de su boda, sonó el teléfono. Era su agente. Microsoft había comprado la fotografía. El precio nunca se hizo público. Solo se sabe que alcanzó las seis cifras.
A partir de ahí empezó otra etapa. La pareja bromea con que Bliss fue, en parte, responsable de su matrimonio. La imagen los acompañó de manera inesperada en viajes posteriores y también en su trabajo conjunto. Publicaron varios libros sobre regiones vinícolas de Estados Unidos, combinando la mirada fotográfica de Chuck con la escritura de Daphne.
Bliss no fue pensada como una imagen histórica. No decía nada y no prometía nada. Era solo una colina verde al borde de una carretera.
Con el tiempo, terminó siendo lo primero que millones de personas veían cada mañana. Y eso, sin buscarlo, también es una forma de quedarse.