Reinos de humo
Desalcoholizado
No son tiempos para andar reivindicando el lado salvaje de la vida. Con el ansia de prohibir que se ha instaurado en este país, no hay escritor, cantautor ni ganadero que ande por la calle sin que le digan que ojo. Yo llevo un tiempo intentando acostumbrarme a la gastronomía fina que tanto disfruto 'maridada' o 'esposada' con el consumo de fermentados por debajo del volumen de alcohol que la naturaleza dicta; ya saben, según las levaduras autóctonas y el sol del terroir, entre 12 y 15 grados.
No digo yo que el sin alcohol esté malo si el vino es bueno, que conste, pero pierde suavidad, alma, glicerina, grasa en boca, y de la nariz ni hablemos
Voy a restaurantes y me pido el menú no alcohólico y me calzo veinte platillos hidratados con zumos, infusiones y kombuchas. La última vez que ... me tuve que arrepentir a la mitad fue en Copenhague. ¿Nos podemos pasar al vino de toda la vida? También me he trabajado un poco lo más sofisticado: los vinos desalcoholizados que, tecnología de laboratorio mediante, te ponen en una copa de la Romanée-Conti apto para niños y en la otra el alcohol que le han extraído, suficiente para incendiar una barricada. Mira que lo intento.
La semana pasada, la última vez en el Disfrutar de Barcelona, ese lugar único en que lo cuidan todo más que en el cielo, me dejaron por tercera vez probar en sendos cálices el mismo vino, tal y como salió de la bodega y después de quitarle el alcohol, digo el alma, y me volvió a pasar. Para evitar traumatizarme, terminé bebiéndome dos copitas de mezcal arroqueño. No digo yo que el sin alcohol esté malo si el vino es bueno, que conste, pero pierde suavidad, alma, glicerina, grasa en boca, y de la nariz ni hablemos. Lo intento, de veras, con afición. Si consigo que me haga feliz alguna vez, se lo cuento.