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PATENTE DE CORSO

La muchacha y el pintor

Arturo Pérez-Reverte

Arturo Pérez-Reverte

Debió de ocurrir por el año cincuenta y tantos. Tengo un recuerdo preciso pero ingenuo de aquello, así que supongo debía de tener yo, ... entonces, siete u ocho años. Era sábado o día de vacaciones, porque no había ido al colegio y estaba tumbado en la hierba del jardín, a la sombra de un árbol, leyendo tebeos de la editorial Novaro Roy Rogers, Hopalong Cassidy, Gene Autry o uno de ésos. Era por la mañana, pues la luz del sol iluminaba los cipreses de la entrada, la cerca exterior y la puerta. Había alguien trabajando allí. un hombre joven, aunque a mí me parecía mayor, que pintaba la puerta de verde. Me fijaba en él porque al llegar, antes de empuñar la brocha, se había acercado a decirme algo que no recuerdo sobre los tebeos. Era moreno, con la camisa manchada de pintura y remangada por encima de los codos. Me pareció simpático.

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La muchacha y el pintor

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