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PATENTE DE CORSO

La virtud del cerdo ibérico

Arturo Pérez-Reverte

Arturo Pérez-Reverte

No me gustan los entusiasmos advenedizos. Desconfío del converso que se cree en la obligación de comunicar al mundo el descubrimiento recién digerido -o ... todavía sin digerir-, que acaba de tumbarlo del caballo en el camino de Damasco. Menos todavía me gustan quienes, suponiendo en el prójimo su propia y fresca ignorancia, dan por supuesto que, sin ellos, la Humanidad desconocería determinadas maravillas o prodigios; sin considerar que tal vez el resto de la peña, o parte notoria de ésta, puede tener desde hace tiempo una extrema familiaridad con esos asuntos. Dicho en simple, es como si un turista recién llegado diera la brasa pregonando, a quienes pasaron la vida en la barra de una buena tasca extremeña, las virtudes del cerdo ibérico.

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