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Reinos de humo

Blanco

Benjamín Lana

El blanco es de una pureza y una profundidad sorprendentes. Los sarmientos muertos y congelados ofrecen un paisaje más propio de los sueños o los cuentos. Solo hace falta que enero se ponga serio, como hace setenta años, y encadene una helada sobre otra y otra durante tres días para que el blanco adquiera esa plasticidad inigualable. El campo congelado transmite una fuerza descomunal y recoloca en su sitio a los sapiens de ciudad acostumbrados a ser el epicentro de su universo urbano.

Hay generaciones en esta parte del planeta que no han conocido el frío como circunstancia vital ineludible, como tiempo de sufrimiento real. Hace ya un tiempo que al frío se va a solo a divertirse

A solo unos pasos de la cuneta, poco más allá del asiento calefactado del todoterreno, gobierna ya el rey invierno, el monarca absoluto que en estas tierras de la Ribera del Duero cabalga a sus anchas hasta marzo. El paisaje es tan bello como monótono, roto alguna mañana por los colores de una cuadrilla de podadores que camina lento sobre el suelo pétreo dejando las cepas listas para cuando regrese la savia. Podar a menos cuatro grados no es el trabajo más fácil del mundo. Hay generaciones en esta parte del planeta que no han conocido el frío como circunstancia vital ineludible, como tiempo de sufrimiento real. Hace ya un tiempo que al frío se va a solo a divertirse.

Los viñedos que circundan Pesquera de Duero, Peñafiel, Pedrosa y otros lugares de peregrinaje para los amantes del vino están quietos y casi inertes en estos días sin turistas ni tractores. Son pocos los que conducen o caminan sin un propósito realmente necesario. Los que se atreven y llegan a Dehesa de los Canónigos, como nosotros, o a otras de las bodegas de la zona, encuentran un «buenos días» pronunciado con acogedora franqueza. Y seguro viandas y una de esas botellas que va conquistando el tiempo con tiempo.

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