Los 'sucesores' de Ozempic, a la carta

Los cuatro tipos de obesidad y las claves para tratarla

La nueva generación de medicamentos contra la obesidad ha diversificado la oferta tras el éxito de Ozempic. La prestigiosa Clínica Mayo estadounidense ha creado un test de saliva que permite saber qué tipo de obesidad tiene cada paciente. Según sea su tipología, le funcionará un tratamiento mejor que otro. Estos son las cuatro clases diagnosticables.

Carlos Manuel Sánchez

Miércoles, 4 de febrero 2026, 11:21

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Después del éxito comercial de Ozempic, los grandes laboratorios farmacéuticos se lanzaron a generar nuevas marcas con los mismos principios activos u otros similares. En los dos últimos años han surgido nuevos fármacos como Wegovy, Mounjaro o Zepbound, que han demostrado diversos niveles de eficacia según los tipos de obsesidad de los pacientes. En un intento de sistematizar y mejorar su eficacia, la Clínica Mayo de Estados Unidos ha propuesto un test de saliva, aunque todavía en fase de estudio, que permite anticipar no solo qué tipo de obesidad tiene cada paciente, sino cuál es el mejor tratamiento. Esta es sus conclusiones.

1. El cerebro hambriento

Son personas cuyo cerebro necesita muchas más calorías de lo normal para sentirse saciado. El problema está en los receptores de leptina, la hormona que avisa de que ya hay suficiente energía almacenada. Es como tener el termostato estropeado: aunque el depósito esté lleno, el indicador sigue marcando vacío. Para ellas, los fármacos como la semaglutida que 'hackean' los centros del apetito en el cerebro suelen funcionar especialmente bien. 

2. El intestino hambriento

Aquí, el problema es la velocidad. El estómago se vacía demasiado rápido o las hormonas intestinales que avisan de la saciedad se degradan antes de tiempo. Así que vuelven a tener hambre dos horas después de comer. Son los que picotean constantemente no por ansiedad, sino porque su cuerpo les está pidiendo comida de verdad. Los medicamentos como la tirzepatida, que ralentizan el vaciado gástrico son especialmente efectivos en este grupo.

3. El hambre emocional

Comer por ansiedad, por aburrimiento, por tristeza. El gatillo no es fisiológico, sino psicológico, pero las consecuencias en la báscula son las mismas. Para ellos, cualquiera de los nuevos fármacos puede ayudar a romper el ciclo al reducir el impulso físico, pero los especialistas insisten en que necesitan apoyo psicológico paralelo.

4. El metabolismo lento

Son los que engordan 'mirando la comida'. Su cuerpo quema calorías más despacio de lo normal, ya sea por genética, por problemas de tiroides no diagnosticados o por años de dietas yoyó. En estos casos, es probable que haya que esperar a los tratamientos que activan también el gasto energético.

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