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PATENTE DE CORSO

El profesor vencido

Arturo Pérez-Reverte

Arturo Pérez-Reverte

Me gustaría, dice el profesor cuando se quita la mascarilla y se lleva la cerveza a los labios, hacer eso que tú dices, Reverte: vivir en España como si fueras un inglés en Marruecos. Te juro que lo intento cada día, añade, pero no lo consigo. Me duele demasiado, como a ti, y el dolor se filtra por los resquicios de la coraza. Sufro por mis chicos, compréndelo. Sé que no es su culpa, aunque pronto también ellos serán culpables de sus vidas chatas y miserables. Al final, como tú mismo dices, casi cada cual termina mereciendo lo que es, aunque sean otros quienes lo hayan convertido en eso. Incluso acaba teniendo la cara y el aspecto que le corresponde.

Estoy cansado de luchar, ¿comprendes? La nueva reforma educativa es la puntilla final, el descabello. Es ya el colmo del cinismo pseudopedagógico y de la palabrería vana del mismo equipo ideológico que vomitó la LOGSE y empezó el desguace de la educación en España. Transversales, dicen estos hijos de puta. Los conocimientos han de ser transversales. Por supuesto, la cultura clásica sí aparece, o aparenta hacerlo; pero diluida en una larguísima lista de optativas nacidas en la entrepierna de las consejerías correspondientes. Que mira tú quién las maneja. Escucha lo que te digo. En mi centro de 1200 alumnos, ni uno sólo estudia griego. Son analfabetos sensu stricto. En cuanto al latín, apenas hay 25 en bachillerato y 40 en la ESO. En mi ciudad, capital autonómica, llevamos doce años sin oposiciones para profesores de latín o griego, y los que seguimos en la brecha pasamos de los 50. A medida que nos jubilamos, las plazas no se cubren. La nación que dio tres emperadores a Roma, que alumbró a Séneca, Lucano, Marcial, Quintiliano e Isidoro de Sevilla desdeña el latín hasta amenazar su continuidad. En la patria que alumbró la Escuela de Traductores de Toledo y ayudó a difundir por la Europa culta los textos llegados de Alejandría, el griego deja de existir. Muy pronto, en esta España embrutecida nadie sabrá ver las reminiscencias virgilianas en Cervantes, la huella de Horacio en Manrique o Neruda, ni los referentes clásicos que, por instinto y formación, unos pocos escritores aún utilizáis de modo suicida en vuestras obras. Como tú mismo has recordado y escrito, nox atra cava circumvolat umbra. Arde Troya a nuestra espalda y ni siquiera sabemos ya qué significa eso.

Pídeme otra cerveza, por favor, que tengo la boca y el alma secas. Llevo 30 años en la enseñanza y con amargura compruebo que me ... equivoqué de ilusiones y oficio. A mis alumnos les importa un carajo quiénes fueron Ovidio, Homero y Sófocles. Y no los culpo. Mientras les llega el momento de convertirse también en verdugos, sólo son víctimas. Les hemos robado la educación. Y lo que es peor, les hemos robado incluso la necesidad de tenerla. El sentimiento de echarla de menos.

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