Volver

Reinos de humo

De la vaca, hasta los andares

Benjamín Lana

Hace dos décadas que comí por primera vez una cecina que podía competir en sabor con muchos jamones. Eran primeras pruebas que hacía el desaparecido Ceferino Trabadelo, uno de los grandes compradores y distribuidores de carne de vacuno mayor que tuvo este país, y de los primeros en entender la revolución que se venía en las parrillas. Partimos del hecho de que, más allá del lomo, las vacas tienen caderas, piernas y un sinfín de cortes de carne y hueso muy valiosas que hasta hace no tanto acababan vendiéndose de cualquier manera.

Trabadelo entendió entonces que con las piernas de las vacas que traía de los mejores mataderos de Alemania, las 'Marilyn Monroe del vacuno', se podía hacer algo grande

Trabadelo, un hombre nacido en el pequeño pueblo asturiano de Grandas de Salime, con visión aguda como pocos, ya entendió entonces que con las piernas ... de las vacas que traía de los mejores mataderos de Alemania, las 'Marilyn Monroe del vacuno', se podía hacer algo grande. Hoy me he tomado otra cecina que hacen los chicos de Discarlux, que algo saben de carne –y de Ceferino–, y me he acordado de aquellas sorprendentes lonchas.

Contenido exclusivo para suscriptores
La Voz
Suscríbete
para seguir leyendo
Lee sin límites toda la información, recibe newsletters exclusivas, accede a descuentos en las mejores marcas y muchas más ventajas

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error

[]

De la vaca, hasta los andares

[]

De la vaca, hasta los andares