La otra amenaza del estrecho de Ormuz: la invasión biológica
Cinco meses de bloqueo han dejado inmovilizados 1500 barcos en el golfo Pérsico desde el 28 de febrero. En este tiempo sus cascos se han cubierto de algas, percebes y moluscos. Ahora un grupo de científicos advierte de sus consecuencias ecológicas cuando se reanude el tráfico marítimo.
Daniel Méndez
«Si tuvieses que diseñar el peor de los escenarios, no sé si lo harías distinto. Es la tormenta perfecta». Mario Tamburri, investigador del Centro ... de Ciencia Ambiental de la Universidad de Maryland (EE.UU.) mira con preocupación lo que ocurre en el estrecho de Ormuz, cuyo cierre mantiene inmovilizados a unos 1500 barcos en el golfo Pérsico desde el 28 de febrero. Por Ormuz pasa en torno al 13 por ciento de todo el comercio marítimo mundial medido en volumen, además del 21 por ciento del petróleo consumido en el planeta. Pero hay algo más. Una catástrofe ecológica podría estar gestándose bajo la línea de flotación de los barcos.
Así lo recoge un informe titulado El cierre del estrecho de Ormuz podría desencadenar un episodio superdispersor de bioinvasiones, publicado en julio en la revista científica BIological Invasions y firmado por el propio Tamburri junto a más de 20 colegas de distintas instituciones.
Los cascos sumergidos de las embarcaciones tienden a cubrirse de vida: en su superficie se acumulan microbios, algas e invertebrados. Es lo que los científicos llaman biofouling. Para evitarlo, las naves se cubren con pinturas antiincrustantes. Pero su eficacia depende del movimiento del barco: la fricción del agua ayuda a liberar los biocidas y permite que se desprendan la capa superficial de la pintura y, con ella, los animales o vegetales que tratan de establecerse sobre ella. Si el barco se detiene, la pintura antiincrustante pierde eficacia.
Puertos como Algeciras, a donde llegarán estos barcos, tienen ya ecosistemas debilitados, terreno perfecto para especies oportunistas y de crecimiento rápido, que desplazan a las nativas
Primero se instala entonces una fina película de microorganis-mos; luego llegan algas, gusanos, mejillones o percebes. Se fijan al casco y se reproducen. Y el golfo Pérsico ofrece las condiciones ideales para todo ello: agua cálida y seis meses (primavera y verano) en los que muchos invertebrados y algas viven en fase reproductiva. Un solo adulto del percebe Amphibalanus improvisus, por ejemplo, puede liberar hasta 36 larvas al día a 30 grados. Los investigadores calculan que una sola embarcación podría haber liberado millones de larvas durante este periodo de inmovilización. En superficies inmóviles, el biofouling inicia una fase de crecimiento rápido en 10 días. En condiciones normales, un carguero pasa menos de dos días en puerto. El cierre del estrecho de Ormuz ha hecho que muchas de estas embarcaciones lleven más de cinco meses detenidas en el golfo Pérsico y el golfo de Omán.
El problema llegará cuando se reanude el tráfico. El estudio analiza la red a la que se reincorporarán esos barcos: 3517 puertos y fondeaderos de todo el mundo. Los autores señalan como especialmente sensibles los primeros puertos de escala con ambientes similares a los del golfo. Hacia el este citan Yeda (en Arabia Saudita), Bombay, Colombo (en Sri Lanka) y Singapur; hacia el oeste, Alejandría, El Pireo, Róterdam y Algeciras.
Se trata de puertos industriales cuyos ecosistemas se encuentran ya debilitados. Terreno perfecto para especies oportunistas y de crecimiento rápido, que pueden desplazar a las nativas. Es posible también que lleguen parásitos y patógenos capaces de provocar epidemias en las especies locales.
«En muchos sentidos, es como hacer un seguimiento de la gripe o la Covid. Hay que estar preparado, detectarlo pronto y, si aparece algo, actuar inmediatamente», explica Mario Tamburri.