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Patente de corso

Una historia de Europa (XXIX)

Arturo Pérez-Reverte

[En el capítulo anterior...] ... Tan hábil juego de manos iba a abrir un debate de casi veinte siglos; pero de momento permitiría a ... emperadores, reyes medievales, monarcas cristianísimos y cuantos dirigentes vinieron luego, declararse con legitimación divina (por la gracia de Dios) en el ejercicio del poder. Y también, de paso, a los jerarcas de la Iglesia cristiana convertirse en intermediarios, cómplices y hasta propietarios del poder terrenal. Así que, imagino, allá en el Cielo, sentado a la derecha del padre, a Jesucristo tenían que estársele poniendo unos ojos como platos. Para esto –pensaría, desilusionado– baja uno a la tierra y permite que lo crucifiquen esos cabrones.

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Una historia de Europa (XXIX)

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