Con rencor hacia los «traidores» y miedo a morir en la cárcel, el exproductor habla por primera vez desde prisión. Admite haber sido «grosero», pero no un violador.
Isabel Navarro
Martes, 14 de abril 2026, 11:52
Entre 1993 y 2016 al productor Havey Weinstein fue nombrado en 34 discursos de agradecimiento de los Oscar: la misma cantidad de veces que Dios. ... En 2018 entró en prisión (primero provisional, después con sentencia firme) y se convirtió en un paria social. Desde entonces, solo le habíamos oído contestar a preguntas de sus abogados, pero ahora, por primera vez, ha decidido conceder una entrevista desde la cárcel de Rikers Island, un complejo carcelario de casi cien años ubicado en una isla que se encuentra entre el Bronx y Queens, en la Ciudad de Nueva York.
Demacrado, con una salud lamentable (la estenosis espinal lo mantiene en silla de ruedas la mayor parte del tiempo, tiene cáncer de médula ósea y ha sido operado de corazón) quejándose de las condiciones de la prisión y reconociendo su miedo a los otros reos, contestó a las preguntas de Maer Roshan, periodista del Hollywood Reporter, y habló en profundidad sobre los delitos que inspiraron el movimiento #MeToo y llegaron a transformar radicalmente Hollywood.
«Cumpliré 74 años en marzo y no quiero morir aquí», le dice a Maer Roshan, que en el cara a cara se encuentra con un hombre al que sus ocho años de encarcelamiento y su soledad no han logrado inspirar ningún arrepentimiento genuino.
«Rickers es un lugar frío y despiadado –continúa el antiguo productor–. Es increíble tener la vida que tuve y las cosas que hice por la sociedad y no tener la indulgencia de tratarme con más amabilidad. Sea lo que sea que piensen que hice mal en mi vida, no me condenaron a muerte».
Harvey Weinstein cuenta que pasa 23 horas al día en su celda, lee habitualmente biografías y libros de memorias y una vez a la semana un amigo le lleva el Sunday Book Review. «Solo hablo con los guardias y las enfermeras. En mi ala no hay socialización». Desde que está en Rickers vive en aislamiento por la peligrosidad de los otros presos. Cuando estaba en la prisión estatal su rutina era diferente: «Me levantaba por la mañana, desayunaba, hablaba con gente. Veíamos la televisión juntos». He estado rogando poder regresar a la prisión estatal, pero la fiscalía prefiere que se quede en Rikers porque tiene un juicio próximamente en la ciudad. «No sé dónde creen que me voy a ir»
Cada tres horas tiene derecho a hablar 16 minutos por teléfono. «Hablo con tres de mis hijos todos los días: mi hija mayor, que ya tiene 30 años, y mis hijos de 12 y 15 años. Mis otras dos hijas no me hablan desde hace seis años. También hablo con mis abogados y algunos amigos. Es lo único que me mantiene cuerdo».
Cuando se le presiona acerca de su comportamiento, Weinstein admite que pudo haber sido grosero, patético e incluso abusivo, pero insiste en que no es un violador, solo un idiota con un apetito sexual desmesurado que cometió algunos errores estúpidos: «¿Intenté ligar con algunas de estas mujeres, sin éxito? ¿Me pasé de la raya? Sí. ¿Fui insistente o demasiado seductor? Sí. No debería haber estado con ellas. Las engañé. Y no solo a ellas, también a mis dos esposas y eso es inmoral, pero no voy a pedir perdón por algo que no hice. No todas eran tan ingenuas como les gustaba aparentar. Fui un imbécil. Lo admito, pero no agredí a nadie».
En sus lamentaciones se considera un superviviente de sus defectos y se muestra también especialmente dolido con Peter Jackson, Rosanna Arquette y Gwyneth Paltrow, a la que consideraba su «amiga». Ella contó que, con 22 años, él la citó en un hotel, le puso las manos encima y sugirió que se dieran masajes. Pero Weinstein tiene otra versión. «No sé qué la llevó a decir eso. Salí de una agradable reunión con ella y le dije: '¿Qué tal un masaje?'. Y ella simplemente respondió: 'No, creo que no'. Entendí el mensaje. Nunca le puse las manos encima. Se lo contó a Brad Pitt. Brad Pitt vino a verme y me dijo: 'No hagas nada de eso con mi chica'. Le dije: 'No te preocupes, Brad. Lo entiendo'. Pero entonces Gwyneth va a [el programa de] Howard Stern y a The New York Times y le da mucha importancia a todo el asunto. Ella sabe que no pasó nada. Pero esta persona, que era mi amiga y que me debe su carrera, me apuñala por la espalda. Nunca la perdonaré».
La sentencia de 23 años impuesta a Weinstein en Nueva York en 2020 fue anulada en 2024 y está pendiente de nuevo juicio, pero actualmente está cumpliendo otra condena de 16 años por violación en California. Tras la publicación de la entrevista las afectadas han declarado sentirse dolidas, ya que consideran de trato y tono de Hollywood Reporter benevolente, y han lanzado una pregunta inquietante: ¿por qué a los hombres poderosos se les da tan a menudo la oportunidad de recuperar el control de la narrativa y el dolor de sus víctimas cada vez ocupa menos espacio en los medios?
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