Reinos de humo
Contar cabezas
Las vacaciones son el símbolo sagrado del progreso. Pase lo que pase, no se perdonan. Sin ellas sería como volver a antes de 1931, cuando ... la República aprobó los días pagados para todo quisque. Como los precios engordan rápido como los pollos de granja y los sueldos lento como los bogavantes, no hay otra que elegir. Preferimos viajar que comer. No es que nos quedemos en ayunas, no, pero el restaurante se está volviendo secundario. En los hoteles, menos días de estancia y una estrella por debajo. En la hostelería… salir poco y consumir menos. Del restaurante gastro a las tapas o al menú, de ahí a la comida rápida o al apaño en el apartamento o, incluso, a 'comer de supermercado', lo más nuevo. Vuelve el bocadillo, dicen.
Los números que solo cuentan cabezas son una trampa. ¿Batimos el récord de millones de turistas? Es el autoengaño del éxito por volumen
Los restauranteros andan alarmados. El turismo no parece aflojar cuantitativamente, pero el viajero nacional muta y se encoge. Los números que solo cuentan cabezas son una trampa. ¿Batimos el récord de millones de turistas? Es el autoengaño del éxito por volumen. Millones de personas que saturan el espacio urbano y los servicios públicos, pero que no generan riqueza en esos pueblos y ciudades que antaño vivían de hacer el agosto. ¿Y cómo se le pone el cascabel al gato?
En Francia también les pasa. Leo que los del Loira andan desesperados. Dice una restaurantera de Tours que «el estatus ahora es hacer el viaje y subir la foto». Las previsiones macroeconómicas a esas alturas de la temporada siguen siendo positivas, con crecimiento del 2,5 por ciento del PIB turístico, pero todos los empresarios del sector que conozco me dicen otra cosa. ¿Será casualidad o que les doy mala suerte?