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PATENTE DE CORSO

El dominico y el jesuita

Arturo Pérez-Reverte

Arturo Pérez-Reverte

Hay amigos de los que estás orgulloso. Personas sobre las que, cuando tienes una edad que permite hacer inventario de cuanto llevas en la mochila, ... puedes decir. Algo bueno debí de tener cuando éste o aquélla me tuvieron afecto o me llamaron amigo . Echándole hoy un vistazo al Oráculo Manual y arte de prudencia de Gracián -incomprensible que no sea de lectura y debate obligatorios en los colegios-, al que suelo acudir como otros recurren a los analgésicos, he recordado a dos de esos amigos. O a tres. Alberto Montaner, Pepe Perona y Sergio Zamorano. Sergio era joven y guapo. ojos azules, pelo negro, alto y elegante. A las mujeres se les doblaban las rodillas cuando sonreía. Era profesor de derecho mercantil en la universidad de Sevilla, y siempre empezaba el curso con el primer capítulo de El conde de Montecristo. Pepe Perona era catedrático de gramática histórica. Alberto Montaner, catedrático de filología española y autor de la extraordinaria edición anotada del Cantar del Cid. De ellos, Pepe y Sergio están muertos; pero hace quince años estábamos sentados los cuatro en torno a una mesa del café Gijón. Lo recuerdo muy bien, pues desde entonces pienso en ellos, en aquel momento formidable que su amistad me deparó, cada vez que leo, en Gracián. Sea el amigable trato escuela de erudición, y la conversación, enseñanza culta; un hacer de los amigos maestros Singular grandeza es servirse de sabios .

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El dominico y el jesuita

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