Reinos de humo
El jamón y la posteridad
El hombre, ese animal consciente como ningún otro de su propia finitud, lleva milenios tratando de driblar a la muerte creando paraísos en el más allá o dejando huellas indelebles de su paso por el más acá en busca de un sentido para su vida.
Un cerdo, animal de prodigiosa inteligencia, mayor que la de los perros, también se lo busca a su manera. No afirmo que los cutos aspiren ... al cielo de los cochinos, pero seguro que la comida buena y los paseos por la dehesa de unos pocos privilegiados son mucho más reconfortantes que los meses sin sol de sus primos. Llegado el día de verle los ojos al matarife, mejor si se ha podido disfrutar antes, digo yo.
De haber nacido porcino de piernas estilizadas, este servidor se hubiera enrolado en las piaras más finas de los hermanos Carrasco
De haber nacido porcino de piernas estilizadas, este servidor se hubiera enrolado en las piaras más finas de los hermanos Carrasco, sin duda. Allí vives bien y el reconocimiento a tu existencia te llega seguro, aunque sea después de muerto, como a Van Gogh. Te cuidan de vivo y de finado y, convertido ya en jamón de primera, te muestran respeto y te desean. Si el momento de abrirte la caja por última vez se convierte en un rito y preludia la fiesta… ¿qué más se le puede pedir a una vida porcuna?
Enero es un mes que se va volviendo perro con el paso de las semanas y les confieso que no sé qué sería de mí sin el jamón, aunque a estas alturas la pierna tenga ya más concomitancias con una ortopedia que con una revista de variedades. Ese final de la maza cercano al hueso, aún jugoso, dulce y salado a un tiempo, representa la última conexión con la vida buena que tuvimos en diciembre.